Sobre las elecciones en Cuba
Más del 84 por ciento de la población electoral -que se estima superior a los ocho millones de personas- participó en las más de 41.600 asambleas efectuadas, en las cuales los vecinos de cada demarcación, no partidos políticos, se encargaron libremente de postular a los candidatos a delegados que deben ahora ser electos en las urnas, por el voto libre y secreto, el próximo 17 de abril.
Poco se ha publicado en el mundo sobre este acontecimiento masivo ocurrido en Cuba en las últimas 29 noches, desde el 24 de febrero hasta el 24 de marzo. Los grandes medios de comunicación han preferido en ese lapso silenciarlo y, en su lugar, dar amplio espacio a las tres decenas de damas vestidas de blanco que salen a las calles de La Habana «y retan a la prensa oficial» o a las voces y rostros de los grupúsculos asalariados de la Oficina de Intereses de Estados Unidos. Que casi 7 millones de cubanos hayan participado en las asambleas de nominación no merecen ni una línea, pero en cambio «los cuatro gatos locos» llamados disidentes, que se representan a sí mismos, ocupan titulares y grandes espacios.
Antes de comentar esto, me leí toda la prensa del Uruguay, un país sin lugar a duda, donde la gente tiene el deseo de estar informado, y nada de nada.
Me llegaron informes de que la prensa extranjera acreditada en La Habana fue invitada a asistir a las asambleas de nominación de candidatos. Pocos acudieron a la cita y, de esos pocos, menos aún fueron los que sus medios les publicaron sus notas o filmaciones. Los periodistas norteamericanos que están en la Isla esperando que ocurra algo a sus fines desde el año 1959, ven estos movimientos de verdadera Democracia, y miran para Florida, en el mejor de los casos. Comentar algo por más pequeño que sea, ni por asomo. Esa rareza de elecciones en Cuba, en que no intervienen maquinarias políticas, no es de interés para la agenda informativa de las grandes agencias cablegráficas, las cadenas de televisión o radio, y los grandes diarios.
A partir del 27 de marzo, las fotos y biografías de los más de 32 600 candidatos nominados se exponen, en igualdad de condiciones, en los lugares de mayor afluencia de población, a la vez que las organizaciones de masas, principalmente los Comités de Defensa de la Revolución, convocarán a los vecinos de cada circunscripción para presentar a los distintos candidatos.
De esto también se hablará poco en el mundo. ¡Qué rareza es eso de que la propaganda sea igual para uno u otro candidato, o que ninguno tenga que tener fortunas para organizar su propaganda! ¡Qué rareza es eso de que no haya ruidosas campañas electorales ni promesas de los que han sido postulados! Ya no se ven aquellas viejas escenas (a las cuales estamos muy bien acostumbrados en Uruguay) en que las calles de las ciudades y pueblos cubanos se llenaban de pasquines con fotografías, los canales de televisión con propaganda pagada por los candidatos más adinerados o con mayor apoyo financiero, las emisoras de radio transmitiendo los mítines de los candidatos o de sus voceros en los que prometían a sus electores «villas y castillas», desde puestos de trabajo hasta ingresos en los hospitales, desde una beca estudiantil hasta la construcción de una escuela, un camino o un acueducto, es algo muy raro. ¿Qué es eso de organizar unas elecciones sin partidos políticos que promuevan a candidatos o candidatas que si resultan electos no van a beneficiarse económicamente? ¿Qué es eso de que los delegados que resulten electos -equivalentes a concejales y/o ediles en otros países- van a cumplir sus funciones de servicio a la comunidad sin recibir salario alguno y sin abandonar sus profesiones u ocupaciones? Todo eso es bien extraño para los que, en el mundo del capital, la economía de mercado, el consumismo del despilfarro y el pluripartidismo, tanto hablan de democracia y libertad.
Como lo es también que en el proceso electoral cubano entre los candidatos nominados haya más de un 28 % de mujeres, cifra que podría significar en el futuro un aumento importante de la presencia femenina en el Parlamento cubano. O que más del 80 por ciento de los candidatos tenga enseñanza media superior o universitaria. Todo esto suena raro en el mundo de hoy, donde la mujer sigue discriminada o relegada y muchos de los que asumen funciones públicas evidencian su bajo nivel de escolaridad.
Son, en fin, muchas las rarezas que acompañan el sistema electoral cubano.
Los males que corroen a las elecciones en otros países no están presentes en Cuba. El padrón electoral es de oficio, público y universal para todo aquel que cumpla 16 años de edad y aparecer en él es un derecho que no cuesta un centavo ni engorrosos trámites burocráticos. Todo el mundo sabe cuántos son los que pueden votar. Eso, de hecho, impide organizar cualquier fraude. Los candidatos son postulados por el pueblo, no por ningún partido político. No son propuestos porque tengan más dinero o más poder, sino por sus virtudes, méritos y capacidad.
En Cuba las elecciones no se caracterizan por el abstencionismo, como ocurre en otros países. Como promedio, en los últimos once procesos, ha votado más del 95 por ciento de los electores inscriptos. El día de las elecciones las urnas no las custodian los militares, sino los niños de las escuelas. Votar no es obligatorio y nadie tiene que temer, si no lo hace, con perder un puesto de trabajo o pagar una multa.
Todo eso, en fin, son también rarezas en el mundo de hoy.
A pesar de que en las aulas de enseñanza del periodismo se aprende que si un perro muerde a un hombre no es noticia, pero si un hombre muerde a un perro, sí lo es, aún estamos esperando que las rarezas del proceso electoral cubano, que son muy positivas, tengan un reflejo en los grandes medios de comunicación y que sirvan de ejemplo a todos los paises. Formo parte de los que luchan por un mundo mejor posible, donde haya un mejor sistema electoral. Incluido Uruguay y mucho más en Estados Unidos, países que me son muy importantes por razones obvias. Eso, también, es posible. *
(*) Periodista uruguayo, corresponsal del Multimedio Plural en EEUU.
Compartí tu opinión con toda la comunidad