Escrito por: HORACIO BUSCAGLIA
Jean T., rumano de 47 años, debÃa unos pesos a un prestamista. Para escapar de sus amenazas decidió suicidarse. Primero bebió medio litro de insecticida. El rumano que no era un mosquita muerta, se lo bancó perfectamente. Entonces tomó una cerveza y dos cognacs para sacarse el mal gusto… y arriba se zampó un frasco de somnÃferos. No paso nada, los ojos de Jean T., como el dos de oro. Decidió ahorcarse, pero el problema era que estaba tan boleado que no lo consiguió. Tenaz el rumano, pasó al “plan D”: tirarse al rÃo. Se tiró, efectivamente, pero con tan “mala” fortuna que dos pescadores lo vieron y lo llevaron al hospital en el que ingresó con traumatismo craneoencefálico.
Se curó. Salió del hospital un dÃa de lluvia. Estaba a diez metros de la puerta de su casa cuando lo mató un rayo.
La pregunta que me hago es la siguiente: ¿qué habrá pensado el rumano, que tuvo mala o buena suerte?
“Soy original y mi constitución genética podrÃa ser utilizada para investigaciones cientÃficas”, dijo Donna MacLean, camarera inglesa que ha solicitado una patente con el nombre de “Yo Misma”. “Han sido necesarios 31 años de duro trabajo para inventarme. Quiero protegerme de utilizaciones no autorizadas, ya sean genéticas o de otro tipo”.
Mire que uno conoce gente soberbia y ególatra, pero llegar a patentarse como “único”… eso sà que no tenÃa visto.
Mary Gale fue a un cirujano plástico para que le remodelaran las nalgas. Tras despertar de la operación comprobó que le habÃan implantado en su trasero un par de prótesis mamarias.
Pidió una indemnización de 30.000 dólares. “Después de todo no es tan malo”, dicen que declaró su novio, “ahora tengo una novia reversible”. *
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