Tiene la palabra

Martes 10 de enero de 2006 | 4:50
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La perversa lógica moderna y las plantas de celulosa

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Soy Diego, escribo desde Colonia. Estas líneas se refieren a todo el asunto de las plantas de celulosa, y a manifestar mi opinión. A mi modo de ver, se ha diagramado (o se lo intenta hacer) la situación relativa al conflicto por las plantas de celulosa, de parte del sistema político uruguayo (al menos de los que están en el Parlamento), como un enfrentamiento entre dos Estados-Nación: Argentina y Uruguay. En este sentido apuntan claramente las declaraciones del ministro Lescano diciendo que van a hacer folletos para darles a los turistas argentinos explicando la posición “uruguaya” respecto al problema, y diciendo que todos los uruguayos han tomado este asunto como una “causa nacional”. Así, se pretende camuflar con las formas de un enfrentamiento entre Estados Nación soberanos lo que es una lucha (soy consciente de que no es la única lucha que está en juego, pero es la lucha que se juega sobre la propia vida) entre la gente y el ecosistema contra las empresas de celulosa que se quieren instalar en Uruguay. Me resultó al menos ofensivo y por demás aberrante las palabras del señor ministro. Yo soy uruguayo (estoy incluido por tanto dentro de ese “todos” que mencionaba antes), y estoy en contra de la instalación de dichas empresas. No hay una “posición uruguaya”: hay una posición de todos los políticos uruguayos con representación parlamentaria y hay una posición de los pueblos del litoral del río Uruguay. No hay “causas nacionales”. Yo soy yo; no soy el Parlamento, que me representa hasta ahí nomás. Me veo obligado a exclamar y a manifestar por todos los medios que tengo a mi alcance: no en mi nombre (como aquella consigna que se coreaba en los países agresores antes de la guerra de Irak, que también disfrazaba intereses corporativos con lógicas nacionales y globales). Estoy seguro de que hay muchos más uruguayos que piensan lo mismo o muy parecido. Lo repito (y es evidencia de la bronca, la impotencia pero también de un claro razonamiento): no en mi nombre.

DIEGO ESTIN GEYMONAT – DEGCOLONIA@HOTMAIL.COM

 

Cronista de LA REPUBLICA elogia al entrenador de los caballos de Espert, suspendido por doping

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Como lector consecuente de LA REPUBLICA y aficionado a las lides hípicas, quiero formularle una pequeña queja. La misma va dirigida a su periodista de turf, que como no firma la nota ignoro cómo se llama. Y tiene que ver (reincidiendo) con una apreciación sobre un cuidador de caballos que francamente causa indignación.

El periodista (ya lo ha hecho anteriormente) cataloga de “semi-Dios” al entrenador Mario González, un ex jockey ahora dedicado a esa actividad. Dicho sea de paso, es el entrenador de los caballos de Eddie Espert. ¡Qué me dice!

Habría que decirle al periodista, que los “semidioses” no dopan caballos de carrera, cosa que hizo este cuidador a mitad del año pasado, por lo que fue suspendido por varios meses por las autoridades de “Hípica Rioplatense”. Es por lo tanto, un inmoral en el turf. Un contraventor de disposiciones expresas del Reglamento de Carreras. Un infractor liso y llano que por lo tanto, no merece elogios de ningún tipo. Menos aún de la hoja turfística de un diario tan popular como LA REPUBLICA. (Dejemos a un lado el hecho de que le entrega pingos a Eddie Espert. ¡Allá él!)

Por mínima ética un periodista de turf, no puede andar regalando elogios a un ex suspendido por doping. La actitud no sólo merece la reprobación de los aficionados (y de las propias autoridades de Hípica Rioplatense, con las que al parecer el periodista no se lleva muy bien, dicen).

