"Para que mancharse sea un derecho"
El común de la gente relaciona la suciedad con enfermedades y por lo general, «la gente sucia» es catalogada como gente de bajo nivel, de pobreza y de poco higiénico. La suciedad trae consigo una emoción de disgusto sobre todo si es la madre o el padre el que observa a su hijo apenas de unos años arrastrándose por el piso queriendo gatear, o jugando con barro o arena.
Pero un grupo de especialistas comenzó a cuestionarse si la suciedad es realmente buena y hasta dónde beneficia la limpieza total y pulcra en el desarrollo de un niño y por consiguiente en su crecimiento a futuro.
El Dr. John Richer, reconocido psicólogo e investigador británico de la Universidad de Oxford, habló en Buenos Aires sobre el nuevo paradigma social: «ensuciarse hace bien» en el marco del primer foro sobre «Desarrollo Infantil», el cual fue organizado por la marca «ALA» de Univlever como parte de su compromiso con el aprendizaje y el desarrollo de la infancia, junto con la Asociación Internacional por el Derecho del Niño a Jugar de Argentina (IPA).
Reconocidos profesionales como la doctora en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y decana de la Escuela de Arte Dramático de San Salvador, Graciela Bottini de Barucca, la Dra. Masters en Programación Neurolingüística, Graciela Moreschi, el médico pediatra, Dr. Marcos Mercado y la profesora Beatriz Caba, integrante de IPA, afirmaron lo contrario a lo que la sociedad posmoderna ha impuesto en los últimos años.
Partiendo de la consigna «ensuciarse hace bien», se promovió por una infancia libre y a consideración del Dr. John Richer «los niños que no exploran y juegan en el mundo real, es decir, los que no reciben los beneficios de ensuciarse, tienen menos posibilidades de integrarse de manera equilibrada al mundo, lo cual puede llevar al desarrollo de conductas inapropiadas o personalidades neuróticas».
Lidiar con la suciedad
En la tierra hay cientos de microbios los cuales necesitamos para sobrevivir, el Dr. Richer en su ponencia recordó que la humanidad evoluciona para vivir en entornos sucios, «estamos hechos para poder lidiar con la suciedad y la higiene colocada en los lugares correctos salva vidas».
«Entrar en contacto con el mundo real significa ensuciarse» y por su parte la Dra. Graciela Bottini fue más allá y dijo que para «jugar limpio» no considera que la suciedad sea buena. «Lo sucio aleja, degrada, desagrada, abruma. Otra cosa es ensuciarse como parte de un proceso donde se busca limpiarse, correr riesgo, descubrir o transformarse».
Por otro lado, es cierto que la suciedad es tradicionalmente percibida como la portadora de enfermedades. De todos modos, no es la suciedad per se lo que debe evitarse, sino lo que ella puede llevar consigo, los patógenos.
Ambientes demasiados limpios
En el mundo científico existe evidencia suficiente para demostrar que el desarrollo de los niños se ve beneficiado por la libertad de ensuciarse y que, en el curso de la exploración, el descubrimiento y el juego, el ejercicio físico, los deportes u otras actividades cotidianas, ensuciarse es saludable tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente.
Como en la mayoría de los aspectos biológicos, se requiere un equilibrio. Existe evidencia convincente que demuestra que la mayoría de las epidemias alergénicas que aparecen en los países desarrollados se producen en parte por el no contacto o la ausencia de suficiente exposición a patógenos, especialmente cuando se es bebe. Otras razones son que los ambientes en los que nos movemos están «demasiado limpios» y nuestro organismo también está «limpio» gracias a la acción de los antibióticos. Es necesario un equilibrio al evitar el contacto con agentes patógenos. Este equilibrio se logra a través del contacto con el «mundo real», lo «sucio» que nos rodea, con el fin de aprender de este mundo y, especialmente los niños, adaptarse y crecer en él.
¡No te ensucies, que estás con la ropa nueva!
En especial son las madres las que reniegan, gritan y se asustan si ven a su hijo o hija con la ropa sucia, con barro, manchados y demás.
El jugar implica ensuciarse, el niño juega sin pensar si se va a ensuciar, son los padres y mayormente la mayoría de las madres que generan en los niños y niñas la expresión de asco, o disgusto al encontrarse sucios.
«Los niños no aprenden cómo adaptarse a su mundo y crecer en él sin entrar en contacto con el mundo que los rodea, es decir, sin ensuciarse. Los adultos tampoco continúan su aprendizaje ni mantienen su adaptación sin este contacto, lo cual también pueden implicar ensuciarse. Entender esto es algo que se construye internamente, es un aprendizaje interno».
El rol de los adultos ante el juego y la suciedad
Mientras que los padres, especialmente las madres, les transmiten con firmeza a sus hijos que no deben jugar en lugares donde es posible que haya agentes patógenos, todos los padres -excepto los más obsesivos- también esperan que sus niños se ensucien jugando y se preocupan si su hijo teme ensuciarse o es muy puntilloso y cuidadoso al respecto.
El rol de los adultos no es eliminar el riesgo sino asegurarse de que el niño pueda lidiar con situaciones de riesgo y resolverlas exitosamente, despertar el interés del niño y la sensación de desafío.
Por un lado, el adulto debe durante el juego del niño marcarle determinados peligros («no juegues con esto», «no comas o te metas en la boca tal bicho») y por el otro, el adulto que se obsesiona con el hecho de que el niño no debe ensuciarse está interfiriendo en el proceso de aprendizaje adaptativo del niño y reduciendo sus posibilidades de éxito.
En extinción
La profesora Beatriz Caba de IPA, afirmó en su ponencia que observan una «disminución alarmante» de la actividad lúdica. Para Caba «el permiso a jugar está en extinción» no beneficiando esto al crecimiento del niño ya que el juego permite el desarrollo de valores humanos e inteligencias múltiples». Las características de la posmodernidad limitan el juego y generan inseguridad en la sociedad. La docente culminó preguntando «¿qué sucede con una infancia sin espacios y tiempo para jugar?».
El adulto deberá actuar como un facilitador entre el niño y el juego. Respecto al tema de la suciedad y el desorden, Caba opinó que son parte natural del juego, que permite luego hábitos de limpieza, a manera de ejemplo «antes de dormir nos bañamos», expresó. Debe existir siempre un equilibrio entre la limpieza y la suciedad, lo mismo entre el juego y la libertad del niño, aunque suene absurdo no lo es. «La suciedad en conjunto con nuestras necesidades ayuda a fijar metas, da dirección a nuestras acciones. Para ello es necesario tener la libertad de poder alcanzar estas metas y la libertad, a su vez, necesita la disciplina de la suciedad para que sea real». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad