Young: el juez descarta responsabilidad penal
No obstante ello, dijo que eso no quiere decir que no haya habido responsabilidades en la tragedia y que si se quiere velar por las familias de las víctimas hay caminos judiciales en la órbita civil, como demandas donde haya una adecuada compensación.
De todos modos surgen algunas preguntas sobre el trágico hecho.
¿Cuál es la normativa de la administración pública para acceder a peticiones de las productoras televisivas? Aunque resulte perogrullesco, alguien debería preguntarse cuáles son los criterios seguidos por la administración pública en general para ceder el uso de algún patrimonio estatal, en este caso: locomotora y vagones. Ciertamente que la discrecionalidad parece imponerse en tanto es casi imposible encontrar una normativa específica para pedidos de esta índole. Pedidos evidentemente caritativos, desde cualquier óptica, con excepción de quienes lucran detrás de la audiencia, pero cuyo marco regulatorio aparece ausente más allá del buen juicio de los directores.
A la primera respuesta deberá llegar aparejada otra: el nivel de riesgo a que están dispuestos los creativos de la televisión a someter a un público deseoso de ayudar, convencidos inocentes de que la televisión lejos está de hacer algo que pueda ponerles bajo riesgo, divertimento mediante.
¿Estaba la locomotora en condiciones de aceptar una prueba de esta índole?
La locomotora nº 818, una Alsthom de 1963, pertenece a un modelo que opera con freno de mano, mientras el motor está apagado. Según información del sector, en tanto las estaciones están en superficies planas, la precaución para maniobras con la máquina apagada es emplear calzas, lo que resulta suficiente. La locomotora, que pesa 56 toneladas, tenía enganchados dos vagones: el nº558, que pesa 18 toneladas, y el 11.581, que pesa 14,3 toneladas, una masa inercial superior al peso de 1.000 personas. De todas maneras, la profesora de educación física encargada de dar la voz de inicio de la prueba, aseguró a la prensa que el conductor de la locomotora le aseguró que la máquina podía frenar sin problemas.
¿Era el lugar el indicado?
El viejo andén de la estación de Young, ubicada frente al edificio de la Junta Local, cumplía con los requisitos de vía necesarios para el recorrido de 78 metros requeridos por la prueba. El hecho de que las vías estuvieran mojadas, debido al mal tiempo, es una condición de incidencia a develar.
La pregunta central incluye también las medidas de seguridad adoptadas tanto a nivel municipal como policial. Aparecen como las habituales para una concentración de este tipo, aunque lo inusual del asunto dotaba al evento, ahora a todas luces, de necesarias medidas extraordinarias. Las advertencias formuladas públicamente, bien antes de los hechos, fueron desoídas en algunos casos. La idea de que la gente que no participaría se mantuviera a una distancia mínima de diez metros de la locomotora fue imposible de cumplir. Algo similar a la limitación de 18 años de edad mínima para participar en la «cinchada», que no se cumplió.
A las 60 personas anotadas en principio para jalar de las cuerdas «cinchando» de la locomotora, se agregaron unas 200 que empujaron también la máquina.
La profesora Borba se dirigía al megáfono para pedir a la gente que soltara las cuerdas, ya que faltaba ajustar detalles para comenzar la prueba, cuando la locomotora comenzó a avanzar. El público ovacionó el movimiento a tal nivel, que impidió escuchar el alerta del megáfono.
A propósito del megáfono como elemento disuasivo para frenar a una multitud enardecida por el esfuerzo y respaldada por otra multitud enardecida en el aliento, el relato de uno de los testigos es concluyente.
«Alguien gritó: ¡Ahora!,¡ahora! y empezaron a tirar. Aunque faltaban diez minutos para la hora, cuando los forzudos vieron que podían mover la locomotora, desde la multitud creció una ovación. La voz del altavoz para que esperaran, que todavía no, apenas se escuchó».
Otro interrogante abierto es por qué las ambulancias no pudieron acercarse hasta el lugar del accidente.
El tren había avanzado bastante más allá de cuanto estaba previsto y quedó atravesado en el paso a nivel siguiente, frente a la calle 25 de Agosto. Los heridos debieron ser cargados en tablas, hasta las ambulancias, incapaces de entrar al lugar hasta el que nadie previó podía llegar el convoy.
Cosa a juzgar
La Justicia está por estas horas dilucidando el asunto, aunque más allá de la habitual prudencia de los magistrados, en esta oportunidad el juez adelantó, aún antes de tomar declaraciones en el juzgado que «estuvimos en el lugar, e interrogamos a los eventuales participantes y da la impresión de una verdadera causa de accidente propiamente dicho».
Aunque el juez Suárez entendió que «habrá que ver en la indagatoria qué es lo que se puede esclarecer», priorizó la meta de «conseguir la calefacción para el hospital para brindar un servicio decoroso a la comunidad; eso es más importante que las alternativas judiciales que van a venir».
El cura párroco de Young, Fernando Pigurina, exhortó a no «buscarle más vueltas al asunto» y dijo que las víctimas lo fueron «por exceso de amor», algo esto último incuestionable desde el punto de vista del deseo de ayudar al prójimo, pero imposible de concebir de haber conocido esas personas el riesgo que corrían. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad