PREOCUPA LA PROGRESIVA BAJA TASA DE NATALIDAD

Los japoneses consideran cada día menos importante el sexo en el matrimonio

Tan es así que algunos datos oficiales difundidos por el gobierno de ese país afirman que para el próximo año la población japonesa alcanzará la cifra de 128 millones de individuos, pero de mantenerse la tasa de natalidad actual, para 2050, la misma se verá reducida a un guarismo de apenas 100 millones.

 

Hombres desinteresados en el sexo

Las investigaciones llevadas a cabo por los responsables de distintas áreas de la comunidad al respecto han llegado a la conclusión de que quizás la principal causa de este fenómeno –por otra parte no habitual entre los pueblos orientales donde algunos, caso China por ejemplo, han debido limitar por ley la natalidad– es la progresiva y fácilmente comprobable pérdida de interés de los hombres japoneses, fundamentalmente en lo que tiene que ver con las relaciones sexuales.

Una información difundida por el periódico «The Guardian» da cuenta del caso de una japonesa, de nombre Junko, que aguardó a superar la edad de 30 años para casarse finalmente con un empleado de una importante firma comercial, con el objetivo lógico de fundar un hogar y en él una familia. Sin embargo, transcurridos quince años de matrimonio, Junko y su marido no han tenido hijos. Pero lo alarmante de este caso, que como veremos no es el único, no es que alguno de los cónyuges esté biológica o síquicamente imposibilitado de procrear, sino simplemente que el hijo no llega porque en los quince años de matrimonio, la pareja no ha efectivizado el más antiguo, simple, elemental y sublime paso para que ello pueda suceder, es decir, mantener relaciones sexuales.

 

«Solución a corto plazo: marido sustituto»

Es decir, Junko y su marido, en quince años de matrimonio, nunca tuvieron relaciones sexuales y este caso es uno de los 200 que viene tratando una clínica de las afueras de Tokio, cuya directora, Kim Myong-gan, manifestó que las mujeres que buscan ayuda en dicha institución por lo general no tienen relaciones con sus maridos desde hace veinte años, y algunas, como el caso de Junko, nunca las tuvieron.

Expresó además que «quienes vienen a verme aman a sus maridos y no desean un divorcio. Pero sus maridos pierden interés en el sexo o no lo quieren desde un comienzo. Muchos ven a sus mujeres como madres sustitutas y no como seres con necesidades afectivas y sexuales», explicó .

Kim Myong-gan propone a estas mujeres insatisfechas y preocupadas por su relación de pareja, una solución muy poco convencional que ha levantado en algunos sectores verdaderas polémicas, pero que sin embargo quienes defienden la posición de la «terapeuta», estiman que sirve para flexibilizar situaciones extremas y armonizar nuevamente la vida en pareja de los protagonistas.

Se trata de una solución que se considera «de corto plazo». Luego de una consulta inicial en la que se evalúa la situación, y por la cual la «paciente» deberá pagar la nada despreciable suma de dos mil dólares, Kim les muestra un catálogo con fotos de 45 hombres, profesionales, de excelente nivel, con edades generalmente superiores a los 40 años, los que se ofrecen para salir con ellas. En la mayoría de los casos las citas se acuerdan en hoteles de categoría, reservados y adecuados para ese tipo de encuentros.

La «terapeuta» no acepta que se le acuse de estar regenteando un servicio de prostitución masculina, ya que afirma que los hombres que participan de este tipo de encuentros se ofrecen como «voluntarios», e incluso ellos pagan la mitad de los gastos generados en el encuentro de su propio bolsillo, ya sean facturas de restaurantes, hoteles, centros de diversión, espectáculos, etcétera. Kim afirma que dadas estas condiciones, no hay nada malo en ello, e insiste en que no se trata de un servicio de prostitución masculina de alto nivel, sino en todo caso podría definirse como un servicio de una especie de » maridos sustitutos» eventuales. Muchos detractores insisten sin embargo en equiparar a estos «voluntarios» con los famosos «gigolós» y «Taxi boys» del mundo occidental.

 

«Conscientes…»

Este «servicio terapéutico» solamente apunta a cumplimentar las necesidades sexuales de las mujeres insatisfechas, esposas legales de hombres desinteresados en el sexo, pero en nada hace al problema de la tasa de natalidad japonesa, ya que es condición indispensable en estos encuentros «voluntarios» la protección con el uso del condón por parte del hombre y en lo posible, también que la mujer haga lo propio con el consumo de anticonceptivos orales.

De todas formas se asegura que una condición indispensable para ser reclutados en este plantel de «voluntarios», es la certificación y el control estricto sanitario para que las «pacientes» no corran el riesgo de contraer alguna infección venérea o el tan temido VIH.

La gran interrogante es sobre qué piensan los maridos que están en esta situación, respecto a la posible «atención» de su cónyuge en «sesiones terapéuticas» no convencionales de este tipo. Al parecer, a la mayoría no le preocuparía en gran medida, siempre y cuando ello sirviera para no desestabilizar su armonía matrimonial e incluso hay quienes sostienen que algunas de las «pacientes» lo hacen con el beneplácito de su marido que les aporta el dinero para los gastos, como si se tratara de pagar el salón de belleza, las sesiones en un gimnasio, o una recorrida por el shopping vaciando vidrieras y mesas de saldos.

 

Incentivos oficiales para alentar procreación

Ante esta situación se han develado algunas cifras que realmente preocupan en lo que tiene que ver con la conformación de la sociedad japonesa. La cantidad de parejas casadas es cada vez más reducida y se revela en una estadística que indica que en el año 2000 aproximadamente el 70 % de los japoneses y el 54 % de las japonesas entre 25 y 29 años de edad eran solteros.

A esto se suma que la sociedad japonesa, extremadamente conservadora en muchos aspectos, no ve con buenos ojos a los niños nacidos fuera del matrimonio. Por todo ello, teniendo en cuenta los bajos índices demográficos anunciados, el gobierno de Japón ha establecido una serie de iniciativas para promover en los japoneses casados, en las parejas en sí, la voluntad de procrear para elevar las alicaídas tasas de natalidad.

Para ello se establece la obligación de los empleadores en otorgar más licencias pagas anuales a quien tiene más hijos y les ordena además darles más tiempo a los padres para que se queden en casa con ellos.

La falta de niños ha comenzado ya a hacerse sentir en muchos otros aspectos de la comunidad japonesa. Varios parques de diversiones se han declarado en quiebra y han cerrado, y como no hay mal que por bien no venga como dice un antiguo adagio, desde un tiempo a esta parte los otrora infernales exámenes de ingreso que debían rendir los adolescentes para asegurarse un lugar de ingreso a las universidades, son notoriamente menos exigentes, porque la competencia es menor. De todas formas, la preocupación por este tema está plantada en el centro de la opinión pública japonesa, donde muchos socarronamente opinan a pesar de todo, que para subir la tasa de natalidad, hay «otras cosas elementales» que deben subir primero, y eso no se arregla –dicen– con decretos gubernamentales. Se insiste también en el carácter «no profesional», gratuito y con gastos compartidos del «voluntariado» para los «institutos terapéuticos» al estilo de Kim Myong-gan, fundamentalmente para desalentar posibles oleadas de inmigrantes latinos dispuestos a enrolarse en tan «loable» cruzada. *

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