La hondonada de Libertador y La Paz tiene los días contados
Las callecitas de Montevideo –como las de Buenos Aires a las que cantara Horacio Ferrer en su «Balada para un Loco»– tienen también ese «qué sé yo», y entre ellas, la hondonada en el cruce de Avenida del Libertador y La Paz, inundada los días de lluvia, es una de las postales más reiteradas de la Muy Fiel y Reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago.
Esa esquina ha sobrevivido casi los últimos cincuenta años de historia indemne e inmune a todos los avatares políticos nacionales y departamentales, y cada vez que un chaparrón más o menos intenso cae sobre la ciudad, se forma allí un enorme y rozagante lago en el que frecuentemente quedan atrapados los automovilistas desprevenidos, con sus máquinas a la deriva.
En esta largo medio siglo, han pasado las administraciones pachequistas de Rachetti continuadas en plena dictadura y subrogadas por Paysé, luego sobrevinieron las hordas de golosas hormigas coloradas de Elizalde y finalmente la bandera de Otorgués irrumpió en escena sobre la ciudad, de la mano del primer intendente de izquierda uruguayo, el actual presidente doctor Tabaré Vázquez.
Continuaron quince años de administración progresista en la ciudad y finalmente ahora, luego de larga supervivencia, se anuncia como inminente la nivelación de ese charco casi emblemático, folclorizado por largas maldiciones de automovilistas anegados y de vecinos aislados, afectados todos con una especie de síndrome «Robinsoncrusoniano» en medio de una ciudad agitada y agotada por feroces temporales de agua y viento.
Alguien ha anunciado que se nivelará la esquina, y que la vieja plaza donde reposa el monumento ofrenda de la colectividad española a nuestro país, no sufrirá más tantos Tsunamis domésticos. Seguramente las nuevas autoridades con la nivelación de este importante cruce ciudadano, aportaran al –de por sí conflictuado– tránsito capitalino, una solución para un problema al que, a pesar del medio siglo de coexistencia, ni peatones, ni automovilistas habían logrado resignarse. *
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