La planta para fabricar papel que funcionará en Fray Bentos comenzará a construirse el año que viene

Ence apuesta a la celulosa pese a que sobran las críticas y falta definir financiamiento

A seis kilómetros del Puente Internacional Libertador General San Martín (que une Fray Bentos con Puerto Unzué), sobre el río Uruguay, se instaló en el 89 la Empresa Nacional de Celulosa España (Ence). Actualmente esta firma opera en las ciudades ibéricas de Huelva, Pontevedra y Navia, donde produce celulosa en base a madera de eucalipto.

¿Por qué apostó a Uruguay? Según afirmó la directora de Relaciones Institucionales para América, Rosario Pou Ferrari, «en Europa existe una limitación física, ya que en unas pocas regiones de España y Portugal crece el árbol de eucalipto. Cuando apuntó a América, tenía que optar entre Argentina, Chile, Uruguay y una zona de Ecuador porque sólo en estos países se desarrollan los ejemplares. En Argentina no estaban dadas las condiciones socio-políticas, en Chile había mucha competencia; por eso se quedó en Uruguay».

De esta manera, la directiva de Ence intentó desterrar las afirmaciones, como la de los integrantes del grupo ecológico Guayubira, que aseguran que la instalación de esta fábrica en Uruguay obedece a que «en España es muy resistida y eso se refleja en las manifestaciones realizadas en Pontevedra en reclamo del cierre de la fábrica para poder recuperar el marisqueo y la pesca».

Lo cierto es que en el 89 la empresa compró un terreno de 2.400 hectáreas, la mitad de lo que en el siglo XIX perteneció al Saladero M´Bopicuá, y en el 90 comenzó a funcionar. «En la década del 80 un instituto japonés realizó un estudio de factibilidad sobre las zonas de Uruguay más beneficiosas para plantar eucaliptos y ese relevamiento apuntó a Fray Bentos», señaló Pou Ferrari.

A principios de los noventa se plantaron los primeros árboles de eucaliptos y comenzó a construirse la Terminal Logística M´Bopicuá (TLM), denominada así por los pasados del saladero.

Las intervenciones realizadas hasta el momento por la empresa española se detectan antes de ingresar al predio que le pertenece: la carretera de algo más de siete kilómetros por la que se accede a las instalaciones fue construida por la firma con el objetivo «de que no hubiese un impacto turístico negativo».

En contrapunto con Pou Ferrari, los ambientalistas sostienen que el departamento de Río Negro apuesta «desde hace largos años al turismo y una planta de celulosa afectaría por ejemplo el balneario Las Cañas, del que viven muchos vecinos de la zona». Es que, según lo admite la empresa española, las fábricas de papel generan mal olor y eso sucede porque en el proceso de desfibrado se utiliza un compuesto de azufre llamado sulfuro sódico. Pero mientras desde la firma aseguran que el olor no llegará a la ciudad, los ecologistas aseguran lo contrario.

 

El puerto

En noviembre de 2003 se inauguró el Puerto M´Bopicuá, el primer puerto privado del Uruguay. Desde esa fecha se realizaron 26 embarques de astillas o chips (el primer paso en el proceso de producción de celulosa) con destino a España, Japón y Suecia. Pero la idea es que esta terminal portuaria se convierta en un puerto multipropósito.

Según explicaron el gerente de Logística, Gustavo Quartara, y el gerente de la TLM, Alvaro Galli, el objetivo es empezar a exportar antes de fin de año madera aserrada, luego construir silos graneleros y almacenar críticos en la TLM, y por último crear una terminal de contenedores.

LA REPUBLICA no fue testigo de un embarque ya que se realizan cada 20 días. Pero, de acuerdo con datos de la empresa, en los momentos de carga trabajan unas cien personas. Sí pudo ver las pilas de rolos de madera, y también las montañas de chips que se forman a un costado del puerto, luego de ser procesadas por la planta de astillado que también funciona en el sector de la terminal logística.

