A pocos metros se despliega como una bofetada el imponente edificio del MTOP

Casa de mujeres

En su peculiar estilo mordaz y exagerado, Ignacio de Posadas dijo hace ya un tiempo que al Ministerio de Industria, Energía y Minería tendríamos que disolverlo.

Escrito por: ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)

Viernes 26 de agosto de 2005 | 12:52
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La verdad es que por la vía de los hechos estuvieron al borde. Baste observar el desapercibido local donde asienta sus reales: una perdida y olvidada esquinita de la Ciudad Vieja que al decir de Borges existe solamente porque a veces la recordamos.

Sede de un histórico y legendario burdel secular o “Casa de Mujeres”, como entonces se decía, arropa entre sus descascaradas paredes al desolado ministro y a sus asesores. A pocos metros se despliega como una bofetada, el imponente edificio del Ministerio de Transporte, tan consumidor de energía como de bienes raíces.

A pocas cuadras se levantan los palacios de Ancap y de UTE.

Nunca como ahora esos Entes han sido tan autónomos y tan entes: son hoy casi autónomos del Uruguay. Extraterritoriales y hasta extraterrestes.

Porque no se trata sólo de edificios sino de colosales facturaciones anuales, monopolios, y aplastantes gerencias y secretarías. Con más otra vasta gama de edificios e instalaciones en el país y en el extranjero cuyo fin primordial parece ser tratar de vender toda la electricidad que le sea posible y el otro todos los hidrocarburos que pueda. Compiten entre ellos para superarse en esa extravagante carrera en medio de una crisis mundial galopante.

Entre ambos conglomerados jerárquicos debe Uruguay estar reuniendo hoy una de las etnias burocráticas y corporativas más grandes del planeta. Con refinerías, represas, sucursales universitarias y todo…

Anidan en esas alturas, no sólo ingenieros sino también abogados y escribanos manejando directa y diariamente, desde hace añares, los ingresos y egresos más importantes del país.

Sobre ellos imperan penosa y pasajeramente, cada más o menos un lustro, algunas golondrinas políticas altamente migratorias.

La nomenclatura permanente queda, hasta edad vetusta, caiga quien caiga y pase lo que pase. Desde cuando vino el Zepelin hasta cuando aterrizó el Discovery.

Ante tamaño despliegue edilicio e industrial; ante tanto maremagnum de megavatios y toneladas de petróleo, el pobre ministro del ramo, Pulgarcito en su ostracismo de la Ciudad Vieja, es prisionero de Gulliver Hermanos S.A.

Esto tal vez sea una estampa del país. Digo: la foto de los tres locales.

Bastaría un solo piso, o la mitad de uno, en el edificio de Ancap o en el Palacio de la Luz, para que el ministro alzara su calidad de vida en términos radicales. Incluso con cuartos de baño dignos de Calígula.

Pero que pudiera influir algo en ellos, sería en Uruguay como tratar de tomar el cielo por asalto: temeraria empresa mucho más difícil que intentar implantar el socialismo (lo que tendría menos acérrimas resistencias).

Todo esto es un “relato” de las cosas que le vienen pasando al Uruguay: nunca olvidemos que el edificio histórico, sede nada menos que del diario EL DIA, el de José Batlle y Ordóñez, en pleno 18 y Yaguarón, es hoy un penoso garito ante la vista y la paciencia cómplice de todos nosotros. La Estación Central del Ferrocarril una Sala Cultural abandonada, su formidable Playa de Maniobras un baldío con destino a un imposible Hotel de Cinco Estrellas (con Casino) y la expansión del Puerto de Montevideo un candado llamado Torre de Antel (Monumento a la Estupidez según Jorge Batlle) hasta donde en estos días llegan las cercanas resonancias de La Boheme.

 

Pizza con champagne

Sería más bien para Arana, y no para mí, hacer esta crónica arquitectónica del declive mental uruguayo.

