Fugas y controles
El INAU tiene un grave problema con las fugas desde sus centros de reclusión o de rehabilitación. Ahora ha hecho un llamado para integrar un cuerpo especial de seguridad para impedirlas.
Es una actitud responsable. Los directores han advertido que deben abandonar esa especie de simetría radial en la que han permanecido como los animales sésiles, que no pueden moverse a su arbitrio y se limitan a flotar pasivamente- para ingresar al mundo de la simetría bilateral, donde es posible ir en una dirección determinada por decisión propia.
Sin embargo, el gremio de los funcionarios del INAU se ha negado a integrar el tribunal de selección y ha cuestionado las exigencias de ingreso, afirmando que en lugar de personal capacitado se contratará a simples patovicas.
Digo, con absoluto respeto por estos funcionarios, que Aldous Huxley demostró hace años que la rutina adormece la capacidad de reaccionar de manera realista ante lo que ocurre. Yo he visto a más de uno adormecido por la rutina: si anda de ojotas, no puede correr; si está cansado, disminuyen sus reflejos y su visión y no advierte el escape; si le pesa su perfil pedagógico (que a veces se confunde con una compasión que sería más útil en otras circunstancias) saluda al que se las toma y ora por su regreso.
Una cosa es el cuidado a poner en la selección de este personal de seguridad y en la definición de sus responsabilidades eso no se discute- y otra es dejar que todo siga como hasta hoy, a la espera de un milagro. Porque si el problema son las fugas, la solución es alguien o algo que no las permita.
Ciertos enfoques un tanto contemplativos, poco realistas, me inquietan. Y traen a mi memoria una anécdota de Borges. Un día, mientras caminaba, se topó con un conocido que, mirando al balcón iluminado donde se aireaba Enrique Larreta, lindero a una iglesia, le dijo, admirado: «Â¡Es un místico! Hizo colocar esa luz para inspirarse mejor». Y Borges contestó: «Esa luz la puso la municipalidad para que no caguen ni meen en el atrio».
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