PARTIO A LA ISLA CON OTROS 140 PACIENTES OFTALMOLOGICOS

Viajó ciega a Cuba para operarse de cataratas y ahora no sólo ve sino que volvió "a la vida"

Hace dos años, Inés Messano comenzó a perder la vista producto de las cataratas diagnosticadas en ambos ojos. El daño fue aumentando progresivamente hasta provocarle ceguera. «Me tenían que ayudar a caminar y hasta comer. No podía hacer nada sola».

La mujer consultó en varios hospitales de Montevideo, pero después de un tiempo se «cansó de dar vueltas» por las distintas instituciones sanitarias. «Hasta que un día me enteré por los medios de comunicación que existía este programa y en cuestión de horas me cambió la vida».

Luego de someterse a una evaluación médica, Inés fue incluida en el programa conocido como Operación Milagro, impulsada por Cuba y Venezuela, y surgida para atender a miles de venezolanos con afecciones oculares. Esta iniciativa se extendió a Bolivia, Guatemala y otros países del Caribe, así como también a Uruguay.

Pueden acceder a este programa los beneficiarios del Plan de Emergencia, quienes no tienen que desembolsar ni un peso para ser intervenidos. Ni siquiera para tramitar el pasaporte porque es costeado por el gobierno uruguayo. Unas 400 personas ya fueron intervenidas quirúrgicamente y un número similar se encuentra en lista de espera.

Inés estuvo en el último grupo, integrado por unos 140 pacientes, que partió el 7 de febrero pasado desde Montevideo hacia la isla cubana. La mujer viajó con un sobrino y ambos se instalaron en la Villa Misión Milagro, un centro de internación ubicado a 20 kilómetros de La Habana. «Desde ahí nos trasladaban en ómnibus a distintos hospitales de la capital de Cuba para hacernos estudios o someternos ya a las operaciones», contó ayer a LA REPUBLICA luego de caminar desde un ambiente de la casa a otro sin necesidad de ayuda. A la semana de haberse instalado le operaron un ojo, mientras que el otro fue sometido a cirugía seis días después.

 

«Sin ganas de vivir»

Cuando descubrió que había recuperado la vista dijo que lloró de la alegría. «Ya no tenía más ganas de vivir, es horrible estar ciego y que alguien te tenga que ayudar para todo. Ahora volví a vivir, tengo ganas de volver a cocinar y caminar por el barrio».

Para Inés, lo más importante de recuperar la vista fue «conocer» a la bisnieta de seis meses, que nació cuando la mujer ya no veía prácticamente nada. Estaba agradecida y a la vez sorprendida: «Hasta me dan los lentes para ver. Estos me los regalaron allá», dijo ayer señalando los anteojos oscuros con marco de carey.

Además de recuperar la visión, la mujer aprovechó para conocer parte de Cuba. «Cuando nos trasladaban de la villa a La Habana recorríamos la ciudad y me encantó», comentó quien nunca se había subido a un avión con destino a otro país.

La experiencia «gratificante» que vivió esta mujer de 85 años la llevó a recomendar el tratamiento a quien lo necesite. «Ayer me llamó una señora para preguntarme cómo era el proceso médico y yo le dije que fuera tranquila».

Ahora tiene que someterse a controles y seguir una serie de indicaciones como no mirar televisión ni fijar la vista en algo determinado durante mucho tiempo. «Voy a disfrutar de esta oportunidad que me dio la vida hasta que Dios lo permita. Espero que sean unos largos años». *

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