CON EL "VASCO" URCHIPIA

En la Criolla del Prado "hay campana de largada" para el arte del relator

Pocas veces, en el incesante ir y venir de las jornadas de jineteadas que se llevan a cabo en el ruedo de la Criolla del Prado, reparamos en la gran cantidad de «hacedores» anónimos de esta fiesta. Algunos alcanzan lógica notoriedad, como los relatores, pero desde la misma cabina, surgen voces que no siempre son tan conocidas, y actividades que si bien se llevan a cabo a la vista de todo el público, se desconoce a quien la realiza.

En la cabina de transmisión del Prado, poco antes de las dos de la tarde, hora marcada para el comienzo de las faenas, hasta minutos después del final de las mismas, es un hormigueo constante. En un extremo están instaladas las cabinas de transmisión de las emisoras de radio que llevan a todo el territorio nacional las alternativas del ruedo, como CX 4 y CX 42.

Pero allí es fundamentalmente, el ámbito natural en donde se desempeñan, Oscar Fernández, planillero y animador con vasta trayectoria en el Prado, los locutores Daniel Steinfeld y Tito Dangiolillo –voces características que nos llegan desde la red de altoparlantes, desde hace muchos años y durante buena parte del día–, los relatores Miguel Angel Olivera, Cacho Márquez y el Vasco Urchipía, algunos de los jurados y el campanero Richard Luján. Precisamente, es Luján, con 42 años, y que cumple este año 21 años como campanero de la Criolla, quien nos explica con toda claridad una tarea que casi la lleva a cabo de memoria.

«El campanero –expresa Luján–, lo que tiene que hacer es tocar la campana para anunciar que va a salir el potro, cronometrar la jineteada y volver a tocar la campana cuando la faena se termina. Eventualmente puede ocurrir tocar la campana antes, si ves que el potro sale disparando; si existe riesgo de que se lastime el jinete y no haga puntaje». Luján destaca que la orden para el toque de campana, «me la da el capataz de campo, siempre…» Ante la posibilidad de que pueda tocar la campana más tarde, Richard dice que «no es habitual, es más probable que dure algunas centésimas de segundo menos, que más.

Es preferible tocar un poquito antes y no después, porque si ocurre algo con una monta y no hay seguridad en cuanto al tiempo cronometrado, puede generar complicaciones». La labor del campanero y del relator están ligadas; éste comieza su tarea cuando aquél sacude el badajo.

 

Haciendo escuela con el relato

¿Qué sería una jineteada si le faltara el relato vibrante y emocionado? En todos los pagos de nuestro país, el relator de jineteadas «sale» también al ruedo con «la travesura propia de los muchachos, la galanura altiva de los mancebos, la acerada dureza de los lapachos y la cautela instintiva de los malevos»… para colocarnos con su voz junto al aguerrido paisano y hacernos vibrar en la faena.

El entrañable y recordado Gabino Sosa, que fue también relator en la Criolla del Prado, nos decía que «el relator es un protagonista importante, porque puede no influir sobre la decisión del jurado, pero a veces ve lo que el jurado no puede ver; en algunos casos se da una pérdida del estribo que al jurado se le escapa, yo creo que hay veces en que el jurado tiene muy en cuenta lo que dice el relator.» Agregaba Gabino, que eso «no quiere decir que el relator le esté indicando con su relato, lo que tiene que hacer el jurado».

Sosa destacaba también, que «hay que decir verazmente lo que está sucediendo en el ruedo, todos los detalles, un charque, una pérdida de estribo, cuándo se pierde o se gana una jineteada, porque a veces un jinete que no cae pierde la jineteada igual, cosa que la gente no sabe». En aquél reportaje que le hiciéramos en su último año en el Prado, antes de su trágico fallecimiento, Gabino reafirmaba que «todo este tipo de cosas, el relator las debe decir poniéndole además el énfasis necesario para darle emoción a la cosa, y su relato sirve para orientar al público, ya que la jineteada como cualquier deporte, tiene sus reglas, y el relator es el que las describe y ayuda a la gente a entenderlas». Francisco «Vasco» Urchipía, tiene 61 años, y este es el séptimo año como relator del Prado. «Nací por partera en una estancia –cuenta el Vasco–; mi padre un gran domador, un hombre de campo también, muy rural, muy paisano, muy bruto si me permitís el lenguaje; esa gente que hizo apenas algo de primaria, la mayor escuela fue el campo, la vida, lo que uno va aprendiendo a través de los años». Experimentado relator de jineteadas por ruedos de todo el país, Urchipía define al jinete: «Un jinete viene a ser como un malabarista, tiene que aprender a dominar el cuerpo arriba del lomo de un potro.

O sea que tiene que ser un equilibrista y algunos lo practican con mucha facilidad y a otros se le hace muy difícil. El jinete tiene que ser un malabarista, un equilibrista, como en un circo común para hacer una comparación, esa es la forma en que lo podemos definir más claramente.» Muchas personas se preguntan si el relator puede llegar a incidir en los jurados, y el Vasco no le escurre el bulto a la interrogante: «Â¡No! Creo que no.Los relatores, si bien es cierto que tenemos que tener experiencias de vida y de causa, como en el caso mío, también los jurados son todos ellos experimentados, ex jinetes que conocen el metier, tienen conocimiento y experiencia para llegar al Prado.

Lógicamente, uno le pone mucha fuerza y emoción, muchas ganas, mucho color, y eso a veces puede incidir en el público y que el jurado por la presión del público tenga también una consideración. Pero dar una Vuelta de Honor u otorgar un premio no quiere decir nada. Yo trato de hacer escuela con el relato, me gusta hablarle a la gente paisanamente, pero transmitirles el lenguaje paisano a un lenguaje ciudadano, porque hay muchas palabras que se usan en nuestro lenguaje paisano, que es una identidad nacional, una cultura, que el público las desconoce». El veterano relator de la Criolla del Prado, sabe que las jineteadas están atrayendo más gente que el fútbol inclusive, en todo el territorio uruguayo. «Hay como un auge de este lenguaje en las jineteadas; nosotros que tenemos la suerte de andar por el Interior de la República vemos que hay una avalancha de público en los distintos ruedos, chicos y grandes». *

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