"El mundo no se acaba a fin de año, ni siquiera en próximas elecciones"

Miopía

Habiendo tomado estado público el documento del MPP sobre estrategia, fue dable advertir un hecho curioso: muchos analistas (no todos) entendieron que estaba referido a este gobierno.

Algo así como lo siguiente: la izquierda tuvo, a lo largo de muchos años una estrategia para ganar el gobierno pero no tenía una estrategia para gobernar y es por eso que, recién ahora, se le ocurre ponerse a pensar en ello.

Mayor simplificación y caricatura del citado documento, imposible. Y, de ser cierta, mayor irresponsabilidad de la izquierda tampoco.

La propuesta puede ser criticada y refutada pero no malversada de ese modo.

Aunque debemos reconocer que esa mezquindad con fines de cortísimo alcance es desgraciadamente abundante, ella no es lo más preocupante.

Lo grave es volver a constatar cierta cortedad que nos va ganando.

Permítase una digresión al respecto: recientemente le cortaron un águila al Graf Spee. Se podrá discutir si ese naufragio pertenece a la Historia uruguaya, a la inglesa o a la alemana pero es indiscutible que pertenece a la Historia.

Las páginas policiales anuncian a menudo el vandalismo que cunde sobre monumentos públicos por calles y parques de la ciudad: roban el bronce. Conocí en la cárcel a un famoso ladrón (alias «el escultor») que afirmaba y reivindicaba haber sido quien se llevó al último charrúa. Efectivamente, lo había serruchado en el Prado y llevado en carro; ya en su hogar lo cortó en pedacitos.

Y conocí a otro, muy culto, que encontrándose en plena «faena» dentro de una espléndida mansión, advirtió que su ayudante (un joven inexperto) prendado por las fotos multicolores de ciertas mariposas arrancaba las páginas de una Enciclopedia…

– ¡ Ah no!   exclamó   vandalismo conmigo no: si te gusta la Enciclopedia la llevamos ENTERA.

Como todo «chorro habitual» de aquellos tiempos conocía el Código Penal y sabía que el vandalismo es un agravante del hurto simple.

Pues bien, ya arrancada el águila de la popa, pudimos asistir a un vergonzoso debate acerca de varias pavadas dando al mundo (que ojalá no haya oído) un espectáculo deplorable. Corresponde destacar que en medio del frívolo griterío, predicando en un desierto cerebral, sólo se levantó la voz del director de Patrimonio. En vano.

Ya antes le habían arrancado a ese monumento histórico (el Graf Spee) el telémetro con el que ornamentaron un desfile de modas antes de dejarlo abandonado…

El tamaño colosal de la estulticia implícita escapa a toda imaginación, pero fue hecho realidad dos veces en un Uruguay irreconocible, mutilado, que va cortando a pedazos, para vender como chatarra, su otrora reconocida cultura.

Volviendo desde la digresión al documento que venimos comentando digamos que en él se propone, a texto expreso, una estrategia para muchos años y no para un gobierno (en todo caso para varios) ni tampoco solamente para la acción gubernamental sino para todas las demás.

El mundo no se acaba a fin de año. Ni siquiera en próximas elecciones.

Y la vida va sembrando a raudales problemas «nuevos» o versiones nuevas de problemas viejos.

El asunto actual de los puentes, el del Uruguay bloqueado, rompió esquemas y puso sobre la mesa, como tantos otros, el tema de nuestro destino y por ende el de nuestra estrategia en política internacional. Con todo lo que ello significa en los marcos de un mundo a su vez cambiante.

Obligó además, a los cuatro partidos con representación parlamentaria, a estrechar filas en torno al gobierno que casualmente es de izquierda, en una nueva versión de la «multipartidaria» que, si no me equivoco, es la primera luego de los años gloriosos del combate a la dictadura (podría decirse que cuando Lacalle citó a todos los partidos para poner en marcha el Mercosur también se vivió un momento de unidad parecido).

El bloqueo terminó de poner al Mercosur en tela de juicio y, con ello, gran parte de la política internacional de Uruguay.

