La columna amarilla (tercera epcoca)

El estímulo

Si uno escucha al canciller argentino Taiana hablando de Uruguay, quizás se asombre de la persistencia del cinismo imbécil en medio de la complejidad de la conducta humana.

Este hombre, bocón del primer muñeco que quiere reelección, ha dicho que su país no podría autorizar a Uruguay a firmar un tratado comercial con Estados Unidos porque el Mercosur incluye normas que no lo permiten. Todos, incluido Taiana, saben que eso es, si se lo califica piadosamente, un sofisma barato.

Pero esta gansada tuvo el efecto de un disparador.

El mismo día, durante una entrevista, el ministro Astori juzgó con claridad y precisión inusuales al Mercosur, definiendo con certeza penetrante la responsabilidad que en su virtual dilución ha tenido la dañina conducta bilateral de Argentina y Brasil.

Entonces, ¿Taiana causó en Astori un efecto saludable?

¿Raro? No. Leyendo las conclusiones  aún vigentes- de un viejo estudio de los doctores Hebb y Lilly, del Nacional Institute of Healt de Washington, me enteré que si se separa al hombre de estímulos externos fuertes se crea el «medio ambiente limitado» y suceden cosas extrañas, desagradables. O sea que esos estímulos externos se requieren para mantener nuestra cordura. ¡Grande, Taiana, serviste para algo! Por tu estímulo Astori no se vuelve loco y piensa cada día mejor. Basta ver que está a un pasito de convencerse de que, con el Mercosur, hay que hacer la de Chile.

Aunque, claro, ahora que lo pienso: ¿y si Taiana sigue dando manija y se pasa de rosca? Qué lío. Porque Hebb y Lilly, lo revisé, nada dicen del exceso de estímulos fuertes.

Bueno, por las dudas, y llegado el caso, habrá que echar mano de un recurso usado por el etólogo español Delgado, que, aplicando ondas radiales teledirigidas, detuvo a toros en el curso de estampidas desenfrenadas. Ojo, no los para así nomás, los clava de cuernos en la arena y los deja quietitos.

¿Se imaginan a Taiana estampado con la frente en las baldosas de la Plaza de Mayo, a los pies de Chirolita? Ah, qué disfrute. *

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