No oficiamos de buchones pidiendo que ud. le “pare el carro” o cosa por el estilo. Pero alguien tiene que advertirle: “Gil, no podés andar elogiando a un dopador!” Perdón por la sinceridad. Lo saluda muy cordialmente y le desea feliz año.

OSMAR RODRIGUEZ – C.I: 1.666.053-7

 

Es tiempo de soñar un país diferente, pero con los pies en la tierra

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Es más que probable que los destinatarios de este texto no lleguen a leerlo, que si lo leen no lo entiendan y si lo entienden que no les importe.

Primero porque el acceso a la cultura y a la información es privilegio de unos pocos y no precisamente de quienes más lo necesitan. Segundo, porque para entender hay que estar informado y para informarse hay que leer (no alcanza con mirar televisión), y para leer hay que hacerse de libros, diarios o revistas, cuyos precios, si bien no son prohibitivos; en realidad ayudan poco. Mejor dicho: no ayudan nada. Esto es sólo una parte del problema y con ser mucho no es tan grave porque tiene solución. (Fomentar la lectura en las bibliotecas, organizar clubes de lectores, achicar costos y bajar precios, etc.). Lo alarmante, lo verdaderamente preocupante es que haya quienes entienden lo que ocurre, sepan lo que pasa y adviertan dónde están los problemas pero no les importe.

“¡Estos son mis principios! Pero… si no le gustan puedo cambiarlos” -ironizaba Groucho Marx, burlándose tanto de los irreductibles a ultranza como de los mentirosos a sabiendas. Es que, a esta altura del partido, salvo los cuentistas que nunca faltan, cualquiera sabe que lo único permanente son los cambios. Así de simple: todo cambia y nada es para siempre. Sin duda, estas estrofas del conocido tango “Vieja recova” lo expresan mejor: “Lo que ayer fuera belleza hoy mostraba solo ruinas”. Como se ve, la realidad es por demás empecinada.

Pasado y presente no se pueden modificar, son inalterables; y son insensibles a nuestros deseos. Felizmente nos queda la palabra para el rumbo y sugerir caminos. De eso se trata. Pero tener las armas para enfrentar, combatir y derrotar la mentira organizada y no emplearlas es, por decir lo menos, terrible. Si existiera la figura, me atrevería a decir que es un “Pecado de lesa información”, alcanza con aclarar que la desinformación es una afrenta, un menoscabo, una burla a la inteligencia, es decir: mucho más que el peor de los pecados.La desinformación como técnica, como herramienta, como instrumento para conservar el poder y mantener privilegios. Esto es: la mentira como método para perpetuarse. Pero la mentira es solamente una de las armas del negocio de unos pocos en detrimento de los más.

Mirar para otro lado o hacer la vista gorda ante la injusticia, dejar todo como está aunque esté mal, resistirse u oponerse a los cambios cuando estos son imprescindibles, optar por el individualismo y el consumismo, es peor; es demencial. Consumismo es traición a la patria.

El statu quo favorece a quienes ejercen el poder. Es natural que quienes durante años y años actuaron como dueños del Estado se opongan a los cambios que propone la izquierda. Lo que no sería natural es que hubiera trabajadores, estudiantes e intelectuales de derechas o que sin serlo no entendieran lo difícil que es “poner la casa en orden”, o dicho de otro modo: instrumentar leyes que beneficien, no a los de siempre; sino a quienes menos tienen.

Felizmente y tal como dice un buen amigo; “finalmente todos los nudos llegan al peine”.

Se acabó lo que se daba. Ahora es tiempo, no de agrandar la torta para repartirla después (viejo cuento), ni de ajustarse el cinturón (otra ficción), ni de ponerle el hombro (nuestro) al país (ajeno), sino tiempo de soñar con un país distinto, solidario, posible, creíble. Esto es: soñar con los pies en la tierra. En esta bendi
ta tierra y no en la escalerilla de un avión.

CARLOS GEROSA CAMARGO – CARLOSGEROSA@HOTMAIL.COM

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