Calendario

1903. Recién asumido como Presidente de la República, José Batlle y Ordóñez, deja de lado el compromiso verbal de Aparicio Saravia con Juan Lindolfo Cuestas sobre las ocho jefaturas departamentales que corresponderían a los nacionalistas. Resuelve respetar el número pero de esas ocho dos pasarían a manos de nacionalistas disidentes, o sea de las filas blancas que lo habían apoyado para ser elegido Presidente. Esto va en contra del Directorio nacionalista y del mismo Aparicio Saravia. Este 15 de marzo, en Nico Pérez, Aparicio inicia su revolución, que será muy breve ya que los buenos oficios de mediadores logrará evitar la guerra. Habrá un nuevo pacto por el cual cinco de esas jefaturas responderán directamente del Directorio Nacionalista y la otra a un blanco que no perteneciera al Directorio pero que hubiese participado en el movimiento de 1897. Los hechos parecían favorables a Aparicio pero en 1904 habrá nuevas designaciones y otra vez la revolución. En su proclama revolucionaria afirma:«Amamos a la Patria con toda nuestra alma; por ella y para ella han sido y son todos nuestros sacrificios (…). Hoy levantamos nuevamente la bandera de la revolución (…). No es sólo, por los intereses partidarios, sino, y muy principalmente, por los mucho más elevados de la Patria, que nos lanzamos hoy a la lucha armada llenos de fe en el éxito y penetrados de que la justicia nos asiste (…) Nacionalistas: la revolución queda proclamada, el ejército nacional los invita a ocupar en sus filas el puesto que a cada uno corresponda». Aparicio Saravia (Ref Alfredo Castellanos. Saravia, el caudillo y su tiempo)

 

FELIZ DIARIO

1943.- Nace Alvaro Gustavo Loureiro, crítico teatral y cinematográfico, también actor y director teatral. En su actividad principal escribió en «El País», «Aquí» y lo hace en «Brecha».

1947.- Nace Ana Salcovsky, plástica en pintura, grabados, papel y especialista en la comunicación visual.

19.. Nace Juan Andrés Mora, abogado, vinculado a la política fue director de Ancap.

1962.– Nace Eduardo Zaidensztat, contador. Ingresó en el área ejecutiva como subsecretario de Salud Pública y luego alcanzó notoriedad como director general de Rentas. El «señor Z» logró superar el cambio de administración y sigue al frente de la DGI. Sus encontronazos con empresarios en infracción los tiene con todos, chicos, medianos y grandes. De cualquier manera todos deberían saludarle, quizás logren alguna sonrisa, no un descuento. Pero las sonrisas hoy en día están bien cotizadas y no pagan IVA

 

IN MEMORIAM

1988.- Este 15 de marzo muere Wilson Ferreira Aldunate, el último de los caudillos blancos, tras meses de sufrir un cáncer invencible. Su carrera política terminó transformándole en el principal referente de las nuevas generaciones de su Partido. Fue diputado, senador, ministro de Ganadería y Agricultura, estuvo presente en la última sesión de la Asamblea General, cuando el golpe de Estado ya estaba en las puertas del Palacio Legislativo, luego el exilio, la persecución, el salvarse de ser secuestrado y asesinado como lo fueron Zelmar y el Toba, después un largo periplo por el mundo denunciando las atrocidades de la dictadura, y cuando ya los militares se iban, un regreso a Montevideo cruzando el río en el «Ciudad de Mar del Playa II», su detención en el mismo Puerto de Montevideo y su traslado preso al cuartel de Trinidad. Los militares que habían aceptado su fin cuidaron bien que Wilson no pudiera ser candidato en las elecciones nacionales, como tampoco lo fue Seregni.

Su sepelio comenzó con una misa de cuerpo presente en la Catedral, luego continuó en el Salón de los Pasos Perdidos en el Palacio Legislativo hasta que al otro día millares de nacionalistas acompañaron su féretro en larga caminata hasta el Cementerio del Buceo.

 

PIENSO, LO DIGO

«Nuestro primer deber, el deber de todos, es asegurar la gobernabilidad del país y si no se asegura, enemigos de los cuales creemos habernos librado estarán acechando prontos para aplicar su nuevo zarpazo (…) lo importante no es correr siquiera el riesgo de que pueda sucedernos nuevamente esa pesadilla de la que estamos tratando de salir». (parte del discurso de Wilson Ferreira Aldunate en la Explanada Municipal el 30 de noviembre de 1985).

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