Jaque del mate uruguayo
En España se está jugando el III Mundialito de la inmigración y esta es la crónica de un partido en el que jugó Uruguay contra Senegal y que fuera publicada en la influyente revista de deportes As.
«Los que están, a dar la cara por que acá hay un gran grupo que respalda, la hinchada lo es todo». El compromiso de los uruguayos con su selección, la Celeste, es algo que se sitúa por encima de todo lo demás. Desde Valencia viene alguno para jugar el Mundialito. En coche, y se especifica el dato porque si tuvieran que hacer los 350 kilómetros en bici lo harían. La duda ofende.
Entrar al vestuario de Uruguay cuando quedan 3 minutos para que comience el partido es una experiencia peligrosa. Porque los besos de confraternización son cabezazos con los labios de por medio, los abrazos que se dan son de los que parten espaldas y todo el que está en la dependencia recibe al menos uno. Aunque sea periodista. El fútbol nació en Inglaterra, pero creció en Uruguay. No por casualidad fueron los primeros campeones del mundo, allá por los años 30. Y esa sabiduría futbolística ha ido pasando de padres a hijos disuelta en cada sorbo de mate. Por eso ayer golearon a Guinea Bissau (6-0) con una auténtica exhibición, los guineanos nunca tuvieron el balón. Bueno sí, las seis veces que sacaron de centro. A los chicos que entrena Balda, que dirigió en la máxima categoría uruguaya, la supermotivación se les junta con la calidad de los que han sido profesionales. Márquez dejó a Recoba sin ir a un Mundial Sub-20, Rotundo, hermano del que fuera mediocentro del Elche, jugó en la serie B italiana y el capitán y motor, Leo, jugó muchos años en Cerro». *
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