La Ultima Paradoja

Jueves 02 de febrero de 2006 | 9:40
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“…Y el Corto agarró y se murió”. Así parafraseó el propio Horacio Buscaglia a Juceca, cuando éste murió. Así Juceca había escrito la muerte de Alfredo Zitarrosa. Y, probablemente, así le hubiera gustado al Corto que se escribiera sobre su propia muerte.

Se deberá abundar sobre los talentos artísticos, teatrales, musicales, publicitarios, periodísticos, radiales, carnavaleros, etc. de Horacio. Si el genio es una larga paciencia y una súbita impaciencia, como alguien definió, el Corto es un genio impaciente, porque en él todo es súbito y todo genial.

Pero además de lo que se deberá recordar, escribir y reconocer del Corto, tiene que anotarse su capacidad de ser un individuo intergeneracional: pertenece a los sesenta, a los setenta, a los ochenta, a los noventa y hasta al nuevo milenio. Tal es su vigencia y su capacidad de renovación.

Desde Musicasión a Los Guapos, desde Eleanor Rigby a los libretos de Diablos Verdes, desde la mordacidad política, al Profesor Paradójico, a su activismo. El Corto es todo eso en uno. Un hombre de izquierda, comprometido con el sueño, con el ideal del hombre nuevo.

Protagonista de todos sus tiempos, Horacio es un hombre de la resistencia, de aquel insilio que se quedó encerrado dentro del Uruguay cercado por la dictadura. Desde allí también sobresalió. Con el mensaje criptado, el susurro de la calle, la convocatoria prohibida. En aquellos días de La Radio.

Expirando inspiración. Caóticamente organizado. Mordazmente serio. Capaz de decidir cuándo sería la última cita, aunque alguna vez escribió sobre lo dificil de escribir la última carta. El Corto deja un inmenso espacio vacío. Esa es, quizás, su última paradoja. *

 

Roger Rodríguez

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