ALARMA GENERALIZADA MIENTRAS EL RECONOCIDO PASEO SIGUE CERRADO DESDE HACE NUEVE MESES

Matarían a decenas de venados en Reserva de Pan de Azucar

Como lo ha informado ampliamente LA REPUBLICA desde el año pasado, todo comenzó con un brote de «fiebre Q» (bacteria Coxiella Burnetti) que afectó a trabajadores de una empresa privada de aseo urbano, que cumplían tareas de desmalezado en el enclave animal situado en una de las laderas del cerro Pan de Azúcar, a pocos kilómetros de Piriápolis.

A nueve meses de la clausura –que la IMM dijo sería por 15 días– el tema recobra vigencia, ya que la edila doctora Mary Araújo (EP-FA-NM) solicitó ante la Junta Departamental, la conformación de una comisión investigadora, al tiempo que se anuncia el sacrificio de una cantidad no precisada de venados de campo, especie en extinción en todo el mundo, que con mucho éxito logró reproducir durante años el creador de la reserva, Tabaré González, quien incluso llegó a ganar hace unos 10 años el Premio Nacional de Medio Ambiente.

La doctora Araújo insiste en que todo el problema fue muy mal manejado desde el principio, «en algún momento por parte de la Intendencia se hizo una negación de que existiera la problemática. Después el Ministerio de Salud Pública aconsejó el cierre de la reserva, pero a su vez también tuvimos omisiones por parte de otros ministerios, como el de Medio Ambiente que nunca se hizo cargo del tema».

La doctora Araújo alertó asimismo que ovinos y vacunos «en muchos kilómetros alrededor también están siendo portadores de fiebre Q».

 

El cierre y los enfermos

El primer cierre de esta reserva de fauna autóctona, que durante años ha sido un referente ineludible para turistas y científicos uruguayos y extranjeros, se produjo a fines del mes de enero de 2004, por sugerencia del MSP. Sin embargo una semana después (el viernes 6 de febrero), tras una serie de estudios de campo encabezados por el doctor Víctor Lyford Pyke (responsable del laboratorio Rubino del MGAP) las puertas de la reserva fueron abiertas, al haberse constatado buena salud en los animales y un estado de higiene aceptable.

En el mes de junio del año pasado, el número de afectados por la «fiebre Q» ya superaba las 10 personas, entre funcionarios municipales y empleados de la empresa privada que realizaba el desmalezado del predio; pero surgían datos reveladores: el MSP no contaba con los reactivos para hacer los diagnósticos científicos y las muestras de sangre habían pasado meses en los laboratorios sin ser estudiadas. Recién entonces, la directora regional de Salud, doctora María Emilia Alvarez, revelaba esa carencia y que la enfermedad era relativamente desconocida para Uruguay, aunque se sabía que ocasionalmente podía aparecer en mataderos o frigoríficos, pero jamás a «cielo abierto».

Finalmente y en la medida en que el número de afectados seguía aumentando, la Intendencia de Maldonado procedió a cerrar nuevamente la Reserva de Fauna en los primeros días del mes de julio, en medio de una catarata de denuncias sobre irregularidades, formuladas en el Parlamento por el entonces diputado Enrique Pérez Morad (EP-FA-NM) y el propio gremio de los trabajadores municipales, quienes revelaron las condiciones de inseguridad en que se estaba trabajando dentro del recinto.

Incomprensiblemente, las autoridades municipales pretendieron restarle gravedad al asunto, anunciando públicamente que las obras demandadas para ofrecer más seguridad estarían prontas en solamente 15 días. Esas obras, incluían nada menos que la construcción de una sala de autopsias para animales, vestuarios con instalaciones sanitarias y agua caliente, comedor para los trabajadores (a quienes además debían dotar de instrumentos y vestuario adecuado para la tarea que cumplían), sitios para poner animales en cuarentena y depósitos especiales para el depósito de residuos biológicos, de acuerdo con lo que dicta el Decreto 135 del año 1999. Esas obras siguen inconclusas al día de hoy y el vasto predio se encuentra bajo un denso pastizal.

En el mes de agosto de 2004, la doctora Yaqueline Ponzo (directora de Salud Ambiental y Ocupacional del MSP), anunciaba en Maldonado que hasta ese momento se llevaban estudiados 34 trabajadores de los cuales 16 eran «positivos».

En noviembre, la directora Regional de Salud, María Emilia Alvarez, confirmaba que Mario Acuña, luego de permanecer hospitalizado por 25 días en el CTI del sanatorio Semm-Mautone de Maldonado dejó de existir el 23 de diciembre de 2003 a causa de la zoonosis que lo afectó durante su pasaje por la Reserva realizando tareas para la empresa de aseo urbano Limpark, denunciada reiteradamente por tener a sus trabajadores «en negro». Todos los afectados de esta empresa fueron asistidos inicialmente en el hospital de Pan de Azúcar, por carecer de cobertura mutual como lo marca la ley.

 

Hace nueve meses

Desde el último cierre, hace casi nueve meses, la reserva no se abrió más a pesar de los insistentes reclamos de vecinos, operadores turísticos y políticos, y permanentes denuncias de liberación indiscriminada de aves, sacrificio de otras especies, e intereses de la comuna de que el lugar quede definitivamente cerrado para no conspirar contra «intereses inmobiliarios y de desarrollo agroturístico en la zona».

Según el ex diputado doctor Enrique Pérez Morad, la Intendencia de Maldonado en el mes de agosto del año 2002 se negaba rotundamente a que el paseo fuera declarado Patrimonio de la Nación por Ley Nº 17.773. La comuna esgrimió entonces, y está documentado en el Parlamento, que «no se trata de una Reserva propiamente dicha, sino de un parque municipal sin mayores mejoras, instalado sobre un área residual de minería que hoy resulta un atractivo para Pan de Azúcar, Piriápolis y sus visitantes de verano. En ella se hace por funcionarios municipales, una labor de recría y exposición de animales en semicautividad interesantes para el medio nacional, sobre todo el caso de la especie venado de campo».

Y agrega la postura del municipio exhibida en el Parlamento en el año 2002, que «la municipalidad no ve con buenos ojos que el área donde se encuentra el parque sea declarada área protegida, porque eso traería perjuicio al desarrollo inmobiliario en el área de clubes de campo y emprendimientos agrícolas turísticos del norte de Piriápolis sobre los ejes de las rutas 37 y 73″.

Llamativamente, algunos meses más tarde (finales del año 2003) estalló el brote de «fiebre Q» que hasta el momento no ha podido ser erradicado. O, al menos, impide que el paseo reconocido internacionalmente, donde se encuentra una de las manadas de venado de campo en semicautiverio más grandes del mundo, sea habilitado para regocijo de miles de turistas, relax para los lugareños y centro de estudios de científicos y especialistas. *

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