"La historia no se puede contar sin involucrar al arte"
Cuando saca una foto, Brodsky busca «demostrar que no es tan fácil fotografiar como parece, que siempre hay obstáculos que se interponen entre la cámara y la realidad». Tiene 51 años y comenzó a dedicarse a la fotografía profesional durante su exilio, en 1982. Quince años después editó y expuso el ensayo fotográfico «Buena Memoria», que forma parte de una trilogía que reflexiona sobre la última dictadura en Argentina.
El ensayo se compone por fotografías, videos y textos que recogen la evolución personal y colectiva de un grupo de alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires, de los cuales dos desaparecieron en manos de la dictadura.
Su trabajo «Nexo» aborda otros aspectos de la represión, como el exilio. Y «Memoria en construcción» refleja el trabajo de 65 artistas sobre el terrorismo de Estado e incluye fotos de detenidos desaparecidos en la Esma (campo de concentración de la dictadura).
Parte de esa obra, y una serie de libros que habían sido enterrados durante el golpe de Estado, se puede ver en la Fundación de Arte Contemporáneo (Juan Carlos Gómez 1544) hasta el 7 de abril. En este espacio también se muestra «Vislumbres», su obra más reciente, que se desprende de la temática de la memoria colectiva.
En tanto, en el Centro Cultural de España (Rincón 629) se proyectará hasta el 29 de abril una videoinstalación que ofrece una lectura e interpretación sobre los libros desenterrados.
-¿Qué busca cuando saca una foto?
-Busco aportar un modo de ver diferente. A lo largo de su historia la fotografía aportó su granito de arena en los modos de ver y representar la realidad. La muestra que se exhibe en el FAC pretende polemizar sobre el medio en sí y demostrar que no es tan fácil fotografiar como parece. Como hoy en día es tan fácil tomar fotos, pareciera que la fotografía es una papa, y no es así. Por eso en las imágenes expuestas en «Vislumbres» hay siempre obstáculos que se interponen entre la cámara y la realidad. Por su parte, en el libro «Buena Memoria» el medio fotográfico es reinterpretado: hay una relación entre la imagen y el texto y eso impacta y emociona. Lo principal de mi obra es dialogar desde la fotografía con las demás artes visuales y el uso original e innovador de mi trabajo sobre el medio.
-¿Por qué la memoria colectiva?
-Establezco una relación entre el proceso colectivo, de la sociedad en su conjunto y el individual. Hay una atención de la experiencia de la sociedad respecto a la violencia, terrorismo de Estado y violación de derechos, y la experiencia privada.
– ¿Su interés por la memoria colectiva tiene que ver con la desaparición de su hermano Fernando?
-A raíz de mi preocupación por la memoria colectiva, y en detalle por la dictadura, decidí incorporar mi memoria más íntima, que es la de mi hermano. Para poder explicarlo y hablarlo necesité llegar a la historia de mi hermano. De hecho en mi primer libro, donde hago una intervención sobre mi clase del Colegio Nacional de Buenos Aires, hay un capítulo dedicado a Fernando, de imágenes rescatadas de la historia familiar. Es buscando la foto de mi hermano en la ESMA que encuentro el resto de las que se exhiben en el libro y actualmente en el FAC.
-En décadas pasadas en Argentina, sobre todo durante los gobiernos de Carlos Menem, había un reclamo manifiesto de «no olvidar». ¿Su obra intentó rescatar esa memoria olvidada por los gobiernos y parte de la sociedad?
-Desde el 96 me dedico a este tema, son diez años de mi carrera artística, en la que publiqué tres libros. En el 96, a veinte años del último golpe de Estado en Argentina, comenzó un proceso de recordar a los desaparecidos en lugares públicos. Pero estábamos en pleno menemismo y en plena vigencia de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, por lo tanto no se hablaba del tema. Por eso en el momento en que empecé a trabajar en el tema no estaba de moda entre los artistas. Los años noventa en Argentina se caracterizaron por un arte light, muy desvinculado de los asuntos políticos y sociales.
-¿Ahora sí está de moda abordar la dictadura?
-Ahora el tema se institucionalizó; hay más artistas que trabajan en él. De hecho, mi último libro es una recopilación de lo que se han hecho 65 artistas sobre el tema en los últimos 30 años. Los artistas hicimos lo nuestro: pusimos el tema en las galerías, en los medios de comunicación y en la República porque la desaparición de 30 mil personas en Argentina marcó totalmente nuestro país, no sólo de la generación que lo vivió sino de la siguiente y la siguiente. Actualmente hay un debate social sobre el tema que va adquiriendo mayor importancia en la educación de nuevas generaciones. Y los gobiernos progresistas tienen que ver en eso.
-Su objetivo es transmitir la dictadura y otros hechos que involucran al colectivo a las generaciones que no los vivieron, ¿cuál es la forma de hacerlo?
-La forma es lo principal para un artista porque es su lenguaje, su obra. Para que las nuevas generaciones conozcan y aprehendan (incorporen) determinados hechos es necesario contarlo de un modo tal que no haya discurso repetitivo. Como artistas me interesa generar una situación emotiva en el público, una identificación y reacción emocional para que los jóvenes de Uruguay y Argentina lo entiendan desde las entrañas y no desde la cabeza. Mostrarle que en un colegio de Buenos Aires desaparecieron 105 alumnos, que les podría haber pasado a ellos y que no es tan distante porque veinte años en la historia de un pueblo no es nada. No creo que la historia se pueda conocer y aprender y aprehender a través de un mecanismo narrativo; es necesario el arte, las formas de comunicación más densas y elaboradas.
-La repetición de los sucesos de las dictaduras de Uruguay y Argentina sobre todo en los medios de comunicación ha provocado una cierta saturación ¿El arte puede evitar ese acostumbramiento o corre el mismo riesgo?
-El riesgo de la saturación existe siempre. La forma de evitarlo es reinventarse a sí mismo permanentemente a través de nuevas formas de comunicar. La manera es buscar obras de calidad, que no se basen en la repetición de un discurso sino en un modo diferente de narrar. Las dictaduras marcaron mucho, por lo que aún hoy se sigue discutiendo el tema en ambos países: los hijos de desaparecidos que van recuperando su identidad, el hallazgo de los cuerpos de detenidos y su entierro. Sí puede haber saturación, pero en general lo que produce emoción no cansa.
-¿Se plantea ese desafío cada vez que vuelve sobre el tema?
-Sí. De todas formas con esta trilogía (Buena Memoria, Nexo y Memoria en Construcción) culmino mi dedicación al tema como centro de mi obra. Con estas producciones le termino de dar cuerpo a un conjunto de reflexiones, aunque eso no quita que siga teniendo vinculación con el tema porque a través de mi obra me involucré en derechos humanos. *
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