Los gliptodontes salieron a pasear a la calle después de una punta de años
Ayer por la tarde, se produjo la mudanza del otrora Museo de Historia Natural, instalado desde el año 2000 en 25 de Mayo y Juan Carlos Gómez, a su nueva sede de la calle 25 de Mayo 582. El Museo Nacional de Historia Natural y Antropología (Munhina) surgió de la fusión entre el Museo de Historia Natural, creado en 1837, y el Museo Nacional de Antropología, fundado en 1981. Después de funcionar 160 años en un edificio contiguo al Teatro Solís, debió salir de allí a raíz de la urgencia que demandaban las inminentes obras en el Teatro. La mudanza, en aquella ocasión, se realizó para el antiguo local de la librería Barreiro. El Licenciado Arturo Toscano, quien ocupa la dirección del Museo desde setiembre de 2004, señaló que luego de aquel traslado, el Museo «quedó confinado en un edificio casi ruinoso, con serios riesgos para la colección». Toscano destaca que «esta mudanza pone punto final a esa situación, quedando ahora a buen resguardo el patrimonio cultural que el Museo contiene; lo importante de esta mudanza es que se pone en marcha». La mudanza incluye también a la biblioteca del Munhina, que cuenta con más de 250 mil volúmenes, siendo la biblioteca de ciencias naturales más importante del país.
Un paso trascendente
El licenciado Toscano expresó que la mudanza «es un acto muy importante, porque iniciamos un rumbo de recuperación definitiva». En la nueva sede se dispondrá de una sala en la que comenzará a llevarse a cabo a partir de mayo, un ciclo de charlas, manteniéndose la exposición de piezas en el local de Avenida de las Instrucciones 948, en donde funciona la sección antropología. El director del Munhina, manifestó su «interés en que la ciudadanía viva a la par, con nosotros, las expectativas y necesidades del Museo, por eso deseamos también que las instituciones y las empresas que deseen compartir las actividades del Museo de Historia Natural, se acerquen y brinden sus auspicios y patrocinios». Mientras tanto, en la jornada de ayer, el cráneo de ballena, que está en el museo desde fines del Siglo XIX, y los dos gliptodontes -mamíferos acorazados, parientes lejanos de las actuales mulitas, que se extinguieron hace unos diez mil años-, aprovecharon el paseo para disfrutar de una hermosa tarde otoñal. *
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