El proceso de astillado comienza cuando los rolos de madera son depositados en una mesa de alimentación. Allí la madera se moja para sacar los restos de corteza y arena, y permitir un mejor deslizamiento de los rolos. Luego atraviesan una canaleta de metal y finalmente son triturados por 15 cuchillas para generar las astillas, que se clasifican en tres tamaños. Las más grandes vuelven a astillarse, las normales se cargan y las más finas se guardan en un galpón, ya que en un futuro serán usadas para generar energía.

 

La zona franca

De las 2.400 hectáreas de predio, 280 están destinadas a la zona franca. Desde hace dos meses se está acondicionando el terreno, lo que implica la construcción de caminos y la colocación de alambrado e iluminación, entre otros trabajos. Allí funcionará la planta de celulosa (que ocupará 42 hectáreas), un parque de maderas de 41 hectáreas (con dos plantas astilladoras) y una planta de tratamiento de agua.

Según afirmó la directora de Relaciones Institucionales para América, la fábrica usará el proceso ECF (libre de cloro elemental) para la producción de celulosa, decisión que motivó un nuevo cuestionamiento. En este sentido, el grupo Guayubira señala que en el proceso mediante el cual la celulosa es blanqueada se usa dióxido de cloro y eso generará efluentes organoclorados.

«El uso o no de cloro es muy importante, ya que es el elemento central en la producción de dioxinas, uno de los venenos más tóxicos existentes en la tierra, que da lugar a graves problemas de salud y de reproducción, tanto en la especie humana como en acuática», se lee en la página de Internet del grupo ecologista. Esto, de acuerdo a los vaticinios de los ambientalistas, contaminará el Río Uruguay por lo que impactará negativamente en la pesca y la producción agrícola.

En este sentido, Pou Ferrari sostuvo que el 75 por ciento de la producción mundial de celulosa utiliza el proceso ECF, mientras que el 8 por ciento lo hace a través del proceso TCE (totalmente libre de cloro). Además agregó que la pasta obtenida mediante el ECF tiene una mejor calidad que la generada por el otro proceso.

 

El financiamiento

La planta de celulosa, que no sólo provocó cuestionamientos sino también enfrentamientos entre los gobiernos uruguayo y argentino, estipula una inversión de 660 millones de dólares. El 50 por ciento es costeado por la empresa, mientras que la mitad restante será financiada por el Banco Mundial y el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA).

Pero el otorgamiento del crédito dependerá de un estudio de los impactos acumulados resultantes de la instalación de celulosas (Ence y Botnia, también sobre la margen del río Uruguay) que está realizando la consultora japonesa Consultants International. El resultado de ese relevamiento marcará la aprobación o el rechazo del crédito.

No obstante Ence es optimista, a tal punto que sus directivos adelantaron que la construcción comenzará el año que viene para tenerla concluida en el transcurso de 2008.

La empresa no duda en la eficiencia que se aplicará para mitigar los impactos negativos que provoca la producción de celulosa en el medio ambiente. Como prueba de ello creó un área de conservación de animales en riesgos de extinción, que es visitado por unos seis mil escolares por año.

En 130 hectáreas, los niños pueden ver de cerca especies como el gato montés, yacaré, ciervo, coatí, cardenal amarillo, pava de monte, comadreja y tortuga, entre otras en riesgos de desaparecer.

Y además pueden apreciar una flora variada, entre las que se encuentra la coronilla, congorosa, guayabo colorado, quebracho colorado, árbol del jabón y jazmín del Uruguay, entre otras.

Las ruinas de lo que fue el saladero M´Bopicuá también se aprecian en el predio a orillas del río Uruguay. Sólo
un cuarto de la construcción de ladrillos vistos realizada por los ingleses permanece intacta, el resto fue demolido tiempo después del cierre de la fábrica en 1878. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje