La hora de transformar al Mercosur

¿Integración regional o nacionalismos estrechos?

En América Latina están ganando los movimientos progresistas. Los recientes resultados reafirmaron el proceso de cambios en Chile mediante la elección de Michelle Bachelet como la primera presidenta del país, y en Bolivia consagraron la victoria de Evo Morales, verdadero hito en la historia Latinoamérica luego de 500 años de dominación y exclusión de las etnias indígenas. Estos hechos, junto a los ocurridos en Brasil, Argentina, Venezuela y Uruguay, constituyen un contexto alentador para el desarrollo de políticas progresistas de solidaridad, cooperación e integración entre nuestros pueblos.

Pero así como nos conmueven estos resultados también nos preocupan hondamente el paradójico renacimiento de ciertos nacionalismos estrechos, e incluso de algunas expresiones de chauvinismo retro. La disputa con la hermana República Argentina en la que nos encontramos inmersos, en forma lamentable y sin nuestra responsabilidad, no ha carecido de estos ingredientes. De esto sólo se sale por la vía del diálogo, de la grandeza y firmeza, reafirmando el proyecto común, y con la intervención de los socios actuales y potenciales. Este no es un problema que afecte solamente a los habitantes de ambas márgenes del río Uruguay o a dos países de la región, aquí está en juego el propio proyecto de integración. Por eso, y para despejar suspicacias, expondremos nuestra visión del mismo.

La creación del Mercosur fue una decisión de gran trascendencia para nuestro país.

En el año 1991 la situación internacional mostraba, primero, que tras la consolidación de la Unión Europea, y ante los desafíos de la globalización, había una clara orientación internacional favorable a la constitución de bloques económicos. Segundo, que Argentina y Brasil habían iniciado un proceso de integración. Tercero, que EEUU, Canadá y México avanzaban hacia la conformación de otro bloque. Cuarto, que Uruguay transitaba por un proceso de apertura económica indiscriminada y unilateral. Lo primero porque había reducido los aranceles y el tipo de cambio, lo cual impedía preferir países o productos. Lo último porque insólitamente no negociaba contrapartidas para la apertura de su mercado.

En este contexto, desde la izquierda uruguaya dimos un apoyo crítico a la integración. Aspirábamos a que el país no quedara marginado del comercio regional y a sustituir la apertura irracional hacia el mundo por una apertura selectiva hacia la región. En tanto el bloque se dotara de una protección podría negociar grados de apertura con la Unión Europea, los EEUU y el resto de los países desde un posicionamiento más fuerte.

Pero queríamos un proyecto geopolítico más ambicioso: conformar una región que se fortaleciera, partiendo de la mayor integración comercial, por la vía de acuerdos productivos, desarrollos zonales y fronterizos, cadenas regionales de valor agregado, coordinación de políticas económicas, sociales, culturales y científico-tecnológicas, y el desarrollo de instancias políticas comunes.

 

El camino recorrido

El Mercosur no ha pasado de una zona de libre comercio. Es cierto que no es total, que hay excepciones y que todavía se lucha por reimponer alguna barrera arancelaria, pero ello es un logro muy destacable. Sin embargo, esta zona de libre comercio tuvo serias dificultades a partir de 1995 que le impidieron avanzar hacia la Unión Aduanera. El Arancel Externo Común ha tenido innumerables perforaciones y postergaciones de la fecha para entrar en vigencia sin excepciones. En el fondo, el Mercosur logró en la fase inicial un crecimiento acelerado del intercambio, sobre la base del retraso cambiario común y simultáneo que hacía más convenientes las exportaciones a la región que al resto del mundo. Por ello las crisis regionales detuvieron ese crecimiento del comercio intra Mercosur. Se verificaron incluso toda clase de trabas.

Resulta paradójico que el ascenso de las izquierdas se traduzca en proteccionismo vinculado con la presión de los grupos económicos y con la gravitación de los intereses políticos locales en el marco de procesos políticos u electorales internos, aunque también es cierto que se aprobó un fondo inicial de convergencia estructural para compensar las asimetrías entre los países fuertes y los débiles.

