¿Y qué podemos hacer?
UITA en su informe «Cosecha Amarga» sobre la realidad del trabajo infantil en la agricultura, establece que «mejorar la legislación y las medidas de aplicación ha sido la respuesta tradicional al trabajo infantil. Sin embargo, particularmente en las regiones en desarrollo, la protección legal efectiva a menudo no se extiende más allá de las áreas urbanas y del sector formal. Vale la pena considerar que el Convenio de la OIT sobre edad mínima excluye explícitamente de sus disposiciones ‘las propiedades familiares y en pequeña escala que producen para consumo local y que regularmente no emplean trabajadores contratados’. La mayor parte de las legislaciones nacionales reflejan esta opinión y excluyen a la agricultura».
«Más aún, dada la naturaleza geográficamente dispersa de la agricultura, no se puede esperar que la legislación sobre el trabajo infantil y los servicios de inspección del sector público, abarquen más que las grandes plantaciones comerciales, como mucho. Por otro lado en función de los costos ¿sería eficaz la utilización de recursos limitados para intentar ir más allá de esto? Se deben desarrollar otros medios para proteger a los niños de los establecimientos agrícolas más pequeños».
«A este respecto, la educación y movilización comunitaria son esenciales. La tarea de dirigir mensajes sobre trabajo infantil a la mayor parte de la comunidad rural y a los gobiernos.
Una clave para el diseño de campañas de concientización pública debe ser el reconocimiento de que es una ilusión considerar el trabajo infantil agrícola como necesariamente más benigno que el trabajo infantil urbano.
Por el contrario, ese trabajo del establecimiento agrícola familiar puede exigir demasiado de los niños, requiriendo que trabajen largas horas, impidiendo su asistencia a la escuela y sometiéndolos a un esfuerzo demasiado grande para sus cuerpos en desarrollo. Ese trabajo puede impedir que los niños ejerzan sus derechos y desarrollen todo su potencial».
«También es necesario alcanzar a las comunidades rurales y educarlas acerca de las alternativas del trabajo infantil, en particular la importancia de la educación para todos los niños.
Ampliar y mejorar la educación escolar para los pobres -especialmente para las niñas- es la única manera efectiva de desviar el flujo de niños hacia formas abusivas de trabajo»
El informe finaliza exhortando a hallar «incentivos para quebrar la tradición rural del trabajo infantil a expensas del desarrollo del niño». *
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