Una uruguaya fue deportada de Nueva Zelanda
Que un uruguayo sea deportado de Europa ya casi no provoca sorpresa. Pero la reacción cambia cuando se niega la entrada a un país de Oceanía.
Hace menos de una semana, Silvia Martínez Suanes aterrizó en el aeropuerto de la ciudad más importante de Nueva Zelanda (Auckland).
Llegó a las cinco de la mañana y, como cualquier turista, hizo los trámites necesarios para ingresar a ese país. «Cuando llego al sector de Migraciones me pidieron el pasaporte. Me sorprendí en ese momento porque lo pasaban muchas veces por el detector, pero no me dijeron nada. Después me abrieron la valija y me dieron vuelta todo», contó la mujer a LA REPUBLICA.
Sin «decir una palabra», la trasladaron a un cuarto pequeño donde había una persona de nacionalidad brasileña. «De mi vuelo fui la única retenida en ese lugar», dijo, para luego agregar que le dieron la opción de quedarse en el aeropuerto o «ir a la cárcel». La mujer eligió permanecer en la estación área, aunque allí también se sintió «como encerrada».
«Me obligaron a ponerme un parche en la remera, que decía que no podía salir del aeropuerto. Parecía un animal marcado». Después de un rato le hicieron un interrogatorio extenso, que duró más de una hora.
En el cuestionario había preguntas como la cantidad de dinero que llevaba para el viaje, si tenía el pasaje de vuelta, si conocía Nueva Zelanda (y le pidieron una breve reseña del país), si en Uruguay tenía trabajo, si alquilaba o era propietaria. «Me preguntaron mil veces si la persona de la foto era yo, porque tenía el pelo de otro color en el pasaporte».
La mujer reconoció que no perdió la «cordura», a pesar de haber estado once horas en el aeropuerto. Solicitó varias veces la devolución del pasaporte pero en todo momento le fue negada la petición. De hecho, no se lo entregaron en el aeropuerto sino que lo recibió en el viaje de vuelta, cuando ya estaba en Santiago de Chile.
A la hora de responder por qué le negaron la admisión a Nueva Zelanda, Silvia manifestó: «Lo único que me dijeron fue que no podía entrar porque no conocía nada de Nueva Zelanda. Y me pareció un absurdo».
Indignada por lo vivido, la mujer envió ayer una carta dirigida al ministro de Relaciones Exteriores, Reinaldo Gargano, con los detalles de lo sucedido en Auckland. «Lo único que agregué en el interrogatorio es que iba a contar todo lo que me había pasado y que se iba a enterar hasta el presidente Tabaré Vázquez».
La mujer no logra explicarse la razón por la cual le negaron la entrada a ese país, ya que «para entrar no necesitaba visa». Desde la embajada de Nueva Zelanda en Argentina confirmaron que «uruguayos, argentinos y brasileños no necesitan visa para ingresar a suelo neozelandés». Sólo hay que presentar el pasaje de vuelta (que no supere los tres meses de estadía), y solvencia económica para la cantidad de días de permanencia en ese país. Desde la Embajada indicaron que, presentando una tarjeta de crédito, es «suficiente». *
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