Los "mitos" de las jineteadas en el Prado
Tal vez no sean muchos los que saben que las jineteadas son una fiesta de paz, no en vano nacieron después que en el país se cerró el ciclo de las guerras civiles. Incluso en comparación con otras fiestas populares más promocionadas, como el Carnaval, que en Montevideo es organizado por la misma División municipal, la Semana Criolla es un ejemplo de solidaridad y compañerismo. Noventa jinetes que compiten entre sí, se ayudan constantemente, se asisten, y cuando a alguno le toca en suerte dar la codiciada Vuelta de Honor, son sus pares los primeros en saludarle con revolear de ponchos, o lanzando sombreros y aplaudiendo. Otras comparaciones, ni siquiera es necesario exponerlas en profundidad; por ejemplo, jineteadas y fútbol. Sólo para referirnos a la Semana Criolla del Prado, allí son incontables los paisanos que dentro y fuera del ruedo portan a la vista sus facones, y jamás hubo ningún incidente. Nadie lastimado, nadie herido por una refriega o en una disputa.
Menos en las tribunas. Imagine el lector cincuenta tipos con facones en la Amsterdam… Es que en la Criolla no predomina el espíritu inglés impuesto con el fútbol: ¡Todos contra todos! Que no es más que la encarnación del viejo axioma, «divide y reinarás». Cuando en estas tierras predominaban las corridas de toros, el público también era todo uno, como en las jineteadas, con el fútbol llegaron las hinchadas. No son muchos más los puntos de comparación entre las corridas de toros y las jineteadas, aunque éstas son, en las primeras décadas del siglo XX, en gran medida, herederas de las corridas y consecuencia de la prohibición definitiva de aquéllas. Muchas de las críticas que históricamente se le hacen a las jineteadas son casi las mismas que se levantaban contra el mundo taurino, en oportunidades, resultado de la hipocresía de una sociedad que acostumbra más a mirarse el ombligo que a cuestionarse honestamente. La propia catedral montevideana, orgullo de los uruguayos pudo ser construida con los dineros que se recaudaron gracias a las cuestionadas corridas de toros.
Domadores o jinetes
No son pocos los que confunden la Semana Criolla con la Rural del Prado, y entreverándose en los palenques, ignoran la diferencia entre domar y jinetear, y llaman domadores a los jinetes, lo mismo da, lo hacen a «lo bestia».
Por cierto que las jineteadas son un deporte de riesgo, pero tal vez no tanto como imaginan quienes no concurren. Hasta ayer, en el Prado, con 110 montas diarias, que sumarán cerca de 900 en la semana, no han habido lesionados de gravedad, salvo la fractura del floridense Folgar. Tampoco el supuesto castigo a los potros es tal -inclusive hoy está reglamentado el uso de espuelas- y los animales que participan en las jineteadas son criados y preparados para tales fines. Son muchas variables las que se vinculan con esta festividad tradicional que encuentra detractores entre quienes, a la hora de comer un sabroso asado se olvidan que un vacuno está también presente en el escudo nacional.
En todo caso, nadie está obligado a gustar de esta actividad, y seguramente que ir a las criollas, como tomar mate, escuchar a Gardel o tocar un tambor, no le otorgan patente de uruguayo a nadie. Pero caer en generalizaciones o lugares comunes a la hora de referirse a este tema, no contribuye a conocerlo, y así se deslizan una y otra vez, los conceptos de quienes opinan de lo que no saben y hablan de lo que no ven. Pero en todo caso, hace ochenta y un años que en la Criolla del Prado están presentes en estos «brutos» que se trenzan con los potros demostrando su destreza y coraje, el alma y el espíritu de aquellos gauchos que desde el fondo de la historia fueron construyendo nuestra identidad nacional, también en el público entusiasta que rodea a los paisanos, y en el canto de los payadores, herederos de Bartolomé Hidalgo, aquel paisano que a «lo bestia» escribió: «Cielo de los mancarrones, / ¡ay!, cielo de los potrillos, / ya brincarán cuando sientan / las espuelas y el lomillo». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad