Entre empujones y gritos las plateas se vendieron a $ 600

Desde el lunes 30 de enero, cuando se llevó a cabo la 1ª Etapa de la Primera Rueda del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavaleras del año 2006, comenzó el calvario de muchos espectadores que por falta de tiempo durante el día, o a raíz de una planificación compleja de sus jornadas laborales, llegaban a las ventanillas del Teatro de Verano poco antes de la hora de inicio, con el afán de adquirir una entrada para poder presenciar los espectáculos.

Los grandes protagonistas del negocio pasaron a ser los revendedores, personajes indeseables si los hay, que actúan con absoluta libertad, erigiéndose en intermediarios comerciales  mezcla de usurero, especulador y estafador , que terminan desvirtuando las normas básicas y elementales de la compra venta, en este caso, las que rigen cualquier clase de espectáculos, sean estos de fútbol o carnaval. Siempre son los mismos, siempre se escudan en los mismos argumentos falaces, que no difieren de los que utilizan los vendedores de droga o los receptadores; todos dicen hacerlo por necesidad. En la noche del miércoles, en que se realizaba la 5ª Etapa de la Liguilla, la situación llegó al límite. Hubo protestas por parte del público, empujones, insultos, y los impunes revendedores hicieron su agosto como si tal cosa, llegando a «ofrecer» una platea por $ 600.

Una verdadera vergüenza que no se le pueda poner coto a esta situación. ¿Dónde compran las entradas? ¿Quién los financia?

¿Por qué actúan con total libertad?

¿No existe la posibilidad de legislar y acabar de una buena vez con esta lacra? El público de todos nuestros espectáculos populares aplaudirá agradecido. *

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