La Funsa y Villa Española
La vieja fábrica Funsa volvió para quedarse. Porque cuando la clase obrera mete fuerza y coraje ¡no hay con que darle! No es inesperado este renacer de la Funsa ¿qué otra cosa podía esperarse de un gremio que tuvo héroes como León Duarte? Y con la añeja fábrica también renace un barrio de leyenda, la querida Villa Española. Nos llegan los vientos de historias antiguas, anécdotas esquineras y míticos personajes. Barrio de metedores gallegos que llenaron de pasión y recia ternura esta nueva tierra. Entre esos gaitas devotos de Santiago El Apóstol se entreveraron unos vascos grandotes de espíritu libertario que desde los tradicionales tambos del barrio te servían ricos vasos de leche con espumita.
De la entrañable Villa y sus pequeñas quintas salían los gallegos con sus jardineras repletas de verduras para repartir por todos los barrios del viejo Montevideo. Por esos tiempos nació el llamado Campo Español con panderetas, guitarras y romerías al compás de nerviosas castañuelas. Jotas y pasodobles en domingueras fiestas donde esos inmigrantes rendían culto a los duendes de las añoranzas y «lembranzas».
La vida les cobraba su peaje de sudor y trabajo pero los vecinos no aflojaban y muy juntos metían pechera. Los montevideanos comenzaron a acercarse a ese barrio y se afincaron en ese ambiente de tambos, quintas y romerías. Las sangres se mezclaron en juveniles amoríos y surgieron nuevas familias. Puentes entre distintas culturas que codo a codo «yugaban» duro y parejo. Con el bravísimo Puerto Rico ahí cerquita, la Villa se ganó la fama de gente que no arrugaba. La guapeza del diario laburo muchas veces le ganó la cuereada a los compadritos y malandras que se atrevían a desafiar a esos vecinos y ¡agarrate cuando la gallegada se les subía al balero! Los pibes que vendían diarios fundaron el Villa Española Boxing Club y con los años apareció el gran Alfredo Evangelista que enfrentó con guapeza al fabuloso Mohamed Alí. La Villa, flor de barrio obrero, ¿no me creés? ¡andá y preguntale a todas las familias que trabajaron en el matadero El Progreso de los primeros hermanos Cristiani! Y latiendo en el cuore proletario desde los años 30 está la Funsa. Aquella que en sus inicios mostraba a unos tipos muy rubios, siempre de túnica y corbata de moñita, paseándose entre los operarios para controlar las máquinas. Obreros que no bajaban la cabeza ante la prepotencia de patronales autoritarias y despóticas. Heroicas huelgas con todo el barrio apoyándolos en la olla popular y hasta los «matarifes» de la zona les arrimaban por encima de los muros grandes pedazos de carne. Y cuando hubo que enfrentar al golpe de Estado militar también la Funsa en primera línea enfrentando al fascismo. Parece que fue ayer cuando el futbolero Centenario jugaba en la B, parece ayer nomás que sonaban las romerías del Campo Español. Y parece tan cerca cuando conocimos a Samuel Puchot, laburante de la Funsa y luego con el nombre de Alvarado fue estrella de los Lecuona Cuban Boys. Las leyendas renacieron porque renació la Funsa y toda la Villa Española.
Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE.
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