Resurrecciones
Los servicios de inteligencia norteamericanos suelen, cada tanto, ponernos en la piel de Aquiles cuando se reconcilia con Agamenón, luego que éste le ha birlado a Briseida.
Agamenón se las arregla para calmar a Aquiles diciéndole que el culpable es Zeus, ya que la divinidad es la que lo dispone todo. Y Aquiles (¿tendría alma de cornudo, nomás?) lo acepta y pide perdón por su enojo inicial: ¡Hasta qué punto un hombre puede ser ofuscado por el padre Zeus!
Bueno, hay ahora una circunstancia parecida. Se nos están metiendo adentro otra vez y duele. Ah, pero dicen: «Es culpa del terrorismo internacional». Claro, antes han hecho una escenificación mediática espléndida de una supuesta red de financiación de Al Qaeda que pasaría por Uruguay.
Igual al poema homérico. Nos encajan el cuento de Bin Laden –que trabajó para ellos y bien muerto ha de estar–, nos soplan la dama (metafóricamente) apenas los dejamos entrar y culpan al Zeus moderno: el ominoso terrorismo que todo lo puede.
¿Haremos de nuevo la de Aquiles?
Bush es tonto, alcohólico y ya no sabe lo que hace. Quienes lo manipulan son otra cosa. Entre ellos hay inquietud y por eso andan descubriendo redes asesinas, tráfico de dinero y resucitando muertos; necesitan justificar sus intervenciones donde no deben.
Les empuja la gula por las reservas de petróleo y agua y también la necesidad de ampliar su influencia antes de que alguna de las hipótesis de una nueva bipolaridad se haga realidad; por ejemplo, una unión entre Irán, China y la India que pudiera restablecer el contrapeso que antaño ejerció la Unión Soviética.
Una cosa es negociar asuntos comerciales con Estados Unidos. Y otra es ignorar esta realidad. Comerciemos, sí, pero que no nos metan los cuernos como a Aquiles y después culpen al terrorista más buscado del mundo, que ya voló con Alá.
Aunque, sabiéndolos tan ingeniosos, no me extrañaría que apareciera el fantasma de Osama pidiendo un crédito en el Hipotecario, ahora que Astori decidió reabrir la canilla. *
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