Con una donación española de 180 mil euros la IMM busca revitalizar el patrimonio industrial más rico de la ciudad
El primer poblador oficial de Peñarol llegó al barrio en 1765. Juan Bautista Crosa abandonó su pueblo italiano Pignarolo (de la deformación verbal de esa palabra nació el nombre Peñarol) para desembarcar en lo que hoy es el cruce de los caminos Coronel Raíz y Paso de la Cruz. La zona se fue poblando hasta llegar a más de tres mil vecinos en 1882 y, cinco años más tarde aparecieron quienes dejarían el legado industrial y arquitectónico más rico del lugar: los ingleses. Con ellos llegó el ferrocarril, la estación, el taller ferroviario, las casas de los jerarcas y los obreros que manejaron la empresa Central Uruguay Railway (CUR) a partir de la última década del siglo XIX. Hoy, estos inmuebles representan casi el 10 por ciento del patrimonio histórico de Montevideo, y no están en buenas condiciones. Por eso en 2002 la IMM se propuso revitalizar el barrio Peñarol a través de la instalación de emprendimientos públicos y privados y la restauración de los edificios centenarios, que para los poco observadores pasan casi inadvertidos. Para la ejecución de este plan la Intendencia diseñó un circuito de siete cuadras que encierra el valor patrimonial del barrio. Tal como reconoció a LA REPUBLICA uno de los coordinadores del proyecto, Néstor Duarte, «el objetivo es ambicioso. Pero de a poco, y con inversión local e internacional (a través de donaciones y préstamos) se va a ir concretando».
Durante la recorrida que realizó este diario por la zona del barrio a intervenir, el coordinador del proyecto dijo que «se está ejecutando la primera etapa, que comprende el cambio de flechado de algunas calles para permitir una fluida llegada al circuito turístico y el ensanchamiento de varias veredas con el fin de mejorar la circulación de los peatones». Precisamente ayer un grupo de obreros estaba destinado a estas obras, mientras que otro se dedicaba a reparar la estación de trenes, inmueble incluido en el recorrido.
La idea es que el circuito arranque en la Estación Central de AFE, que los pasajeros se suban a un tren a vapor totalmente ambientado en el siglo XIX (con los boletos y los guardas vestidos como en aquel tiempo) y que lleguen a la estación de Peñarol. Pero Duarte admitió que «eso ya no depende de la Intendencia sino del gobierno central porque se trata de poner en condiciones la Estación de Central de AFE y no sería competencia nuestra». Por ahora, la IMM está invirtiendo en la restauración de lo que será la primera parada del circuito: la estación Peñarol.
La estación
Allí funcionará un pequeño museo ferrovario, que incluirá una boletería de esa época, un telégrafo, la cartelería y un local de encomiendas de ese entonces. Para llevar adelante esta idea se está reconstruyendo un sector de la estación donde irá a parar la actual parte operativa. El viejo espacio se usará para instalar el museo y de esta forma se aprovecharán los pisos, techos, muebles, pizarrones y bancos originales que hoy por hoy se pueden apreciar.
Entre las tareas que se están llevando adelante se encuentran la reinstalación del tendido eléctrico y la sustitución de los pisos de madera que no están en condiciones de sobrevivir por otros nuevos. Posteriormente se analizarán los revoques para constatar su estado y se pintará el edificio manteniendo los tonos genuinos, se retirará el muro que bordea la estación para permitir una visión completa del inmueble y se recuperará una fuente que quedó enterrada por la tierra.
Cruzando la calle Aparicio Saravia, el visitante se topará con la segunda posta del recorrido turístico: las casas en las que antiguamente vivieron los administradores y gerentes del ferrocarril. Una de ellas se puede reconocer fácilmente por sus ladrillos vistos y en la actualidad funciona una policlínica y una sede del INDA. Duarte indicó que la «idea es recuperarla pero en una etapa futura del proyecto». Al lado de esta casa hay otra que está abandonada y enfrente una seguidilla de seis edificaciones, de idéntica altura, que también serán reacondicionadas.
La última casa está ubicada en la esquina de Morse y avenida Sayago. Al doblar por la primera calle se verá el puente de hierro de unos 25 metros de largo que cruza las vías del ferrocarril. En el tejido que cubre el puente se puede leer la inscripción CUR, que da cuenta de la conservación de los materiales.
La casa del obrero
Al bajar el último escalón del puente se detectarán las dos manzanas que encierran las 44 casas en las que habitaban los obreros del ferrocarril. Sobre la calle Bruno de Rivarola hay una serie de casas tradicionales de la época, con un patio central y las habitaciones alrededor. Ese sector de viviendas ya fue intervenido a través de la impermeabilización de las azoteas y el tratamiento en las raíces de los árboles que terminaron rajando parte de las fachadas de las casas. Un segundo paso será restaurar las fachadas y aberturas. Siguiendo por Rivarola se saldrá al taller, fundado en 1891, que empleó a más de 3.500 personas.
Los pisos de madera traídos de Inglaterra aún se conservan y si bien la operativa del taller ya no es a vapor sino eléctrica, la maquinaria sigue funcionando bajo el sistema de poleas. En ese inmenso lugar se pueden ver fraguas, tornos, pescantes (máquinas para levantar los vagones), bombas y fresadores, entre otros elementos usados desde el siglo XIX. Ese taller será el futuro museo industrial, que concentrará no sólo elementos del ferrocarril sino todo aquello que tenga relación con la revolución industrial.
Finalmente, el circuito terminará en el Centro Artesando, donde nació el Club Atlético Peñarol. El plan incluye a ese espacio como un museo del fútbol, con los balones, las camisetas y fotos y recortes de la prensa de aquella época.
Inversiones y donaciones
Este ambicioso proyecto, que según aseguran sus ideólogos no se terminará al menos hasta 2007, se está ejecutando con inversiones de la Intendencia de Montevideo y con donaciones que llegan desde Europa. De acuerdo a los números que maneja Duarte, hasta octubre la IMM destinará 150 mil dólares para finalizar la primera etapa del plan. Mientras tanto, el gobierno español de Gijón donará 180 mil euros que se tendrán que invertir en el plazo de tres años. De hecho, el intendente Adolfo Pérez Piera viajará el próximo jueves a España para recibir personalmente este aporte económico.
Pero esa no es la única ayuda internacional que recibirá el barrio Peñarol. El gobierno de Andalucía entregó un préstamo de hasta 60 mil pesos (sin intereses y a pagar en 60 cuotas) a cada uno de los 43 propietarios de viviendas de esa zona para refaccionar el interior de sus hogares. Cinco de estas 43 que recibirán el préstamo forman parte del conjunto de las viviendas de obreros ingleses.
A trece kilómetros del centro de Montevideo existe un barrio que encierra un imperdible valor industrial y arquitectónico. Si este proyecto prospera, sin dudas ese patrimonio será aprovechado. *
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