Uruguay no ha cambiado lo fundamental y ha demostrado flexibilidad en lo accesorio

Qué mirada tan corta

«Quiero decir que acá no hay ningún acuerdo firmado, ni hay letra chica, ni hay nada detrás de este diálogo que tuvimos con el Presidente argentino, que lo hemos intentado expresar con total transparencia.

…. lo peor que puede suceder cuando uno va a ensillar a un caballo, es darle muchas vueltas a la montura porque al final se la termina poniendo encima uno mismo…» Presidente Tabaré Vázquez (La Paz, Bolivia, 13.03.06)

Qué velocidad de reacción, qué rapidez de reflejos. Perecían resortes comprimidos hace mucho tiempo, liberando toda su energía lingüística y declarativa. Así reaccionaron, muchos dirigentes blancos y colorados. No todos. Registremos los matices y las actitudes como las del ex canciller Sergio Abreu o la del intendente Omar Lafluf entre otros.

El fin de semana pasado se desató un concurso al más radical de los opositores ante las declaraciones conjuntas y orales de los presidentes de Uruguay y Argentina, en Santiago de Chile. Un senador de Soriano, de cuyo nombre no logro acordarme, presentó un texto tan largo, completo y capitulado que parecía tenerlo pronto desde hace tiempo. Como un guión de un programa radial. Relucieron nuevamente las palabras sagradas de «soberanía», «orgullo nacional» y muchas otras. Y, sobre todo, relució la manija. Hasta salieron a pintar paredes, mientras otros se preocuparon repentinamente por los obreros de la construcción. Nos conmovieron.

Otros  y es de justicia reconocerlo  respondieron con mesura, con una visión más amplia y con sentido de Estado o, simplemente, se callaron. Que en algunos casos es una virtud importante. Serenidad señores, serenidad.

Si alguno se toma el trabajo verá que alguno de los más entusiastas opositores fueron también  no hace mucho  los que le reclamaban al gobierno que «algo hay que hacer», hay que moverse, destrabar la situación, haciendo de esta manera un aporte esencial a la diplomacia universal. ¿Qué hubiera sucedido si ambos presidentes presentes en Chile no hubieran conversado, o lo hubieran hecho y no se demostrara que se abre un diálogo? Los mismos gritones hubieran puesto el grito en el cielo. No tengan la menor duda.

Volvamos a la realidad. Los tres ejes principales de las definiciones del Estado uruguayo y del gobierno nacional no han cambiado en absoluto, ni nadie lo ha dicho: las plantas se construirán, se construirán en ese lugar donde ya se están construyendo y con esa tecnología. Y eso no es por capricho, ni siquiera por orgullo nacional y tampoco por la necesidad de inversiones, sino porque además de todo eso, los estudios son serios, sólidos y demuestran que el impacto ambiental será mínimo y controlado. Todo eso no ha cambiado. Y es lo fundamental.

No cambió otra definición básica: con los piquetes bloqueando los puentes no comienza ningún tipo de negociación. Ni en Montevideo, ni en Santiago de Chile, ni en La Paz nadie dijo lo contrario. Si los piqueteros deciden seguir bloqueando las rutas nacionales argentinas, ese será un nuevo escalón de problemas para las autoridades argentinas. ¿O alguno de los sabios opositores uruguayos tiene alguna propuesta de cómo desbloquearlos desde el lado uruguayo? Además de conversar con las autoridades argentinas, de hacer las gestiones diplomáticas ante el Mercosur, la OEA y eventualmente la ONU, ¿qué proponen los sabios diplomáticos?, ¿mandar la Metropolitana?

El gobierno uruguayo solicitó a las empresas que aporten un esfuerzo complementario para avanzar en las conversaciones. No se los impuso, no se decretó. Porque no se puede legalmente y porque en Uruguay nos atenemos a las leyes y porque siempre se dijo lo mismo. Y la solicitud  y las dos reuniones pactadas entre los presidentes  se harán si se cumplen las condiciones.

