El decreto antitabaco debutó ayer sin sobresaltos y con un alto acatamiento
Los ceniceros desaparecieron. Los carteles alertando sobre el decreto 268/05 se multiplicaron. Y la postal vista en los bares y restaurantes resultó extraña. Es que ayer comenzó a regir la veda del cigarrillo, decretada por el presidente Tabaré Vázquez en setiembre del año pasado. «Ya no hay vuelta atrás», como dijo la dueña de un tradicional bar de la Ciudad Vieja.
Regina Rebmann, propietaria del Café Bacacay, contó que su comercio funcionó «sin problemas. La gente fue muy respetuosa de la norma y la mayoría estaba al tanto. Sólo un extranjero encendió un cigarrillo, le explicamos que no se podía fumar y se fue».
En el Expreso Pocitos, de avenida Brasil y Benito Blanco, un turista extranjero también se prendió un cigarrillo dentro del local y recibió la advertencia del dueño del comercio. «Se mostró sorprendido por la medida pero en ningún momento se enojó», relató Daniel Ramos, quien dudó de la fiscalización que plantea la norma.
«Yo no tengo personal femenino, eso quiere decir que si entra una clienta a fumar al baño nunca la voy a poder controlar». Ramos sostuvo que en las mesas de afuera «hubo gente toda la mañana, estuvieron llenas todo el tiempo». Eso fue lo que hicieron Gimena Scott, de 19 años, y Mariana Rosendo, de 23. «Mientras haga calorcito optaremos por las mesas afuera y en invierno nos pondremos una bufanda», comentaron.
Todos los consultados ayer por LA REPUBLICA manifestaron que el estreno de la norma se desarrolló con tranquilidad y alto acatamiento. La mayoría de los clientes estaba al tanto de la disposición, por lo que fueron pocos los que se animaron a prender un cigarrillo en un lugar cerrado.
Ni en la Jefatura de Policía
Los fumadores también debieron abstenerse ayer a la tentación de prender un cigarrillo en sus puestos de trabajo. En la Jefatura de Policía de Montevideo la disposición se cumplió a rajatabla. «No nos dejan fumar. Estamos todos como locos pero tenemos que ir afuera», confesó un efectivo policial.
Noemí Richero, secretaria de gerencia de la arrocera Coopar, también padeció la medida impuesta por el gobierno. «Cuando llegamos había en la PC un mensaje de la dirección que alertaba sobre la prohibición de fumar. Por eso hoy fumé antes de entrar, cuando salí a comprar el almuerzo, y en un rato voy a salir a un patio al aire libre de la empresa», contó.
Richero reconoció que «es cierto que el tabaco hace mal a la salud, pero creo que la forma de revertir el hábito no es a través de la imposición. Qué pasa con la gente que toma o se droga y se pone violenta», se preguntó quien consideró un error «que los gobernantes tengan que ejercer su función por decreto».
En el frigorífico Picorell también se acató la norma. «En realidad en el 90 por ciento de la fábrica ya no se podía fumar porque es sector de planta. Pero la gente de mantenimiento tiene acceso a exteriores y no creo que haya problema de que fumen afuera», explicaron.
El director general de la Salud, Jorge Basso, no precisó la cantidad de multas que se labraron porque faltaba controlar en el horario nocturno. Pero sí dijo que en la línea de denuncias que habilitó la cartera sanitaria, antes del mediodía «ya había 40 llamadas, de gente pidiendo información y de ciudadanos advirtiendo a comerciantes infractores».
Basso aclaró que «no hay ánimo punitivo sino presencia», y detalló que los controles empezaron por el mismo Ministerio de Salud. *
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