El Payaso
Vestido con un pantalón y una camisa demasiados grandes para su cuerpo flaco y con los labios y los cachetes groseramente pintados con lápiz labial o algún tipo de pintura similar, un sombrero deforme, una bola roja en la nariz sostenida por un elástico por detrás de sus orejas, en su pie izquierdo una zapatilla roja y en el derecho un zapato marrón estilo mocasín, ambos bastante deteriorados y grandes para las necesidades de quien los calzaba, «El Pulga» así supimos que lo llamaban- andaba haciendo piruetas en una esquina de la calle Tristán Narvaja un domingo de feria.
–¿Qué andás haciendo?
–Trabajando ¿no ves?
–Sí, veo, pero ¿qué es lo que hacés?
–Soy payaso. ¿Querés ver una payasada?
(Y sin esperar respuesta empieza a hacer una serie de contorsiones con su cuerpo y muecas con la cara. Estira el elástico que sostiene su nariz roja y lo suelta bruscamente y cuando le golpea la cara cae como desmayado. Llega al suelo, parece rebotar en él y cuando nuevamente está de pie, la nariz se convirtió en otra, más grande y azul. Nos confesó luego que cuando cae, da vuelta el elástico y detrás tiene prendida la otra nariz.)
–Soy medio mago también. (dice)
–¿Y que tal el negocio? ¿Marcha?
–Y algo da…
–¿Cuántos años tenés?
–Once y hace como cuatro que estoy en esto. Cuando sea grande quiero ser payaso en serio.
Lo invitamos a tomar un refresco y comer un pancho en un bar de la esquina y acepta.
–¿Se puede ser payaso en serio?
–Sí, de cierto, en un circo… yo ya trabajé en un circo…
–¿De payaso?
–No… limpiaba las jaulas de los bichos, la mierda viste, repartía volantes, hacía cosas… casi me fui con ellos, pero mi vieja no me dejó…
–¿Y qué hacés con la plata que ganás?
–Se la llevo a mi vieja.
–¿Tenés muchos hermanos?
–Sí, cuatro. ¡No! Cinco, conmigo somos seis pero hay uno que no está en casa.
–¿Se fue a vivir solo?
–No, está en el Iname.
–¿Y tu padre?
–El mío no está en casa… mamá es divorciada…
–¿Trabaja?
–¡Sí! ¡Claro que trabaja! ¿Qué querés que haga si no? Bueno ché… ¿te pagás la Coca y el pancho o sos puro verso?
–¿Vas a la escuela?
–Iba, pero tuve que dejar…
–¿ Por qué?
–(Piensa bastante antes de contestar mientras aprovecha para comer y beber). Bueno… porque tuve que trabajar… yo siempre trabajé…
–¿De payaso?
–No. Hice de todo, lavé parabrisas en Bulevar Batlle, vendí de todo, vendí…
–¿Cuántas veces estuviste en el Iname?
–¡Nunca estuve!
–No me mientas…
–¡Ufa ché! ¿Qué sos? ¿El Papa sos?
–¿Como te llamás?
–Ya te dije…Pulga…
–Pulga no es un nombre.
–Sí, es.
(Y sin decir una sola palabra más salió a la calle y empezó otra vez con sus piruetas entre la gente.) El mozo del bar nos dijo cuando le llamamos para pagarle: -«¿No le robó nada Don? Mire que lo dejamos entrar porque vino con usted si no ese pinta no entra aquí. Se roba todo, lo llevan preso y al otro domingo está de vuelta».
(«El Pulga»- Confiesa 11 años)
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