LA REINA Y CONTRAFARSA TAMBIEN HICIERON SU DEBUT EN EL CONCURSO

La comparsa lubola Yambo Kenia cumplió una actuación de antología

Y otra vez el clima cálido y multicolor de las tribunas colmadas, en especial el sector de platea alta, que desde temprano muestra la animación y la ansiedad de un público ávido de ver a sus conjuntos, victoreando los nombres de las agrupaciones, agitando banderas y carteles, reservando las principales emociones y ovaciones para cuando el animador Mario Ríos lo anuncia después del infaltable «Â¡título!», y para el final, cuando llega el clímax de la bajada, donde cada agrupación busca sacar todo de sí para dejar la mejor impresión de su espectáculo.

 

La silla de la Reina de La Teja

Luciendo un buen vestuario y un excelente maquillaje realizado por José Dorta, irrumpe la murga de José Morgade; una Reina que se presenta pisando firme, mostrando a corazón abierto el producto de esta amalgama que integra dos vertientes muy definidas de murga, buscando a través de la propia propuesta, pero como si transitara por carriles paralelos al espectáculo en sí, demostrar que es posible congeniar dos «escuelas» que han demostrado además, a lo largo de los años, ser tan valederas y murgueras, tanto una como la otra. El aporte además, de cada estilo, está dado por figuras de indiscutible trayectoria, que a pesar de los años y el paso del tiempo, demuestran que todavía tienen mucho para dar. Como pisando delicadamente por esa línea, va el ingenioso y creativo Leonardo Pereira, algo así como el pivote del espectáculo de la Reina, que nos propone reflexionar acerca del «hombre y la silla», con momentos de honda reflexión, como cuando se hace mención a las sillas que continúan vacías. En general, todas las situaciones relacionadas con la silla alcanzan aciertos, como la perspectiva del futuro a través de la figura del tarro de pulidor, con un muy buen trabajo escénico. La labor de José Gabriel «Tobi» Morgade es toda una revelación, demostrando sin traumas y con mano eficiente, haber sabido recoger de su padre, la batuta histórica de la murga. La mención en la despedida a la patria peregrina  a «los veinte departamentos» , es como un afinado clamor popular cantado con una polenta bárbara, marca de fábrica de la Reina.

 

Gran espectáculo de Yambo

Aún saboreando las mieles del triunfo en el Desfile de Llamadas, la comparsa de Carlos Larraura pasa por las tablas del «Ramón Collazo» como una ráfaga de viento fresco que despeina viejos conceptos, derriba esquemas y renueva el aire de la categoría, confirmando que aún hay mucho por hacer, y que la propia categoría en sí, ofrece infinitas posibilidades expresivas, al contrario de lo que algunos puedan suponer. Notable puesta en escena, ajustada, minuciosa, sin nada librado al azar, producto de la inventiva y la capacidad de Luis Trochón; sobriedad, colorido y adecuación del vestuario, coreografía impecable muy bien ejecutada, y un cuidado extremo de todos los detalles. Si el silencio que invadió las plateas colmadas del Teatro de Verano cuando se representa la historia desarrollada en nuestra vieja San Felipe y Santiago de Montevideo, en 1824, si ese silencio decimos, no es comunicación, entonces la comunicación no existe. La historia de Mariquita nos atrapa, con su música, con sus luces, su desarrollo; un hilo conductor más cantado y más parte de la trama argumental que pegamento entre cuadros y situaciones. Si de destacar un momento se trata, nos viene a la memoria el viaje a San Felipe y Santiago, con el «mar de bailarinas», las velas, la tripulación del barco, dando fe al viejo axioma que dice «hay que verlo para disfrutarlo». Lo de Yambo fue una auténtica ópera negra, con notables aciertos en la temática, en la interpretación, en la forma y en el contenido. Tal es así, que hasta los habituales papelitos plateados que casi todos los conjuntos lanzan en escena, transformados en lluvia tuvieron la oportunidad de decir lo suyo.

 

Los milagros de Contrafarsa

Pueden ser muchos, y de seguro van más allá de la propuesta artística que la murga presenta en el Carnaval 2006. Porque de alguna manera, la propia Contrafarsa aparece nuevamente en el firmamento carnavalero, procesando sus cambios internos, poniendo a prueba una profunda renovación y apostando también ¿por qué no? al milagro de estar y protagonizar la fiesta de Momo. El abajo y el arriba que «la Contra» recrea, a veces sugiere y que otras lo da por sobreentendido, es también el abajo y el arriba de todas las cosas, y para reflexionar con profundidad la puesta en escena de «Coco» Rivero apela a una serie de recursos que son bien empleados e interpretados. También la murga de Sayago, amalgama este año, diferentes vertientes, no ya en lo que tiene que ver con el estilo o la manera de hacer murga, sino también, en aspectos puntuales que se relacionan con la interpretación propiamente, y ejemplificamos ello en las figuras de Julio «Carraspera» Mañana y Carlitos Prado. Aunque en algunos pasajes, la murga brega para encontrarse con su mejor historia, con sus propias señas de identidad, la «corte de los milagros» asoma desde la subterraneidad, para regalarnos una despedida que reivindica a las personas con capacidades diferentes, habitantes también de otros mundos, que aunque excluidos u olvidados, como escribió Paul Eluard, «están todos en este». *

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