Recuperar unidades productivas mediante autogestión

El futuro Uruguay: precio justo, comercio solidario, cooperación

Componían la delegación el ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi; José Alvariño, de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Producción; la ingeniera Elena Bing, directora de la Dinapyme en representación del Ministerio de Industria (MI) y el contador José Sarachu, veterano militante del movimiento cooperativista uruguayo, en su calidad de presidente de la Comisión Honoraria del Cooperativismo, que funciona en la órbita de la OPP. Bing puntualizó que «la recuperación de unidades productivas es prioridad para el gobierno». Los integrantes de Coopima condujeron una recorrida por las instalaciones, en la que el ingeniero Troncoso (encargado técnico de Polímeros), aportó detalles que muestran la versatilidad de la planta y su muy buen estado de conservación. Estas características llamaron la atención de Bonomi que manifestó gran interés en recuperar la fuente laboral.

 

Breve historia

Polímeros Uruguayos se instala, en principio, para abastecer de fibra poliester a una industria textil que tenía, en aquellos años, una importancia muy grande en la economía nacional. Firmas como Sudamtex o Paylanas participan del emprendimiento original. Declarado de interés nacional, la comuna maragata donó el predio de 20 hectáreas que hoy ocupa. La inversión se realizó en dos etapas, una primera que puede estimarse en U$S 4 millones y una segunda, para ampliar la planta, de unos 7 millones de dólares más. Polímeros facturaba 12 millones de dólares por año, por lo que es razonable pensar que los inversores se llevaron buenos réditos, antes de cerrarla en 2000.

La inversión total para reactivarla se estima en unos U$S 2:300.000, en el primer año se podrían manufacturar 250 toneladas por mes, 370 en el segundo y 600 en el tercero.

Los cambios que proponen los cooperativistas, en el proceso productivo, tienen un componente fundamental: en lugar de material virgen la industria usaría Pet reciclado. Esta modalidad de trabajo tiene varios componentes, que no por laterales son menos importantes. Tendría un impacto ambiental positivo por su capacidad de reutilizar hasta el 100% de los envases que hoy son basura. Las personas que los juntan en San José reciben unos $ 2 por kilo y los acopiadores en Montevideo los colocan a unos $ 7 el kilo. Así, Coopima se plantea lograr un importante impacto social, apoyando que los recolectores se organicen también en cooperativas y que ellos entreguen el material limpio y molido. Comprarían todo lo que se les suministre con los conceptos de «precio justo» y «comercio solidario», como base para relacionarse con los hurgadores así organizados. Hoy se recuperan unas 600 toneladas mensuales que mayoritariamente se exportan. Para el arranque, la cooperativa, que cuenta con 45 asociados, necesita unos 90 operarios y sólo dos meses, o menos, para poner a punto la industria.

 

Causas del cierre de Polímeros

«En los comienzos de los 90, las políticas neoliberales impulsadas por el gobierno del doctor Luis Alberto Lacalle abrieron las puertas a las importaciones. Primero fueron las prendas de origen chino, luego telas e hilados (…)», dijo a LA REPUBLICA uno de los trabajadores. Imposibilitada de «competir», la industria textil uruguaya comenzó a caer en picada. «La desindustrialización del país, y no la reconversión como se anunciaba, trajo la necesidad de apuntar a la exportación. El producto era de excelente calidad, pero por alguna razón, los inversores que venían fueron endeudando a la fábrica, hasta que en 2000 prácticamente se le abandonó. Ya había dado, para algunos, lo que podía rendirles».

En este sentido, el ministro dijo a los cooperativistas que a los emprendimientos se les consideraba «de interés nacional y social» hasta que «no servían más» a los inversores. Eso ha cambiado, aseguró. Ahora son fuentes de trabajo que «hay que sacar adelante… hay que ver cómo se puede». Los pasos a seguir para intentar conseguir los recursos que impulsen el proyecto Coopima quedaron acordados. En primer lugar, la cooperativa deberá acordar con el Fondo de Recuperación la manera de hacerse de la propiedad de la empresa y conseguir el financiamiento que «es nada para lo que puede dar la fábrica». Brasil importa unas 36 mil toneladas por año de las que Coopima. podría suministrar hasta 400 en el primer año y 600 en el segundo.

Se calcula que en tres años el emprendimiento despegaría y superaría limitaciones como la disponibilidad de capital de giro, necesario para su expansión. Las posibilidades son reales.

Los cooperativistas fueron a Venezuela y a Brasil donde tuvieron lugar reuniones de «empresas recuperadas» por los trabajadores. En Sao Pablo se contactaron con empresas que pueden suministrar materia prima si falta y, entre las «recuperadas», hay textiles brasileras que podrían acordar la compra de fibra. Todo se basa, según la óptica de los cooperativistas, en cambiar los puntos de vista para darle al emprendimiento un profundo sentido social, solidario y cooperativo, que trascienda fronteras. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje