Niños y adolescentes equilibristas entre el olvido y la marginación
Y ese show de varieté esquinero o eventualmente sobre ruedas en los ómnibus –en el que niños y adolescentes son parte también del «elenco estable»– es una máscara frágil, aunque risueña a veces, de la mendicidad. Se disfraza con ello también la realidad del trabajo y la explotación del niño y del adolescente, su situación de calle a merced de lo que esa calle con su irreverencia y su crueldad le deparen.
Niños que deberían estar sentados en la platea de un circo, de este lado de la pista, riendo y disfrutando del espectáculo, la música y el color y sin embargo se encuentran del otro lado, en el medio de la pista, siendo ellos mismos los protagonistas del show, de la pirueta o el malabar y la mano estirada en espera de la recompensa del circunstancial espectador.
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