Guianze Fiscal de Corte: otro caso Peri
El Uruguay de los éxitos y de las crisis se ha construido al pulso de la suerte de las tres grandes vertientes que tiene el país. La vertiente republicana fundamentalmente residente en el Partido Colorado liberal en el siglo XIX y el Batllismo en el siglo XX-, la nacionalista, la que trabajó en cierta manera el Partido Nacional, y la vertiente socialista, en particular la no marxista fundada por Frugoni y mutada luego en bastante marxista en el Frente Amplio. La realidad es más compleja y combinada y, obviamente, hay nutriente socialista en el Estado del Bienestar construido por el Batllismo en la primera mitad del siglo XX, así como hay componente republicano en la trayectoria del nacionalismo independiente, por poner tan sólo dos ejemplos.
Es evidente, asimismo, que las tres vertientes están en crisis. El republicanismo batllista un liberalismo radical, para decirlo con palabras de Goran Lindhal, cuyo mensaje central era que construir democracia pasaba por demoler a los poderes fácticos- se transformó paradójicamente en funcional a los poderes fácticos, para decirlo de modo delicado. La corriente socialista en una primera fase descubrió en 1989 que todo el socialismo real no sólo era una completa falacia sino que tuvo cinco veces más víctimas que el nazismo y, en una segunda fase, está, con sus hechos, poniendo en cuestión el discurso de la patria grande contra el imperialismo. A su vez, la vertiente nacionalista entra en crisis muerto Wilson porque se vio que Wilson fue el único él solo- blanco de centroizquierda y el nacionalismo conservador tan luego es bastante estéril. Tal cual se está viendo en esta crisis de soberanía que tenemos con Argentina en que el nacionalismo no parece alimentar para nada cuando debiera ser su hora- el discurso nacional.
Resulta evidente, asimismo, que la triple crisis es consecuencia de una espantosa crisis de elites. Y que sólo se la podrá enfrentar si los republicanos radicales son mejores republicanos radicales, si los socialistas son mejores socialistas y los nacionalistas son mejores nacionalistas. Todos fogoneros así de un mejor país.
En el mundo de hoy época de síntesis- ello quiere decir que un republicano será mejor no solo si tañe mejor las cuerdas propiamente republicanas sino si, a su vez, incorpora buenos componentes del socialismo y del nacionalismo. Así como los nacionalistas precisan más republicanismo o elementos del Estado del Bienestar al que se opusieron y los socialistas se hacen más republicanos y más socialistas.
Todos, en suma, debemos ser ideológicamente mejores en nosotros y en lo que necesitamos imprescindiblemente absorber de las otras corrientes. Hoy los países se vuelven más competitivos y prósperos en la medida que mejor articulan sus corrientes de pensamiento. Ya no la polarización sino la autarquía y la autosuficiencia ideológica es letal.
¿Un déficit republicano?
Lo anterior viene a cuento porque así como en otras oportunidades nos hemos referido a los faltantes del republicanismo- vamos a aludir en esta ocasión al déficit republicano de la vertiente socialista hoy en el Gobierno de la nación. Para empezar los poderes fácticos parecen gozar de buena salud. La idea central no parece ser combatirlos sino transar con ellos cuando no congraciarse con los mismos. El tema Buquebus dibuja una metáfora horrible. Contra el apoyo económico de un empresario se le otorga una ampliación de concesión y cuando sus barcos casi naufragan -y se ve que no tienen salvavidas para la mitad de los viajeros- ni se le observa o sanciona. Y si los poderes fácticos mantienen su actual poder desproporcionado (monopolios de medios de comunicación audiovisuales, contrabando, lavado de dinero, corrupción policial, etc.) no hay futuro ni de república ni de progresismo.
Para continuar el Poder Ejecutivo ha ampliado sus facultades en cuanto a la centralización de los Servicios de Inteligencia puestos ahora bajo directo mando presidencial, sino que, además, también se incorporó una disposición legal en el Presupuesto que genera una entidad burocrática entre el Fiscal de Corte y el Ministro de Educación que sólo puede operar a favor de cercenar la autonomía Fiscal.
