LOS 71 SITIOS ARQUEOLOGICOS RELEVADOS POR UN GRUPO DE INVESTIGADORES CAMBIAN LA PREHISTORIA DEL URUGUAY

Hace 5.000 años pobladores habitaban nuestro territorio

Los trabajos, en cuestión, son dirigidos por las arquéologas Laura Beovides, Marcela Caporales y Maira Malán, que oficia de ayudante, más un grupo de 20 estudiantes de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

Actualmente las tareas se centran en Puerto Victoria (Playa Pascual) y en la zona de Melilla.

De acuerdo a lo señalado a LA REPUBLICA por Laura Beovides, el estudio realizado, principalmente en el sitio conocido como «Mainunby» en Melilla, está permitiendo caracterizar la ocupación prehistórica de Montevideo.

El lugar se encuentra a unos 30 minutos del centro de nuestra ciudad, próximo a las costas del río Santa Lucía.

«La importancia de estudiar este sitio arqueológico radica, entre otras cosas, en que es unos de los pocos sitios prehistóricos que quedan en dicho departamento, puesto que la urbanización ha destruido el resto. Por otra parte es una experiencia pionera en la articulación de los estudios arqueológicos en un área natural protegida», comentó la arqueóloga.

Beovides dijo que las excavaciones realizadas han caracterizado el lugar como un sitio prehistórico.

«Se han recuperado materiales cerámicos y líticos. Los pasos siguientes en la investigación de laboratorio nos permitirán acotar temporalmente las ocupaciones y las actividades realizadas en el mismo».

Estos trabajos de investigación arqueológica prehistórica se enmarcan en el «Proyecto de Investigación Arqueológica en el bajo Santa Lucía y costa de San José», mediante un convenio firmado entre el Ministerio de Educación y Cultura y las Intendencias de Montevideo y San José, y que comprometen una extensa área de esos dos departamentos.

Los inicios de estos estudios se remontan al año 2000, cuando por antecedentes se comenzó a trabajar en el área en arqueología prehistórica.

«Nos hemos llevado una sorpresa interesante -expresó Beovides- porque pensábamos que eran poblaciones que tendrían unos 2.000, o 2.500 años como muy antiguas, pero en realidad constatamos que tienen unos 5.000 años de antigüedad».

Dijo que para iniciar los estudios de campo se debió abordar «todo lo que es cartografía, fotos aéreas, evolución del paisaje en esa área».

«Tras esto -acotó- nos propusimos algunos objetivos, como la reconstrucción del paisaje».

«Tenemos poblaciones que vivieron hace unos 5.000 años, y el paisaje de ese entonces no era el mismo de hoy. Hay elementos en los estudios arqueológicos que ayudan a la reconstrucción de los paisajes antiguos, antes estas zonas eran elevadas, ahora son zonas inundables. Otro de los objetivos era saber qué antigüedad tenían estas poblaciones, cómo vivieron, cómo se relacionaron con el medio ambiente. Son poblaciones que vimos que eran ceramistas. O sea que es una cosa muy interesante ya que las poblaciones más antiguas con estas características que poblaron Uruguay tenían unos 3.800 años. Y ahora nosotros estamos postulando que eran mucho más antiguas, lo que se acompasa con toda una revisión que hay de las poblaciones cazadoras recolectoras ceramistas antiguas en América».

Boevides manifestó que otra de las sorpresas fue el descubrimiento de 71 sitios arqueológicos prehistóricos «en un área donde el avance de la civilización ha sido muy importante. Pero por suerte todavía se conservan restos del pasado que nos permiten saber dónde acampaban estas poblaciones indígenas, dónde cazaban, dónde enterraban sus muertos. Ellos, hace 5.000 años manejaban ciertas plantas, ciertos cultígenos, y estamos viendo ahora, si tenían horticultura».

Los restos arqueológicos encontrados por el equipo de investigadores han sido restos en piedra, que era la materia más resistente para hacer los instrumentos de caza.