 

Los cambios actuales

Hoy el Mercosur apunta a un mayor desarrollo, al encarar con empuje áreas diversas y al incorporar nuevos miembros, no sólo como asociados sino como plenos, tal como sucede con Venezuela (y como sucederá con Bolivia). Este hermano país, con más de 20 millones de habitantes y una pujante economía apoyada en el alza de los precios del petróleo, complementaria de las economías del Mercosur, puede ser un aporte muy interesante para los equilibrios internos y aumentar el peso del bloque a la hora de las negociaciones externas.

A la vez que se ha concretado el acuerdo para la creación del Parlamento del Mercosur, para desarrollar un poder legislativo fuerte a nivel regional, capaz de representar los intereses de las distintas corrientes políticas, de codirigir el proceso de integración, compensar el déficit democrático y desarrollar progresivamente la supranacionalidad.

En un área sensible y fundamental para el desarrollo como lo es la energía apunta en una dirección realizable la red de gasoductos acordada entre Venezuela, Brasil y Argentina.

 

El Mercosur que necesitamos

Más allá de los logros y carencias que señalados, es hora de transformar al Mercosur, dándole un renovado impulso y hacerlo avanzar hacia una convergencia de políticas. Con ese propósito destacaremos algunas cuestiones específicas.

En forma muy limitada se ha avanzado en los Foros de Competitividad, como en la madera, hacia las cadenas de producción regionales. Deben ser un objetivo prioritario para el Uruguay con el fin de generar empleo. Es necesario destacar al mismo tiempo los mecanismos de financiamiento autónomo, como la creación de un Banco de Inversiones. También se debe encarar en conjunto la administración de un recurso preciado como lo es el Acuífero Guaraní, y las posibilidades de comunicaciones fluviales que ofrece la cuenca del Plata y la hidrovía.

La integración debe dar un salto cualitativo y vincular a las sociedades y las culturas. Desarrollar la Carta Sociolaboral. Internalizar el Acuerdo Migratorio de Salvador de Bahía de 2002. Diseñar una política comunitaria para la complementación y financiación de las actividades educativas, la investigación científica y la innovación. Integrar las industrias culturales y las políticas para la defensa de la identidad común y de las respectivas identidades nacionales

En materia militar, Uruguay cuenta con amplia experiencia en el multilateralismo, fundamentalmente con la participación en Misiones para el Mantenimiento de la Paz. Pero es necesario jerarquizar decididamente la cooperación militar regional. Un caso de vinculación directa entre ambas cuestiones lo constituye la misión en Haití.

Ajustar y desarrollar los mecanismos para la negociación internacional como bloque, «con una sola voz», consensuando las estrategias a llevar adelante en la OMC, y ante los principales polos mundiales. El multilateralismo no sería viable sin la multipolaridad reforzada por el ascenso de China e India.

Esta política uruguaya hacia el Mercosur es complementaria del bilateralismo que estamos desarrollando. Se debe tener en cuenta el comportamiento de los socios y no ser ingenuo a la hora de defender nuestros intereses. Por algo Tabaré Vázquez protestó en relación con la negociación de una Cláusula de Adecuación Competitiva para el repa
rto de mercados entre Brasil y Argentina. Ya firmamos distintos acuerdos con Venezuela y aprobamos el acuerdo de inversiones con EEUU. Y si es posible avanzar en tratados de comercio con EEUU, o con otros países, bienvenidos. Pero una cosa son acuerdos de comercio y otra tratados de libre comercio (TLC), salvo que estos últimos sean negociados por todo el bloque. La excepción del TLC que firmamos con México no creo que se pueda extender, porque introduciría nuevas perforaciones al Arancel Externo Común. Ningún bilateralismo debe poner en riesgo el espacio privilegiado del Mercosur. Podemos y debemos encontrar nuevos caminos para relanzar un gran proyecto histórico de raíz artiguista, única posibilidad de ser interlocutores en un mundo definidamente multipolar. *

 

(*) Senador de la República

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