Es decir, el nombramiento del nuevo Fiscal de Corte se ha convertido en un test de republicanismo del actual Gobierno. ¿Nombrará un Fiscal de Corte respetuoso de la ley para superar el tiempo negro del Fiscal Peri? Al parecer, sin embargo, el Poder Ejecutivo se inclina por designar a Mirta Guianze e institucionalizar el «continuismo» antirrepublicano.
El Ministerio Público en una república
Tres son las principales razones que, a nuestro juicio, llevan a afirmar que la propuesta de la Fiscal Mirta Guianze para ocupar el Fiscalato de Corte constituye una propuesta antirrepublicana.
Para empezar debe hacerse notar que el actual sistema que rige en el país el Fiscal de Corte bajo la órbita del Poder Ejecutivo- es el menos republicano de América Latina. En efecto, Uruguay es el único país latinoamericano donde el Fiscal de Corte está en la órbita del Poder Ejecutivo. Ello se puede ver en el cuadro siguiente.
No solamente Uruguay es un caso único en cuanto a hacer orbitar al Fiscal de Corte bajo el Poder Ejecutivo, sino que debe tenerse en cuenta que en 9 de los 18 países elige al Fiscal de Corte el Parlamento con independencia de la opinión del Presidente (en Uruguay el Ejecutivo lo propone). En 5 de los 18 países participa de la elección la Suprema Corte de Justicia o el Consejo de la Magistratura. En un país al Fiscal de Corte lo eligen los principales Fiscales. En Argentina, la propuesta del Ejecutivo requiere 2/3 de votos senaturiales (como si en Uruguay en lugar de los 19 requeridos fueran necesario 21 senadores). En Costa Rica al Fiscal de Corte lo elige la Corte de Justicia, como proponía en Uruguay Justino Jiménez de Aréchaga, el primero, cuando se creó el cargo en 1907). Siendo entonces el caso uruguayo un caso poco republicano es claramente desaconsejable nombrar un Fiscal de Corte con la óptica «Perista» de sobredimensionar el cargo.
En segundo término, debe destacarse que la Fiscal Guianze no fue una «Perista» cualquiera. Cuando Peri Valdez al grito de que la Fiscalía era el «eje de la justicia» violaba la autonomía de los fiscales, generaba órganos de vigilancia de fallos, violaba la Constitución haciendo que el Estado llevara listas negras, articulaba pesquisas ilegalmente con la policía a la que hacía realizar escuchas telefónicas sin autorización de juez, se enfrentaba periódicamente con la Suprema Corte de Justicia que lo acusaba de violar la ley y la Constitución, abría correspondencia de jueces era una tropelía andante severamente criticado por el actual Subsecretario Felipe Michelini, que se constituyó en el primer Fiscal de Corte destituido de la República- la fiscal Mirta Guianze declaraba que Peri era el mejor Fiscal de Corte de la historia y, como Presidente de la Asociación de Fiscales lo apoyaba, originándose así el vaciamiento de esa Asociación por renuncia masiva de Fiscales a integrarla. Su designación sería la peor señal del Poder Ejecutivo a la Justicia en este país.
En tercer término, la vinculación de Peri con un sector político colorado hizo que fuere acusado siempre de ser un Fiscal de Corte de facción. Con el daño que el «faccionismo» político le hace a la justicia. Pues bien, el principal mérito que tiene la Fiscal Guianze es su estrecha vinculación y militancia con el Partido Socialista. La Fiscal Guianze ha hecho pesar en sus fallos no ya sólo las diferencias entre partidos sino incluso según las divisiones existentes al interior de los partidos. Por ejemplo, en la interna del Partido Soci
alista. Ella, yo, Gonzalo Fernández y Hebe Martínez Burlé lo sabemos bien. *
(*) Periodista
Compartí tu opinión con toda la comunidad