«A través de la piedra podemos saber qué distancias recorrían para obtener un tipo de piedra en especial, que a veces están cerca de los sitios, y otras veces estaban a 100 o 200 kilómetros».

«Ahí interviene un factor de movilidad o intercambio -dijo Beovides- e incluso hay piedras que son similares en la Provincia de Buenos Aires lo que estaría indicando un contacto entre los grupos indígenas de la época».

«También analizamos qué tipo de instrumentos tenían y cómo los fabricaban, qué tecnologías usaban, porque de punta de flechas hasta cuchillos de piedra tenían toda una tecnología para hacerlos. Esto varía según los grupos, y la forma de aprovechar el medio ambiente que tenían estas poblaciones».

Otro de los hallazgos han sido trozos de cerámica. Sobre este particular la arqueóloga Beovides, dijo que «de los restos que quedan en la vasija podemos saber qué comían, aproximarnos a su dieta y cómo utilizaban la arcilla para la confección de la cerámica, cómo decoraban. Si estas decoraciones tenían que ver con los enterramientos, si eran rituales o no. Hemos visto una cerámica muy utilitaria -agregó- pero otra muy decorada relacionada con los enterramientos. Todo esto lo estamos explorando».

 

De la fauna, la flora y el clima

Otro de los descubrimientos de real trascendencia que se han desprendido de los análisis de los restos arqueológicos encontrados es lo relacionado con la fauna y la flora existente hace 5.000 años.

«Encontramos una fauna extinta que está en los sitios arqueológicos, como es el caso del Ciervo de los Pantanos. Hemos hallado, además, restos de peces, de corvina, y encontramos una serie de restos de fauna de hace 5.000 años que nos hacen explorar otra cosa, como es el caso de saber si hubo períodos más secos o más cálidos, de los que hay ahora. Esto ayuda a la reconstrucción paraclimática también, y saber el porqué de los cambios climáticos que tenemos ahora, en relación al pasado.

Los estudios y análisis llevados adelante hasta el momento por Beovides, Caporales y Malán de los restos arqueológicos encontrados en Melilla y San José han permitido avanzar en el estudio de la flora antigua de la región en la que se investiga.

«Vemos que había una cantidad de palmeras como la palmera Pindó, entre otras, en casi toda el área, que era aprovechada de distinta forma, al igual que otro tipo de vegetación, que se procura determinar.

Tenemos identificados varios momentos de la ocupación de esta zona. Hay diferencias, pero también hay cambios muy grandes en la geografía y en el clima. Estamos sopesando si esa diferencia se debe a que eran grupos diferentes, o es el mismo grupo que se viene adaptando a un clima diferente, y a un ambiente que está variando».

 

La discusión prehistórica y científica

Saber si estas poblaciones de hace 5.000 años tienen relación con los antiguos habitantes del territorio nacional conocido hasta ahora como fueron los charrúas o los minuanes, entre otros, presenta toda clase de desafíos e incertidumbres.

«Si estamos hablando de poblaciones de hace 5.000 años, y si son los antecesores de los charrúas o minuanes que fueron las tribus que vieron los españoles a su llegada, es toda una discusión. Nosotros vamos a aportar a esa discusión.

Algunos historiadores afirman que no, que hubo diferentes oleadas migratorias.

Otros dicen que hubo una continuidad, una evolución y cambio de estos grupos. Puede haber una mezcla de las dos cosas, y es lo que estamos tratando de valorar es cuánto hay de migración y cuánto hay de evolución.

Lo más importante de esta investigación, es que hasta 1998, se tenían pequeñas referencias del área de gente que eran coleccionistas.

A principio de siglo descubrieron en un arenal, en un sitio conocido como La Tuna, tres esqueletos, que es la refer
encia más importante.

A su vez había referencia de Montevideo, a través de la colecciones de Pancho Olivera de que había ciertos lugares donde se había encontrado material y restos humanos. Pero no había un estudio general del área, ni una prospección sistemática. *

 

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