La herencia
Qué noticia.
La apelación fue desestimada. A Uruguay no le queda otra que pagar ciento cuarenta millones de dólares a los ex socios privados del viejo Banco Comercial. Sí, esos mismos de quienes el ex presidente Batlle dijo que debían ir a la cárcel.
Qué herencia.
Estos últimos años del doctor Batlle despiertan curiosidad. Ha sintetizado en ellos virtualmente todas las oportunidades que la vida reserva para que las cosas salgan al revés de cómo uno las plantea. Por desgracia, las consecuencias nos siguen cayendo encima.
Es el legado de una persona paradójica. O, mejor dicho, de dos personalidades condensadas en un hombre. A tal punto es así, que en dos viejos versos de Celedonio Flores podría uno, con cierta audacia y también con espíritu piadoso, lograr la pintura del resumen.
El primero lo exhibe en su soberbia inacabable: Un coso que las va de cara lisa/ recostao a un farol como al descuido,/ eligió de posturas la precisa/ pa’ engrupir de matón y de corrido. El segundo lo deja a la vista con el que parecería ser su segundo rostro: Y la bronca después: ¡Salí pa’ fuera!/ ¡Yo te voy a enseñar a’ tropellarme!/ En tres tiempos peló la fariñera/ mientras dice en voz baja: ¡Sujetarme!
Cuando el doctor Batlle abandonó el sillón magno hubo quienes -no tengo pudor en confesarlo- sentimos alivio. Creo que en esa sensación influyó la promesa que se le había escuchado acerca de retirarse de la vida política. Ahora, aterrados por sus insistentes apariciones, hay una duda corrosiva que puede exponerse en varias preguntas. ¿Lo dijo o no lo dijo? ¿Lo dijo en serio o en broma? ¿Acaso no le entendimos? ¿Cuándo lo dijo, era justo un 28 de diciembre?
Temiendo por nuevas consecuencias de su pasaje presidencial y frente a su pretendida resurrección, le sugiero, respetuosamente, leer otro verso de Cele: Si tuviera tiempo, si tuviera plata,/ me levantaría bien de madrugada,/ silbaría al perro que atento me aguarda,/ diría hasta luego a los de mi casa/ ¡y saldría alegre camino del campo! *
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