Del lado uruguayo tenemos la más profunda y fundada convicción de que los estudios ambientales son inobjetables, en el Uruguay, en el Banco Mundial, en el Tribunal de La Haya y ante cualquier grupo técnico que actúe con un mínimo de independencia. Es más, el gobierno y las empresas han manifestado que no tienen ningún problema para que se haga un monitoreo y un seguimiento de todo el proceso de construcción y de producción. Nada nuevo. Y, sobre todo, mucha confianza y serenidad.

Del otro lado  yo personalmente  tengo la más absoluta confianza de que así se pronuncie el Supremo Tribunal Galáctico Ambiental los piqueteros de Entre Ríos nunca jamás se convencerán de que hay que dejar que se construyan las plantas de celulosa. Sólo si se hacen bajo tierra y ellos no las ven. Y ni así. Esto lo escribí antes y lo reitero ahora y lo confirmo con la última asamblea del lunes 13 de marzo. Con ellos, no hay arreglo.

Por lo tanto el problema se volverá a plantear. Yo creo que el gobierno argentino, y en particular el presidente Kirchner, que es quien decide todas las cosas importantes en la Argentina en primera persona, y que se ha demostrado inteligente y empecinado, asumió que Uruguay tiene el derecho y va a construir las plantas. Y que seguir adelante por este camino compromete el Mercosur y todo el relacionamiento argentino en la región. Es lo único que Uruguay tiene como factor a su favor, además de la ley y los tratados internacionales, que todos sabemos cuántas veces se maltratan.

Pero además, yo creo que las autoridades argentinas han leído otro mensaje: Chile en 1995 producía menos de cien mil toneladas de celulosa y en el 2004 produjo casi 3 millones 400 mil toneladas de celulosa. En 9 años multiplicó por 34 veces su producción. Brasil en 1995 prácticamente no producía nada y en el 2004 superó las 9 millones de toneladas. Uruguay producía 35 mil toneladas anuales (Fanapel) y a plena producción con las dos nuevas plantas serán 1 millón 685 mil toneladas. Mientras que Argentina en 1990 producía algo más de 700 mil toneladas de celulosa y en el 2004, catorce años después, produce un millón trescientos mil toneladas, está totalmente estancada. Es notorio que Argentina en materia forestal está perdiendo no sólo el tren sino todas las estaciones.

Otros datitos: Brasil tiene 5 millones 500 mil hectáreas forestadas, Chile tiene 2 millones setecientos mil hectáreas, Uruguay 714 mil y la Argentina un millón y medio. ¿Pero saben cuál es la superficie de aptitud forestal de la Argentina? ¡20 millones de hectáreas!. Todos estos «pequeños» elementos están pesando.

Uruguay no ha cambiado lo fundamental y ha demostrado flexibilidad en lo accesorio, que es como actúan los buenos negociadores. Incluso en la peor de la hipótesis algunos días de retraso en las obras no cambian el tema de fondo: las plantas se hacen.

Como no ha cambiado la actitud negociadora uruguaya de permitir y promover todas las formas de control y de monitoreo, ajustar los procedimientos a las exigencias del menor impacto medio ambiental. No por los argentinos, y menos por los piqueteros, sino por los uruguayos. Y ha reafirmado su disposición a buscar formas de coordinación subregional para potenciar la cadena de producción forestal.

Mientras tanto, el Presidente de la República prosigue su gira por la región, explicando la posición uruguaya, demostrando la actitud de flexibilidad y los esfuerzos en busca de soluciones y las definiciones básicas de nuestro país. Y todos los que apostamos a una solución integral, sabremos esperar el tiempo necesario   que será muy breve   para ver a qué puerto llegamos. Y mientras tanto, seguiremos peleando. Mejor sería hacerlo unidos, pero a algunos la solidaridad nacional e institucional les duró poco. Ya mostraron la hilacha.

Se sintieron liberados de la pesada obligación de tener una mirada
nacional por encima de los pequeños intereses y jugarretas sectoriales, en un momento tan complejo y lleno de tensiones y zarparon. Cuando esto termine, ni siquiera se morderán la lengua. Harán una nueva voltereta y gritarán: al lobo. Es casi lo único que saben hacer desde la oposición. *

(*) Periodista.

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