DEL ESTALLIDO NECESARIO A LA CONDUCTA PATOLOGICA

La violencia en la adolescencia

La adolescencia es un momento de violencia: en pocos meses al niño le cambia el cuerpo, «tiene un estallido corporal, hay un corte y una discontinuidad que hace que se sienta otra persona». A esto se le suman una cantidad de ideas y fantasías nuevas. Ese proceso también es violencia, es un «traumatismo interno necesario» pero no nos damos cuenta.

Para que esa «violencia necesaria» se encauce a buen puerto es importante que pasen dos cosas: que el niño o niña llegue a enfrentarse con la adolescencia con un tejido psíquico que le permita hacer frente a esa situación, y que tenga un buen sostén familiar. «Cuando fallan esas dos cosas, esa violencia no va a buen puerto, no se elabora y estalla en actos impertinentes».

La presidenta de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay (APU), Clara Uriarte explicó a LA REPUBLICA que la violencia o la «rebeldía adolescente» son procesos normales en esa etapa del desarrollo de la persona.

«Es necesario una cuota de rebeldía para poder desprenderse de los modelos parentales y poder construir los propios proyectos. La violencia es un repunte importante a nivel de la estructuración del psiquismo adolescente, lo que sucede es que en esta sociedad en que vivimos ese carácter estructurante que conforma la psiquis, y que alberga la rebeldía y la violencia está desvirtuado por las propias construcciones sociales. «Lo que podría ser una violencia necesaria se transforma y deviene en violencia patológica con actos fallidos muy destructivos».

 

¿Son o no?

La violencia «ha existido siempre, no es algo nuevo, al igual que la conocida rebeldía adolescente». Lo que sucede es que se va tiñendo, coloreando de acuerdo a los momentos  culturales, sociales, económicos  y a la época que estamos viviendo.

«Estamos viviendo momentos de grandes transformaciones y eso trae una enorme influencia sobre la constitución de la persona. Cuando hablamos de adolescentes violentos habría que pensar muchas veces si realmente son violentos o están siendo violentados por el propio sistema social. El adolescente es un espejo de la sociedad y si vivimos en una sociedad que no ofrece un porvenir y que a la violencia responde con violencia, no hay salida».

 

Menos prohibiciones

El multiempleo es una de las características de los hogares de hoy, las mamás y los papás llegan tarde a sus hogares y lo hacen cansados, preocupados, estresados y no tienen mucho tiempo y disponibilidad para ocuparse de sus hijos, provocando en la familia que las cosas sean «mucho más difíciles».

Hay en el mundo un nuevo modelo de padres a los que les cuesta «poner límites» y decir «no» a sus hijos. Si bien existe una ventaja en el mundo de hoy porque los adolescentes son más libres, ejercen su poder de curiosidad más que antes, tienen menos inhibiciones, y tienen más libertad sexual, hay una contracara. No se tienen prohibiciones, por lo tanto «hay más posibilidades de equivocarse».

Los padres de hoy son cómplices de los hijos, quieren estar a la moda y hablar como los hijos y eso no es bueno. A veces escucho decir «yo soy amigo de mi hijo».

«Pero no es así, sos el padre, lo que podés tener es un buen vínculo».

Por otra parte vivimos en una sociedad que incita a que las mujeres siempre tengan que estar jóvenes y flacas. Una chica de 15 años tiene a su madre que usa la misma ropa, usa el mismo color de pelo, sale a los mismos lugares.

«Es otra forma de violencia y para esa chica de 15 años, es una situación violenta. Alguien que la puede habilitar a crecer, compite con ella y le quita lugar». *

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