De asombro en asombro, de paradoja en paradoja

Cuando la realidad supera a la ficción

No recuerdo quién era el que decía que en última instancia los surrealistas no habían inventado nada ya que la realidad está construida sobre una suma de pequeñas irrealidades fantásticas y el elemento onírico está siempre presente; todo estriba en saber descubrirlo. Lo absurdo, lo arbitrario y lo irracional coexisten con la lógica, la sensatez y la razón como en un cambalache discepoliano cuya vidriera exhibe impúdicamente lo sublime y lo abyecto.

Algo de esto había trastornado a un francés estrábico a mediados del siglo pasado, que somatizaba la angustia existencial al punto de llegar a sentir ganas de largar el chivo…

A mí, felizmente, no me pasan esas cosas. A lo sumo me angustio por una cuenta sin pagar, por la no clasificación del combinado al Mundial o por no poder fumar en los boliches; todas cosas que seguramente a Sartre lo tenían sin cuidado y no le causaban náusea. Sin embargo, mantengo intacta mi capacidad de asombro, lo que me ha llevado a desvelarme tratando de entender las razones del conflicto con Argentina. Y lo que es peor: yo, que soy contrario a que se instalen plantas procesadoras de madera para hacer celulosa, me descubro alineado junto a nuestro gobierno frente a la prepotencia piquetera de un gobernador de provincia. No me gustan las industrias contaminantes ni las plantaciones de eucaliptos que se chupan toda el agua, desecan los tajamares y degradan los suelos. Pero la escalada de intransigencia del gobierno argentino, las bravuconadas de Busti, la manipulación de que son objeto los militantes ambientalistas, la razón del más fuerte, la provocación de los piquetes estimulados por el gobierno provincial y tolerados por el federal, han operado el milagro de volverme partidario de las plantas, imbuido de un patrioterismo que creía enterrado pero que se ve que estaba latente, agazapado, al acecho de una buena oportunidad para manifestarse.

Es así que me descubro imaginando severas represalias. Y como una respuesta bélica es impensable en estos momentos (puesto que nuestras fuerzas armadas andan imponiendo la paz por Haití y el Congo), se me había ocurrido que el PIT-CNT bien podría ordenar una buena ocupación de las cabeceras de los puentes; o que el director nacional de Rentas dispusiera la clausura de la sede de la Gobernación provincial en la ciudad de Paraná. Son las armas de que disponemos y de las que tan buen uso estamos haciendo por estos días, ¿no?

Y como as en la manga, como recurso supremo también muy en boga por estos días, un buen anuncio de veto presidencial. ¿Qué tal? Yo pienso que Tabaré bien podría vetar los piquetes y chau, con eso se acaba todo y a los ambientalistas se les van las ganas de seguir bloqueando puentes; a ver si los legisladores argentinos se animan a levantar el veto con la amenaza de que les podemos disolver el Congreso…

En fin, insuflado de fervor patriótico, propongo también una interpelación a alguno de los ministros e incluso a todo el gabinete de Kirchner. En este campo, cedo la iniciativa al Partido Nacional, experto en propiciar votos de censura. ¿Se imagina, caro lector, al diputado Trobo tratando de voltear a Taiana con el mismo ímpetu que lo mueve a pedir la dimisión de José Díaz?

Como se ve, recursos no nos faltan. Y yo me siento orgulloso de vivir en un país así. Por ejemplo, uno se siente protegido por las cámaras empresariales, dispuestas a dar la batalla contra el proyecto de ley de prevención de conflictos. Nada que atente contra el sacrosanto derecho de los patrones a fijar las reglas de juego; nada que pueda asustar a los capitalistas extranjeros y los desestimule a invertir aquí; nada que signifique una amenaza a su afán de lucro.

Del mismo modo, me siento consustanciado con la angustia de otros prohombres que levantan sus voces contra la reforma tributaria de Astori, exigiendo la posibilidad de más deducciones al impuesto a la renta. Por ejemplo, piden –con toda razón– que se puedan deducir no sólo los gastos de salud de los hijos sino también los gastos en educación. Sería de toda justicia que todos esos pobres uruguayos que mandan a sus hijos al British, al Lycée Français o al Deutsche Schule pudieran achicar su impuesto a la renta descontando la matrícula y las cuotas de esos colegios tan paquetes.

Yo iría un poco más lejos: no me parecería nada mal que se nos permitiera deducir las facturas de Los Domínguez, porque si uno se pone a hacer cuentas, ¿vio lo que suman los casilleros mensuales de Johnny Walker etiqueta negra o los de Don Perigon? Eso no sólo sería justo sino que, además, supondría un estímulo a consumir sólo bebidas de calidad y operaría como desestímulo a beber caña brasilera y vino lija.

Todo sea por la salud de la población. *

 

(*) Periodista

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