El 70% de los 200 millones de niños que trabajan en el mundo lo hacen en tareas agropecuarias
Es por ello que los niños rurales (los gurises del terrón), tal como los definiera un documento de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) publicado en 1998 bajo el título «Cosecha amarga. Trabajo infantil en la agricultura», enfrentan el hecho de que » las áreas rurales se encuentran a menudo muy lejanas, tanto física como culturalmente, lo que limita las posibilidades de investigadores y programadores de origen urbano de pasar largos períodos en esos lugares».
Agrega dicho informe en su introducción: «En muchos países son las condiciones urbanas las que reciben atención prioritaria de los gobiernos, a menudo reflejando una premeditada negligencia por parte de poderosos grupos de interés».
Finaliza este capítulo introductorio expresando que «muchos responsables de políticas nacionales e internacionales suponen que el trabajo de origen familiar en ‘idílicos’ entornos rurales no puede ser dañino para los niños, de hecho este tipo de ‘solidaridad familiar’ está considerado enteramente beneficioso. La cultura de la agricultura es un factor muy poderoso en este inveterado descuido del trabajo rural infantil».
Una realidad que cuesta asumir
El mapa de la marginación, la explotación, la pobreza y el olvido de nuestros gurises del campo, puede estremecernos con sólo plantear algunas situaciones. Bastaría hablar de las niñas prostitutas ruteras en el litoral, en los departamentos de Salto – fundamentalmente- y Paysandú, de los niños desnutridos o lacerados por los agrotóxicos en el norte, en Artigas o en Bella Unión. Podría referirse también a los gurises de los arrozales en el este del país o de las forestales, explotados y sometidos a trabajos más allá de sus fuerzas por patronales abusivas. A las niñas de seis años en adelante entregadas como » criaditas» por los padres a familias de la ciudad «para todo servicio» a cambio de un plato de comida, una pieza para dormir y, de paso, la existencia de una boca menos que alimentar «en las casas». Niñas que apenas aparecen «caroceándoles» los pezones, suelen ser ultrajadas, embarazadas y luego dejadas de la mano de Dios por «la señora». Muchas terminan exiliándose en la capital y allí se pierden sus rastros, otras acuden a las casas de las luces rojas en los suburbios de los pueblos y las menos, logran sobrellevar su destino y volver al núcleo familiar.
Y otro asunto, la voracidad cuartelera, que se traga el futuro de cientos o miles de gurises que llevados por el hambre, la desocupación y el olvido de la sociedad, terminan «enganchados» como soldados de tropa, cambiando la posibilidad de un futuro productivo, por la guardia – fusil al hombro- en las regiones militares de todo el país. Pero hay otras opciones de esos gurises o adolescentes, ser «mulas» del bagayo en las fronteras, o terminar engrosando los rancheríos de las periferias urbanas sobreviviendo entre y «de» la basura, o quedarse en los ranchos, formar pareja, llenarse de hijos, y lanzarlos al mundo a reeditar su propio drama en una continuidad generacional desesperante.
Un flagelo a nivel mundial
Leonardo De León, integrante de la UITA (Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agricultura, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines), manifestó al respecto que «el trabajo infantil es un flagelo a nivel mundial, en el sector de la agricultura también lo es ya que a nivel mundial se calcula según datos de la Organización Mundial del Trabajo que son alrededor de 200.000.000 los niños que trabajan en el mundo y el 70% de ellos trabajan en la agricultura».
» ¿Y por qué pasa esto?» -se pregunta. Y responde: «Porque el modelo agropecuario que predomina es un modelo donde ha habido un proceso muy fuerte de proletarización. En el modelo agropecuario tenemos desde la agricultura familiar hasta la agricultura industrial, que es la que está predominando».
» Y tanto en una como en otra el trabajo es intensivo y aparece el trabajo infantil. Ahora en el tema de la agricultura industrial el problema del trabajo infantil está muy asociado al tema de la pobreza rural. Pero el aumento de ese proceso de necesidad de mano de obra empezó con el adulto hombre, luego fue la mujer y ahora aparece el niño… y las condiciones laborales son aún en peores condiciones que el adulto, muy vinculadas al tema de los agrotóxicos, los salarios son peores, los horarios y ningún tipo de apoyatura social».
» En el mundo muchos trabajadores asalariados no tienen condiciones legales, pero en el niño se da mucho más eso. Y eso que sucede a escala mundial, en América Latina otro dato reciente de la OIT del año 2004 indica que en un millón y medio de trabajadores infantiles en América Central, el 65 % son niños que trabajan en la agricultura».
«En nuestro país aparecen niños trabajando a los 5 o 6 años, y esta situación trae como consecuencia la pérdida de posibilidades en la educación, la recreación, los graves aspectos socioeconómicos en que se encuentran esas familias, y otro gran problema es que también esos niños que ingresan en la agricultura industrial están perdiendo toda posibilidad de acumular conocimientos de la agricultura tradicional porque están dejando de ser parte de esa familia rural, donde se trasmiten los conocimientos de generación en generación para irse a las plantaciones industriales, y no sólo eso, sino que abandonan al padre, a la madre… «.
Dice nuestro entrevistado Leonardo De León en un informe sobre el tema que «la información suministrada por los estudios realizados indica que en el caso de la agricultura comercial, los niños, niñas y adolescentes a menudo están expuestos directa o indirectamente a agrotóxicos. Asimismo trabajan durante largas jornadas, acarrean cargas pesadas y están expuestos a cambios bruscos de clima. De otro lado utilizan instrumentos punzocortantes y maquinaria pesada que les producen lesiones diversas como cortes, quemaduras, mutilaciones e inclusive la muerte».
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