Sexo en el deporte

Hola, te escribo porque tengo una duda enorme… Me hice un papanicolau y me salió que tengo un virus llamado «papona virus». Mi ginecóloga me dijo que ese virus produce heridas en el útero, y que no se conoce cura (que hay una vacuna en período de experimentación) pero que lo único que yo puedo hacer es controlar las heridas… Yo quería saber, cómo es que se contrae ese virus, si es contagioso, que consecuencias me puede traer, si trae algún problema a la hora de mantener relaciones sexuales, si influye en la fertilidad o a la hora de dar a luz… y todo aquello que te parezca que debo saber acerca de este virus… porque la verdad es que estoy un poco asustada… Muchas gracias, desde ya…

El papona virus se contrae por contacto directo, generalmente por vía sexual, pero se ha visto en niños pequeños. El virus entra por una pequeña lesión de la piel y las primeras manifestaciones suelen aparecer en un lapso que puede ir desde las dos semanas hasta los ocho meses, aunque se han visto casos de veinte meses después del contacto. La manifestación externa del virus es la formación de condilomas acuminados o verrugas que pueden crecer y formar como crestas de gallo o racimos de uva, si no se tratan adecuadamente. De permitir que lleguen a tamaños grandes, evidentemente, van a molestar en el coito.

Si concurres periódicamente a tu ginecóloga y haces el tratamiento que ella te indique, puedes controlar el desarrollo de los condilomas e incluso evitar problemas mayores a nivel del útero, en el embarazo y parto.

Es necesario que quien te atienda en tu embarazo sepa que tienes esta infección para que tome las medidas pertinentes.

Como todos los virus que ingresan a nuestro organismo, éste no se va más y pueden reaparecer sus manifestaciones periódicamente, en momentos en que tus defensas bajen por stress, cansancio, enfriamientos, etc. al igual que los de la gripe, por ejemplo. Tu pareja debe saber que tienes este virus y en lo posible usar preservativo e incluso hacerse un estudio para ver si él también lo tiene. En los varones no siempre hay manifestaciones visibles pero igualmente lo transmiten.

 

Hace unos días yo llamé aunque no me decidí a hablar porque no supe como encarar lo que nos está sucediendo, pero la pareja que aparece en el escrito del miércoles 30 de marzo es propiamente mi caso y los otros que presentó el domingo 3 de abril, también tienen mucho que ver con lo que me está pasando. Tengo 54 años, 28 de casados y mi señora 53 y estamos frente al mismo problema. Ella no quiere tener más relaciones sexuales. Mi primer pensamiento fue que tenía otro pero, me decidí a hablar y me dijo que no, que simplemente se había «enfriado». Soy una persona limpia y prolija. Mi pregunta es si su desinterés puede deberse al tamaño de mi pene que, en erección mide 12 cms y qué puedo hacer para solucionarlo pues, pienso que aún me queda un tercio de vida por vivir y no quisiera que fuera en abstinencia sexual.

La falta de deseo sexual puede deberse a múltiples motivos, como ser: poca comunicación entre ambos que impida que el varón sepa lo que necesita la mujer y por lo mismo, ésta no recibe los estímulos necesarios para disfrutar del encuentro; rutina; eyaculación precoz del marido o egoísmo en el sentido de lograr su orgasmo sin preocuparse por la otra parte; desacuerdos sin resolver que provocan sentimientos negativos en ella; pensar que porque se terminó la época fértil, no tiene sentido la sexualidad por placer; otros intereses afectivos; etc. etc.

El tamaño del pene no tiene por qué ser motivo de la pérdida del deseo de la mujer, menos en su caso cuya medida está dentro de lo normal, pues sus zonas erógenas primarias son el clítoris y el primer tercio de la vagina, y las secundarias: la boca, las mamas, el ano, etc. y para acceder a ellas no es necesario un pene de grandes dimensiones, es más, no es necesario un pene.

Lo aconsejable es que, cuando se plantean estas situaciones, se converse sobre lo que les está sucediendo y, de no poder llegar a un acuerdo para solucionarlo, en segunda instancia, se recurra a una terapia psico-sexológica de pareja. Si tampoco fuera eficaz, quedaría como último recurso la separación de la pareja, al menos, en lo referido a la sexualidad.

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