Vilipendios
– Buenas, vengo por lo del cartel.
– Acaban de llevarse a todos presos, se terminó lo de la droga.
– No, yo hablaba del cartel de afuera.
– Lo conoce, como para hablar de él.
– Bueno, no le voy a decir que tengo una gran amistad con él, pero yo he conocido otros carteles parecidos e intimado con varios afiches y tuve una relación, fugaz pero intensa, con una marquesina.
– ¿Me cuenta de sus relaciones con la nobleza, porque obliga?
– Por favor, no se sienta obligado.
– Yo me siento cuando quiero.
– Me refería a sentirse obligado.
– Para sentirme una calle, prefiero Bacacay
– Va a ser mejor que me calle.
– Está tratando de ponerme en vereda.
– No, no quisiera que se llevara esa impresión.
– Yo nunca me llevo nada que no sea mío.
– Conozco gente que se ha llevado nada.
– ¿Y cuando no hay nada para llevarse?
– Si no hay nada, agarran otra cosa. Se llevan todo, por ejemplo.
– Yo, con todos, no me llevo. Y usted ¿se lleva?
– Yo siempre me llevo, vaya adonde vaya.
– Tiene suerte, yo hay días que no me ubico.
– ¿Por qué no prueba con un teléfono celular?
– No quisiera llamar la atención, además cada vez que la llamo a la atención, me da ocupado.
– Y hacer un llamado a la cordura.
– ¿Usted está loco? Capaz que atiende.
– Tiene razón.
– Tengo, pero no me sobra.
– Mejor volvemos a lo del cartel.
– Estamos en lo del cartel, puesto que él está en la puerta de este lugar.
– Quería decir, al tema del cartel.
– Si quería decir eso, ¿por qué no dijo eso?
– El cartel dice que necesita un vendedor.
– No le haga caso, todos los días dice algo distinto. Ayer, sin ir más lejos, decía: Hoy Juega.
– ¿Y qué es lo que hay que vender?
– Vilipendios.
– Yo he trabajado mucho con Vituperios.
– ¿Sabe una cosa? Usted me cae bien.
– Disculpe, fue porque tropecé.
– Concretemos. ¿Tiene experiencia?
– Tengo, pero me queda una.
– La podemos compartir.
– Está bien, tome la mitad.
– Está contratado.
– Estaba visto… hablando la gente se entiende. *
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