FUIMOS EL PAIS PIONERO EN AMERICA POR SU TRANSPORTE PUBLICO ELECTRICO

"Cambiar al trolebús": la Intendencia al rescate del viejo transporte ecológico

«Cambiar de trole», es una expresión popular aún bastante usada, que a los veteranos les dice todo, y a los jóvenes nada. Sin embargo demuestra el arraigo que tuvo (como la ONDA) esta forma de transporte que para los montevideanos significó ser pioneros en América.

Es que el transporte colectivo eléctrico, en vehículos sin rieles, era tan novedoso a comienzos de la década de 1950 que ningún país en Latinoamérica aún lo había adoptado: claro que todo era posible para los Campeones del Mundo, aunque esa sea otra historia.

Lo que había en toda América eran tranvías eléctricos, que funcionaron en nuestro país entre 1906 y 1957. Las compañías La Comercial (inglesa), y Transatlántica (alemana) compitieron con los modelos que circulaban en los carriles de acero que aún se descubren en algunos puntos de Montevideo, cuando se reforman algunas avenidas. Los ingleses (que habían sido los pioneros con los tranvías tirados por caballos), absorbieron la compañía alemana y el «paquete» fue finalmente comprado por la Administración Municipal de Transporte (Amdet), sigla que sería convertida más tarde en Administración Municipal de Trolebuses.

El 28 de marzo de 1951, a las 9:40 de la mañana, se inaugura el recorrido del primer trolebús, partiendo de la esquina de Barreiro y Chucarro hacia Plaza Independencia. Era la línea «62» cuyo recorrido aproximado cumple actualmente Cutcsa.

Aquel adelanto extraordinario tenía sin embargo un significado muy distinto del actual. Se entendía que la ampliación del transporte público era imprescindible en una ciudad que crecía en habitantes, los que además se trasladaban constantemente a sus puestos de trabajo en lugares distantes unos de otros. La concepción de que el transporte eléctrico es antipoluente aún no existía. Las palabras «ecología» y «medio ambiente», aún carecían de su actual significado, y los «colachatas» americanos (Cadillacs e Impalas, de 8 cilindros) consumían nafta aún barata.

Para 1954, Amdet ya tenía 250 trolebuses italianos marca Alfa Romero, los más avanzados de su época y para 1957 cubría prácticamente todos los barrios.

Sin embargo la expansión nunca logró la meta más anunciada por los gobernantes y más deseada por la población: abaratar el boleto. Intereses obvios y políticos corruptos facilitaron el constante vaciamiento de la empresa municipal que, aun cuando constituía la transportista capitalina, vivía endeudada.

Ni siquiera con el auge máximo del transporte logró revertir su caída. En 1960, Cutcsa y Amdet vendieron en Montevideo un total de 501:271.639 boletos, el récord histórico nacional, de los cuales casi 200 millones correspondieron a los troles. Comparativamente en 2003, todas las empresas montevideanas vendieron un total de 220 millones de boletos.

En esa década los troles conquistaron su lugar en la sociedad montevideana, aunque el servicio se fue degradando. Además del vaciamiento de la empresa (de tal magnitud que la administración frenteamplista todavía encontró deudas de Amdet), el servicio carecía de acondicionamiento y repuestos, crónica. Los troles, creados para largos recorridos con pocas paradas, debían circular exactamente al revés en Montevideo. Lentos en su arranque, siempre demoraban más que los ómnibus. Además el trole que le alimentaba de energía solía salirse del carril, hasta muchas veces durante un viaje. El guarda bajaba a solucionar el desperfecto y aunque el trámite era rápido, la urgencia de los pasajeros podía más.

A comienzos de la década de 1970, la decadencia era evidente, y aún cuando se compraron nuevos trolebuses dobles, para cargar más pasaje, los vehículos que tenían casi 30 metros de largo y tenían un fuelle flexible en el medio, para doblar, apenas lograban hacerlo en las calles más angostas. El servicio se enlenteció más aún. En 1975, Amdet fue desmunicipalizada y sus funcionarios formaron una cooperativa que explotó durante una década los troles, más un centenar de ómnibus, que ya suplían al servicio eléctrico.

El sistema jamás pudo recuperarse. A comienzos de la década de 1990, cuando las palabras contaminación ambiental, polución, ecología, cobraban un significado vital. Cuando la crisis petrolera amenazaba de muerte a los no productores, incluido Uruguay. Cuando el transporte eléctrico cobraba más razón que nunca, el 26 de enero de 1992, Montevideo dejó de tener trolebús. *

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