PEDRO Y SU PAREJA, PEDRO, ELIGIERON EL LUGAR CUANDO IBAN A LAVAR ROPA AL RIO

Un uruguayo fundador de la Villa Gay en la Argentina quiere convertirla en primera ciudad 100 % homosexual

Se trata de un asentamiento que hoy cuenta con casi 200 almas y que aspira a convertirse en Aldea Gay, si es que algún día logran alcanzar el sueño de una vivienda en mejores condiciones que las actuales. Y si consiguen alejar el fantasma del desalojo, actualizado en los últimos tiempos por la presencia de las temidas topadoras. El emplazamiento fue elegido hacia fines del 88 por una pareja de veinteañeros, Pedro y Pedro, que lo recorrían todos los días, cuando iban a lavar ropa al río. Según varios reportes de la prensa argentina recogidos por LA REPUBLICA, los fundadores siguen viviendo en la Villa Gay, a pesar de haber sufrido tres incendios intencionales, que arrasaron no solamente sus casas sino también sus pertenencias, además del cruel asesinato de todos sus animales domésticos. Pedro pasó la mitad de su vida intentando edificar una aldea donde gays, travestis y heterosexuales pudieran vivir en paz con sus familias sin sufrir discriminación. Su sueño le costó alegrías y tremendos sinsabores; sin embargo dice no estar dispuesto a darse por vencido. «Nos llenan el lugar de topadoras; nos meten tierra por todas partes, pero aunque intenten obstruirnos los accesos, nosotros vamos a seguir resistiendo, y de manera civilizada, a través de nuestra cooperativa de vivienda», sostiene Pedro, uruguayo, uno de los cuatro extranjeros residentes en la Villa Gay y uno de sus fundadores. «Tres veces nos quemaron el rancho a Pedro -su pareja- y a mí. Siempre fue la policía. La primera vez murieron nuestros doce perros, que quedaron atrapados en el humo y no pudieron salir», denuncia indignado. Recuerda que «la idea de fundar esta villa fue una especie de desafío a monseñor Antonio Quarracino, cuando dijo que los gays teníamos que irnos todos a vivir en una isla. Esta es nuestra isla. Salimos todos juntos del Obelisco y aquí plantamos nuestra bandera».

Sin embargo, a pesar del egoísmo y de la intolerancia a la que deben hacer frente, las víctimas de estos incendios lograron edificar nuevamente sus precarias casas y continuar bregando por un futuro más esperanzador. La villa, que se extendió siempre mirando al río y dando la espalda a la urbe que la discrimina, es habitada hoy no solamente por parejas gays, sino también por una importante cantidad de gente sola y de familias con chicos. El elemento aglutinante es la libertad y el respeto por los derechos y preferencias de cada persona.

El último censo realizado en el asentamiento en octubre de 2003, a cargo de un grupo de estudiantes de Ciencias Sociales y de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires señala que la población de la Villa Gay asciende a 195 habitantes, de los cuales 118 son varones y 77 mujeres.

 

Los cirujas frente a la marginación

Si bien entre la población hay albañiles, electricistas, mozos, cocineros, torneros, auxiliares de enfermería, plomeros, peones, mecánicos, textiles y hasta un carnicero, la mayoría se dedica al «cirujeo» -recolección de papeles y cartones-, situación favorecida no sólo por la falta de empleo que reina en la Argentina de hoy, sino también por las escasas posibilidades de capacitación. Algo perfectamente comprensible si se tiene en cuenta que para arrimar unos pesos en el cartoneo es preciso estar en la calle gran cantidad de horas.

El censo efectuado en la Villa Gay permite saber que la mayor parte de sus habitantes solamente tiene instrucción primaria y muchos de ellos no han completado ese nivel.

En este cuadro de situación, los vecinos ven caer sobre sí la pesadilla de la discriminación, que ni siquiera les permite llevar un plato de comida a su casa. Su precario trabajo se ve dificultado actualmente a raíz de las medidas ordenadas en los últimos meses -según denuncian los habitantes de la aldea- por el intendente de la Ciudad Universitaria, Mario Boscoboinik, quien dispuso que se coloquen montañas de tierra y escombros obstruyendo los accesos al asentamiento. Más allá de estas medidas, y atentando ya contra todo derecho humano, por orden del mencionado intendente las topadoras cubrieron con escombros la única canilla de que disponían los habitantes de la aldea.

Frente a esta situación, muchos de ellos, cuando no pueden procurarse agua potable, se ven obligados a usar el agua contaminada del Río de la Plata, con el riesgo sanitario que implica. Frente a esta situación, la gente de la villa se organiza con el apoyo de estudiantes, de militantes GLTTB como Marlene Wayar y de diputados como José Roselli.

Pero a pesar de todas estas dificultades la Villa Gay sigue de pie, con sus banderas argentinas ondeando en cada casa, proyectando un futuro mejor a través de una cooperativa de vivienda y recibiendo cada fin de semana a muchos pescadores que, junto con sus familias, buscan despegarse por un rato de las miserias de la gran ciudad, y eligen los alrededores de la villa para recalar.

El predio en sí es parte de los terrenos de la Ciudad Universitaria, lo cual explica los constantes embates por parte de las autoridades de esa casa de altos estudios para sacar a los ocupantes de la villa. Topadoras amenazantes, montículos de tierra para cerrar los accesos a su interior y hasta ataques concretos hacia las precarias viviendas y sus ocupantes han sido recurrentemente denunciados por quienes allí viven, quienes incluso señalaron que distintas fuerzas de seguridad concurren al lugar con amenazas concretas.

 

Cansados y sin esperanza

Entre los datos que completan el perfil de los habitantes, llama la atención que sólo dos de ellos reciben algún tipo de subsidio por parte del Estado. «No es fácil la situación que viven. Están faltos de esperanza, les cuesta creer que algo bueno pueda llegar a concretarse.

Están cansados del desarraigo, de que los obliguen a ir de acá para allá, de que los pongan en un hotel por seis meses para destruirles las casas para, transcurrido ese lapso, verse nuevamente en la calle», puntualiza Marlene Wayar, integrante de la agrupación Futuro Transgenérico, y una de las militantes GLTTB que más está haciendo en la actualidad por la continuidad de la Villa Gay.

La activista transgénero, que actualmente trabaja en el despacho del diputado nacional José Roselli, señala que además de los problemas habitacionales, el principal drama de los vecinos de la Villa Gay es el de los abusos policiales. «Recibimos ya varias denuncias de los habitantes de la aldea por vejaciones y abusos por parte de la policía», cuenta Marlene. *

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