A pesar de sus detractores y defensores

No sólo de asado "del Pepe" vive el hombre, pero que ayuda, ayuda

Y es más, ha suplantado la verdadera vergüenza que muchas carnicerías ofrecían como pulpa picada de oferta, que reducida la grasa, el aserrín de hueso, la sangre y la pajarilla o el bofe que le mezclaban algunos inescrupulosos comerciantes, terminaba costando el kilo de «carne-carne» más caro que un kilo de lomo de exportación.

Y ni hablar de muchos engendros congelados con forma de hamburguesas de marcas fantasma que aparecieron en la plaza, tratando de capitalizar en su favor la necesidad del público consumidor de sustituir la carne que estaba a precios inalcanzables por algún producto similar de costo accesible. Ni tampoco de esas ristras de chorizos que solían verse a precios increíblemente baratos, mucho más que lo que solía costar un kilo de carne picada. Y uno se preguntaba Si no tienen carne ¿qué tienen?

Porque, al fin y al cabo, nadie iba a vender por la mitad de precio, lo que costaba el doble con el agregado del proceso de embutido en la tripa, condimentos, etcétera. Hubo quienes decían que «le estaban metiendo el perro a la población». Y literalmente hablando, las crónicas policiales tiempo después, descubrieron que no estaba muy lejano en ese aspecto, el dicho del hecho.

Y así fue que como consecuencia de toda esa situación se incrementó el abigeato, la faena clandestina y no sólo de ganado vacuno, sino también de caballos y hasta perros que muchos utilizaron para comercializar en su favor y en desmedro de la salud popular.

Pero regresando al principio. La carne volvió de alguna forma a muchas ollas del pobrerío. Y decimos «olla» ex profeso, ya que de acuerdo con algunas compulsas efectuadas entre consumidores que habitualmente compran el «asado del Pepe», dejó en claro que son las menos las tiras que terminan dorándose sobre una parrilla al calor de un buen braserío.

De acuerdo con las referencias obtenidas, con el corte popular en oferta, se pueden hacer muchos platos sustanciosos, abundantes y baratos, como para llenar los panzas de la prole, alimentarla bien y ahora que se están haciendo sentir los primeros fríos, aportar suficientes calorías al organismo como para que «el cuerpo aguante».

 

Cómo aprovechar «el asado»

Para que rinda bien hay quienes sugieren ir y comprar dos kilos del «asado del Pepe» y lo primero que se debe hacer después es sacarle la grasa, y guardarla para preparar con ella unos buenos chicharrones, que pueden utilizarse para el amasijo de algunas roscas caseras con ellos o si lo prefiere, comerlos calentitos con sal y pimienta y un chorrito de limón para digerirlos mejor, acompañando un vaso de vino o algún otro espirituoso elemento, como aperitivo. Con la grasa derretida y purificada, puede aprovechar para hacer unas buenas tortas fritas, pan casero, masa de hojaldre o alguna fritura en caso de apuro.

Luego del desgrase, se deberá hervir la carne con sus huesos respectivos, en abundante agua con verduras de donde se obtendrá una buena olla de caldo de excelente calidad con la cual asegurará la sopa por dos o tres días.

Con la carne hervida hay varias opciones. Deshuesando una parte de ella y picándola en trozos chicos, se puede utilizar como complemento para una cazuela de lentejas o porotos, para un tuco, o para cualquier guiso, ensopado o sopón tipo de trilla o carrero que se le ocurra.O si lo prefiere, prepara una vinagreta con bastante ajo, perejil, cebolla, morrones,–todo en crudo– ají molido, algunos granos de pimienta negra, y por supuesto, vinagre y aceite, y resultará una entrada de fiambre exquisita y rendidora.

Con el resto, y sin necesidad de sacarle el hueso, puede hacer un excelente estofado. Prepara una buena salsa con tomates rallados, cebollas, zanahorias, perejil, ajo, laurel , morrones, etcétera y una vez que está casi pronta, coloca allí la carne precocida y deja hervir un buen rato más.

Con ese estofado podrá acompañar unos cuantos platos de polenta, fideos, arroz, o si lo prefiere saborearlo con una guarnición de puré de papas, zapallo, boniato o lo que prefiera.

 

«Albóndigas del Pepe»

Pero no es todo. Si tiene a mano una de esas modernas procesadoras o una máquina de picar carne (caso contrario puede pedirle la «gauchada» al propio carnicero) puede colocar en ella a desmenuzar ese resto de carne precocida –sin huesos por supuesto– y luego de ello, agregarle pan mojado, condimentos varios –ajo, orégano, cebollitas y morrones picados y prefritos– y hacer unas buenas y rendidoras albóndigas, que al menos sabrá que son hechas con carne y no quedará con la duda si las hace con alguna de aquellas pulpas picadas en oferta de la que hablamos. Recuerde que siempre puede agregarle algunas pasas de uva si le gustan con este sabor agridulce, o si por allí le sobraron algunos pesitos, añadirles unas aceitunas picadas.

Tiene además la posibilidad de en lugar de hacer varias albóndigas cocidas en salsa, formar uno o dos albondigones grandes y cocinarlos al horno con un buen acompañamiento de papas y boniatos y hasta algunas cebollas cortadas en aros gruesos.

 

«Milanesas del Pepe»

Y ni qué decir que si se ingenia, con esa misma carne picada, con agregado de bastante pan rallado y bien condimentada con ajo y perejil, le mezcla un huevo batido y hace una especie de masa. Luego, ya sea con un palote o una simple botella –o un pedazo de palo de escoba, bien a lo criollo– o si lo prefiere con las palmas de la mano, forma una especie de milanesas finitas. Las pasa por más pan rallado y huevo y después las fríe.

Y como nada se desperdicia, los huesos déselos al fiel guardián de la casa , que si bien no encontrará en ellos ni rastros de carne ni grasa, le servirán para afilarse los colmillos y después enterrarlos en algún lugar del fondo, como todo buen perro que se precie de tal. *

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