LA REPUBLICA VIAJO AYER EN EL TREN QUE POR UNICA VEZ EN EL AÑO LLEGA A FLORIDA

Expreso San Cono: entre la fe y la aventura

Cuando a las 8.25 el tren partió de la Estación Central, Luis Estoyanoff ya ocupaba uno de los 800 asientos. El hombre de 79 años iba a agradecerle a San Cono que «haya cumplido» el deseo que le pidió personalmente en el 2003. «Hace tres años fui a Florida por primera vez porque mi hijo estaba muy enfermo y no tenía trabajo. Como yo tengo fe, fui a pedirle al santo que lo ayudara y así pasó». Estoyanoff está convencido de que la buena salud y el intenso trabajo que hoy tiene su hijo es gracias a San Cono. Por eso, además de visitarlo todos los 3 de junio le reza cada noche a este santo.

Ricardo Sastre, de 46 años, confiesa no ser muy devoto. Pero, por su condición de floridense, «San Cono es San Cono». Pidió el día libre para repetir el ritual que lleva adelante desde hace cinco años. Cuando este diario le preguntó para qué iba a visitar al santo, Sastre no dudó en mostrar una foto enmarcada que guardaba en una bolsa: «Acá estoy yo bailando tango en Polanco del Yi, mi pueblo natal. Esta era la promesa que le había pedido al santo y me la cumplió. Por eso le vengo a dejar la foto».

Su novia, Shirley De Vera, tampoco viajaba con las manos vacías. Una foto de su hija con el vestido de 15 años reflejaba el motivo del trayecto. «Por cuestiones económicas no podíamos hacerle la fiesta, pero finalmente pudimos y ella quiere agredecérselo a San Cono». De Vera estaba fascinada de viajar en tren porque hacía años que no vivía esta experiencia.

A pesar de las gotas que se filtraban en algunos vagones, del frío que se sentía y de los baños prácticamente inutilizados por su estado de abandono, los pasajeros se mostraban más que contentos con la aventura. Hasta la alemana Cristina Rhein, de 23 años, y su amiga finlandesa Anu Heimo, de 24, dejaban ver una ligera sonrisa. Las chicas, sin saber con qué podían encontrarse porque llegaron al país hace tres meses, emprendieron viaje «para conocer cómo se celebran las fiestas religiosas en Uruguay y vivir la experiencia del tren».

 

Máquina canadiense y vagones del 60

Teniendo en cuenta la masividad de la conmemoración de San Cono, AFE decidió largar el tren con once vagones, dos de los cuales datan del 64 (se los llama Allan) y el resto son de la década del 70. La máquina es canadiense y fue traída al país en el 93, según detalló ayer durante el recorrido el jefe del departamento de pasajeros, Juan Silveira. Siete eran los trabajadores que ayer cumplían su tarea: un maquinista con su ayudante, cuatro guardas y un inspector. Y la velocidad promedio fue de 40 kilómetros por hora.

Los pasajeros que charlaron ayer con este diario resaltaron como ventajas del tren el gran espacio que hay entre los asientos (que da lugar para jugar a las cartas) y la sociabilidad que se logra durante el viaje. Por ello no es nada raro que se den charlas entre los pasajeros de un mismo vagón. De hecho, Marta Vaz recordaba ayer con sus pasajeros de al lado cuando hace dos años, un 3 de junio, el tren atropelló una vaca. «A pesar de que llegamos dos horas después nos divertimos mucho».

Para Luis Rodríguez, de 48 años, otra de las particularidades que da este medio de locomoción es la posibilidad de ver la realidad. «Desde acá se ven los fondos de las casas, que en definitiva es lo que delata la verdadera pobreza de muchas zonas de Montevideo. Pero claro, hay que tener paciencia.

Si estás apurado no podés viajar en tren». Los viajeros saben que puede pasar cualquier cosa, por eso en la primera de las 20 paradas que hay hasta Florida, una mujer se hizo pasar por la azafata y bromeaba con la idea de que el tren había «pinchado» y tenían que «emparchar».

Apenas Rosa Chernenko, de 74 años, escuchó en la televisión que un tren salía rumbo a Florida llamó a su amiga Delmira Pariani, de 64, para vivir juntas esa experiencia. «Quisimos aventurarnos porque habíamos viajado en ómnibus y auto pero nunca en tren», contaron las vecinas de Pocitos. En un principio las mujeres reclamaron más luz en los vagones, pero después con la luz del día estaban «chochas». Tan contentas estaban que a las 17 horas emprendían la vuelta.

Las mujeres tuvieron que cambiarse de vagón porque se encontraron con la sorpresa de que sus pasajes estaban sobrevendidos. Pero no se hicieron problema porque el que eligieron también era para no fumadores. Actualmente son cinco los habilitados para fumadores y seis para quienes no lo hacen. Pero, según señaló Silveira, «ahora vamos a tener que prohibir el cigarrillo en todos los vagones por las medidas que tomó el Presidente».

 

Viaje de bautismo

El tren salió prácticamente vacío de Montevideo, pero en las distintas paradas se fue llenando. En 25 de Mayo, pueblo por el que pasa el tren sólo los 3 de junio porque los servicios regulares llegan hasta 25 de Agosto, se subió un grupo de 60 chicos, acompañados por el ferroviario Elio Barretto, de 46 años. Mientras los escolares corrían de vagón en vagón, sorteando a los vendedores que iban y venían por todo el tren, el hombre contó que «todos los años se hace lo mismo porque el objetivo es vivir la experiencia de viajar en tren».

Es más, entre los que subieron en 25 de Mayo había muchos de Florida, pero los llevaron en auto u ómnibus hasta ese pueblo para que recorriesen los 18 kilómetros que separan estos dos puntos. La idea era volverse en el tren, pero Barretto admitió que si seguía lloviendo la vuelta se hacía en ómnibus. La llegada fue a las 11.30, diez minutos después de lo previsto. Y la gente emprendió la caminata hasta la iglesia de San Cono.

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