EN LAS INMEDIACIONES DEL VIEJO MERCADO AGRICOLA

El reino de la pasta base

El entorno de esta zona montevideana que se ha venido deteriorando con el tiempo, se completa además, con un aumento notorio de la prostitución, en algunos casos ejercida por menores de edad, y problemas de seguridad de toda índole derivados del consumo de drogas, como marihuana, inhalación de cemento y la maldita pasta base. Las nueve manzanas comprendidas por las calles Libres, Porongos, Isidoro de María y la Avenida General Flores, son el escenario de transacciones realizadas muchas veces a plena luz del día, y que tienen que ver con la compra-venta de drogas, fundamentalmente pasta base, aunque también es posible acceder a cualquier tipo de producto de dudosa procedencia. El epicentro de este microcosmos, es el viejo Mercado Agrícola, y el punto más álgido de la zona, se ubica en la calle Libres, entre Ramón del Valle Inclán -ex Guaviyú-, y Porongos. En esa cuadra, verdadero «fuerte apache», pasa y ocurre de todo, menos la entrada de móviles de la comisaría 6a., que para ingresar al lugar debe hacerlo junto a la guardia de choque. En una de las aceras, se levanta el casi abandonado edificio de una fábrica de licores; enfrente, el submundo más fétido e incontrolable, en donde conviven en una suerte de antiguos corralones, familias enteras compuestas por jóvenes madres consumidoras precoces de pasta base, niños en edad escolar que no concurren a la escuela, marginales de todas las edades, individuos con profusos antecedentes penales, algunos de los cuales acaban de ser liberados, otros que están por volver a la cárcel por un tiempito, delincuentes en fuga por una noche, traficantes, reducidores, prostitutas enfermas y consumidores de toda suerte de drogas. Hace algunas semanas se produjo allí mismo un tiroteo que acabó con la muerte de un malviviente, en un aparente ajuste de cuentas. No es sin embargo, esa muerte, ese desenlace trágico, lo que nos ocupa en esta crónica.

 

Una zona en decadencia

Jueves a la noche, un taxi de la empresa Celeritas estaciona con el motor en marcha por la calle Porongos a unos metros de la esquina con Libres. Una joven mujer con un niño pequeño en brazos se queda en el coche, sentada en el asiento trasero, mientras su acompañante, un hombre joven también, desciende con rapidez y encamina sus pasos hacia uno de los portalones de la cuadra comprendida entre las mencionadas Porongos y Valle Inclán. Unos breves minutos después, se oyen gritos y discusiones, y el joven llega corriendo al taxi, que se pone en marcha inmediatamente mientras suena un estampido. Un vecino de 70 años, jubilado de la industria textil, quien pidió mantener el anonimato, y que vive en el barrio desde 1955, expresa con desazón, «esto es cosa de todos los días, paran los taxis y bajan a comprar la pasta base, a cualquier hora, a veces terminan mal porque todos los que vienen generalmente tienen cuenta abierta y algunos no pagan en fecha». En esa precisa esquina -Libres y Porongos- estuvieron hace dos meses, autoridades municipales y del Ministerio de Vivienda, involucradas en el Plan Goes, observando la derruida construcción existente en ese predio, que era constantemente invadida y ocupada temporalmente por las mismas personas que pululan el día entero en estas inmediaciones. De resultas de aquella visita, se derribaron los muros, lo que no fue solución para el problema ni aparejó mejora estética alguna para la esquina. Ahora, las escasas construcciones del terreno baldío están en «uso» permanentemente, para toda clase de fines y hasta se han levantado tolderías y un pequeño ranchito, sobre la acera de Libres. Allí viven y conviven ocasionalmente, entre hombres y adolescentes, mujeres que a toda hora del día deambulan por General Flores, entre la vieja estación Goes y las facultades, que sólo aspiran a conseguir algún peso que les permita adquirir más pasta base. Es también, Libres y Porongos, la primera esquina de «los campanas» -la segunda en importancia es la de Valle Inclán-, en donde a toda hora se los puede ver, prestando atención al movimiento vehicular, listos para dar aviso. En varias ocasiones esta función también es cumplida por mujeres. No es fácil para los vecinos que aún no han emigrado del barrio, convivir con esta realidad; todos desean ansiosos que algún día sean erradicados los focos de delincuencia y las bocas de distribución reconocidas e identificadas desde hace bastante tiempo.

El vecino jubilado consultado, hace referencia «a la costumbre de la ilegalidad» que se ha instalado en la zona; «por acá lo único legal es el kilombo de Libres», dice con amargura. Por la calle Porongos, está la Escuela y Taller Don Orione, la parroquia de la Divina Providencia, y el Colegio San José; una cuadra más lejos la sede y el gimnasio del Club Montevideo de Basquetbol, que también ha sufrido las consecuencias del deterioro social del barrio. Es que en el «reino de la pasta base» sólo cuentan las leyes y las normas de los cortesanos, y por supuesto de los «reyes». *

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