Tanto en el seno del Partido Nacional (documento de Sergio Abreu) como en el Frente Amplio (documento recientemente hecho y publicado en tiempo récord) y seguramente en breve en el Partido Colorado este debate es ineludible.

Nadie lo decidió: fue la vida. Pero tampoco nadie podrá imaginar hoy que ese desafío es para unos meses o pocos años: lo que decidamos, la opción, será estratégica.

El mundo en el que vivimos hasta hace pocos años fue diseñado y decidido en los primeros meses de 1943.

Rooselvelt y Churchill (Conferencia «Trident»), con el apoyo casi inmediato de Stalin, en plena guerra (poco después de Stalingrado y El Alamein) decidieron crear la ONU, el Consejo de Seguridad, la Unión Europea, la Federación Yugoeslava, la de América del Sur, y así sucesivamente.

Con «pequeños» ajustes ello se aplicó durante sesenta años. Pero desde hace diez, cuando desapareció la URSS, se viene procesando un nuevo «diseño». Los problemas que hoy tenemos forman parte de un trabajo de «parto». Si se quiere, puede oírse al viejo topo escarbando el subsuelo de la Historia.

Pero como no hay peor sordo que el que no quiere oír, también se puede, incluso en la izquierda, volver a enamorarse de Greta Garbo, los trajecitos «tailleur», los zapatitos de taco bajo (primeros unisex impuestos por la moda militar de posguerra) e inaugurar con bombos y platillos la cosmética de masas inventada también por Estados Unidos. Abandonando, eso sí, como símbolo de modernidad, los rubores, verdines y carmines artesanales de los viejos tangos.

Para un país envejecido, con una izquierda que por lo tanto paga tributo al país en el que vive, esa modernización, ya en la puerta del BPS, puede parecer revolucionaria. Pero sólo es vieja.

Irremediablemente veteranos (piadoso eufemismo) podemos leer hoy con cariño arqueológico que la Reforma Agraria consiste en sacarle (no queda claro si a la fuerza o por razones de utilidad pública con la debida indemnización que marca la Constitución) las tierras al latifundio para ponerlas en manos del Estado que es quien mejor las puede explotar (tampoco queda claro con qué inversiones), para producir allí la riqueza que permita pagar sueldos, jubilaciones y demás prestaciones estatales (no se aclara quién y cómo le paga el salario y demás prestaciones a los privados si es que luego de eso llega a quedar alguno en el PIT-CNT). En suma: una visión recia (misericorde eufemismo), patética y trágica, del «socialismo» que consiste en transformar al Uruguay en una colosal oficina pública, ahora también pastoril, agreste y tambera.

En aquellas avizoradas futuras y lejanas Estancias del Estado habrá cargos de confianza para cubrir luego de cada elección, reloj para hacer marcar tarjeta en la tranquera, estacionamiento gratuito, baños para probarse la ropa que traerá el contrabandista, pases en comisión de un tambo a otro, concursos para entrar y ascender cuando el Frente gane las elecciones, o tarjeta de recomendación cuando las pierda, contratos de obra, pasantías, viáticos, ascensoristas, sociólogos, psicólogos, asistentes sociales, consultorías, sanatorios privados, topes jubilatorios, campo de vacaciones, y cantina subsidiada. Masiva afiliación a COFE que pasará a ser, por lejos, el mayor sindicato del mundo.

Que nadie se ría: esto ya pasó. Así era (a veces peor), el Socialismo Real que se hizo mierda.

Esta «propuesta» estratégica, recién repetida (como el ajo), logrará lo que ya logró en anchos confines: luego del fusilamiento de muchos compañeros, en especial de los anarquistas, el latifundio pasará de las manos actuales a las de un puñado de grandes burócratas que, a su vez, cuando todo se haga
bosta (estamos hablando de vacas) serán, como está a la vista, la vanguardia del capitalismo. Porque vanguardia son siempre.

En su defecto, la gran propuesta estratégica que hemos estudiado con cariño nostálgico propone desde el reuma y las canas un impuesto de Ferreira Aldunate.

Hablaré con Astori al respecto: cuando era joven, hace medio siglo, trabajó con Wilson en eso. Capaz que sale. *

 

(*) Senador de la República

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje