Fuerza Danilo
Al advertir las dificultades de Astori, al menos todavía, para que todos comprendan los alcances del proyecto de reforma tributaria, recordé la epopeya de Guilgamesh, rey de Uruk en la época arcaica.
Guilgamesh protagonizó, según el genio semítico, y al decir de Mircea Eliade, una de las más conmovedoras historias sobre la búsqueda de la inmortalidad o, más exactamente, del fracaso final de una empresa que parecía tener todas las posibilidades de alcanzar el éxito. O sea, el rey de Uruk marchó al espiedo pese a todos sus esfuerzos; según el mito, no supo sacar partido de sus dones porque careció de sabiduría en la prueba titánica final.
Yo no quiero que a Danilo le pase lo mismo porque deseo lo mejor para el país (no lo mejor para cada uno, porque entonces el egoísmo destruye el bien común). En estos días, afortunadamente muy calmado, ha explicado el proyecto largamente, ha aceptado algunas modificaciones y le ha pedido cautela a los legisladores oficialistas a fin de evitar que la iniciativa naufrague.
Pero las dudas e interrogantes saltan cotidianamente por todas partes, tanto como los augurios de fracaso. Como en esto influye mucho la capacidad de convencimiento del ministro de Economía, que la tiene pero en esto por ahora parece insuficiente, me permito sugerirle un camino para cuando vea que las cosas están tan feas como se le pusieron a Guilgamesh (y eso que éste era un rey).
Se trata de apelar a una meditación yóguica repetición de los mantras incluida- para visualizar esas «sílabas místicas» que, al menos en tiempos de los paleontrópidos y como han recogido los textos sabios, permitían un mensaje convincente ya que las palabras desencadenaban una fuerza imposible de anular.
El único problema es que hay estudiosos de las creencias religiosas que sostienen que esas palabras lo que suscitaban era un universo imaginario. Y, claro, la gente de imaginación ya tuvo suficiente. Hay que meterla en realidades.
Bueno, no hay nada perfecto. Es una idea, nada más. Porque algo más, señor ministro, va a tener que hacer. *
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