Se realizará un diagnóstico sobre la existencia de transgénicos en Uruguay
El objetivo del taller consistió en realizar una valoración crítica del proceso de gestión institucional, liberación y seguimiento de la utilización de eventos genéticamente modificados o transgénicos en el marco del funcionamiento de la Comisión de Evaluación de Riesgo Vegetal (CERV).
En 1995 ingresan los transgénicos a Uruguay, en el 2000 se creó la CERV como organismo asesor del Poder Ejecutivo en la materia. En su seno se gesta el ámbito para el análisis, tratamiento y gestión de las solicitudes de aprobación de transgénicos, desde su etapa de ensayo hasta su liberación al medio ambiente. La CERV está integrada por representantes del Mvotma, del MGAP, MSP, Instituto Nacional de Semillas (Inase) e Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). A partir del proyecto que desarrollará el marco nacional se constituirá un Comité Nacional Coordinador que será el órgano ejecutivo del plan, integrado por la mayoría de las instituciones y ONG involucradas en el tema.
El proyecto es financiado por el Pnuma y el GEF por el valor de U$S 200.000. Se destinarán para actividades de capacitación, administración, talleres de intercambio, y asesoría.
Marcos Frommel, coordinador del proyecto Desarrollo del Marco Nacional de Bioseguridad consideró que «una de las conclusiones más importantes del taller es que existe una demanda muy sentida sobre la necesidad de la participación de todos los organismos involucrados en la temática transgénicos y la bioseguridad. Es necesario que el gobierno tome una posición país sobre el tema. Justamente la dinámica del Comité Nacional de Coordinación del proyecto conduce a ello. Además, se llegó a un compromiso: que todos los integrantes del comité trabajaremos juntos para lograr toda la información sobre el tema, y permita después definir una política al respecto».
La dinámica del taller fue expositiva e interactiva. Funcionaron cuatro talleres: – Análisis técnico de la CERV. – La toma de decisiones en el seno de la CERV y el ejercicio de las competencias. – Evaluación de la acción de la CERV. – Participación.
En los diversos ámbitos surgió, según Frommel, que «las instituciones que conformaban la CERV no había un involucramiento interno, las decisiones fueron estrictamente técnicas, sin discusión. Se consideró relevante que se apueste a la participación en la toma de decisiones y que se construya desde una política marco nacional. A su vez, se afirmó que hay que reforzar la capacidad técnica de las instituciones participantes del proceso. Se necesitan recursos humanos para conformar una masa crítica para tomar las decisiones y todo ello conlleva dinero. Va de la mano con hacer bien las cosas, contar con los recursos y otorgarle participación a la gente. A su vez, es necesario crear un mecanismo de administración, de gestión y de control. Todo esto va a tener que ser pensado desde cada institución y el gobierno. Luego de definir el impacto de los transgénicos en las diferentes áreas y del diagnóstico, se discutirá los pro y los contra de los transgénicos».
El primer paso del Comité Nacional de Coordinación, «revisará la participación del mismo y asimismo se diseñará la estrategia a seguir, partiendo de cuál es la información necesaria. Se estudiará la información disponible. En síntesis determinaremos la línea de base sobre bioseguridad, realizaremos un diagnóstico y recién después podremos discutir sobre el tema».
Redes Amigos de la Tierra: debate nacional
Karin Nansen, integrante de la ONG Amigos de la Tierra y del Comité Nacional de Coordinación desarrolló el planteo que realizaron varias de las organizaciones participantes del taller. «Queremos un debate nacional para decidir transgénicos sí o no. Después de que se decida, ello conducirá a elaborar un marco nacional de bioseguridad. Desde el gobierno plantean realizar un diagnóstico sobre lo que ya se introdujo en nuestro país. Observamos que hay apertura desde el gobierno para el debate. Hay un contexto político distinto. Nosotros sostenemos que los transgénicos no tienen ningún sentido por el impacto ambiental, sobre todo en los niveles de biodiversidad; además amenaza mercados europeos que ya los están rechazando y apuntan a la agricultura orgánica o natural. Y por supuesto, los impactos en la salud humana, que aún no se conocen sus consecuencias». Asimismo, expresó que «en Uruguay es imposible separar los cultivos transgénicos y no transgénicos por la extensión del país». Por otra parte, «se opinó que el Comité de Evaluación de Riesgo en Vegetales tuviera mayor énfasis», concluyó. *
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