En materia de ENERGIA no puede ser entonces, de ninguna manera puede ser, que UTE, por sí sola, defina ninguna estrategia. Tampoco lo puede hacer Ancap. Forzosamente debe ser un debate nacional en el que además participen preponderantemente los ministerios de Vivienda, el de Transporte, el de Agricultura (ya veremos por qué) junto al de Industria, Energía y Minería y el de Economía y Finanzas) (la factura petrolera suma hoy por hoy unos ochocientos millones de dólares y uno que lo columbra, no entiende cómo Danilo se deja jopear como Mister Wembley contra Peñarol y de tal manera). Pero también tiene mucho para decir el de Defensa… Si es que lo invitan.

E, ineludiblemente, las Universidades. Y, finalmente, el Pueblo.

Sin lugar a dudas tenemos que forestar el país con aerogeneradores (ya lo debíamos haber hecho). Ellos y las fuentes de energía basadas en la biomasa son democratizadoras, pobladoras del campo y descentralizadoras por definición y necesidad. Cuando se midan sus costos deben sacarse las cuentas completas y no las cuentas parciales: lo que ahorran, el trabajo que crean, la civilización que instituyen, la contaminación que evitan, la soberanía que generan, la población que diseminan.

Pero a la UTE no le gusta: arriesga su fuente de trabajo y de poder. Ancap lo mira de reojo (salvo el caso de la destilación de alcoholes). Porque sencillamente la crisis del petróleo (no hay mal que por bien no venga) restaura una gigantesca dimensión de la libertad perdida: cada paisano, cada empresa vieja o nueva, cada cooperativa, cada complejo de viviendas, cada pueblito, hasta con su basura, puede y debe ahora generar su propia electricidad y su propia energía. Bajo pena de no tenerla o de pagarla a precios babilónicos. Y no permitir que nada ni nadie se lo impida. Se acabaron las gigantescas represas hidráulicas (ya no caben más) o las monumentales centrales térmicas del petróleo barato: esas dos expresiones que junto con las centrales nucleares fueron hasta estos días expresión del poder central público o privado, tanto da, y centralizadoras por antonomasia.

Nada menos que Stalin decía con acierto que la electricidad (de esos megaproyectos) era junto con alguna otra cosa el socialismo según su leal, corto y pobre saber y entender. No mentía. Su “socialismo” tuvo esa rotunda y maciza concepción de tundra infinita.

Es un garrafal disparate esa publicidad de la UTE que clama por un mayor consumo eléctrico.

Es producto de una hipermetropía que sólo mira y puede ver el bienestar de ESA empresa y olvida los problemas del país, de la región y del mundo.

No puede darse a mi juicio, en Uruguay, de ahora en adelante, un solo permiso de construcción que no contemple en sus planos la cocina económica a leña y la estufa que, de paso, calienten el agua de toda la casa. Para que el futuro habitante las use si quiere y no las use si no quiere. Pero las pueda usar si llega el momento, que puede llegar, en el que no habrá más remedio que usarlas.

Y la publicidad oficial de UTE y de Ancap, al contrario de la actual, debería ser así: “consuma leña. Apague la luz. Ahorre nafta. No entre: Ministerio de Salud Pública.” (este cartel, con la foto de Marita Muñoz, debería ser instalado en las puertas de cada estación de servicio acompañado por el dibujo de dos tibias y una calavera que diga: “produce cáncer y otras cosas peores”). “Use bicicleta. Camine más. Venda el auto… O por lo menos estaciónelo. Deje de fumar por los caños de escape” (ajenos e inconsultos para la enorme mayoría de la población que paga los impuestos para arreglarles las calles). “No ponga el aparato respiratorio de sus niños al alcance de un camión”.

Deberían prohibirse los paragolpes en los vehículos (contra quién son) y los bares ubicados a menos de dos cuadras de una calle por la que pasen autos. Prometo pedirle ayuda a Tabaré para una campaña contra esta formidable y colosal fumata petrolera que nos estamos respirando en masa.

Pienso que hay que abandonar la mala costumbre de mirar los problemas del país por el ojo de nuestra conveniente cerradura. Debemos salir a la intemperie y mirar el horizonte completo. Con toda su anchura y lejanía. El futuro será inexorable con los pueblos miopes. *

(*) Senador de la Republica

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