Libreta de apuntes
– Por si acaso los periodistas extranjeros no hubieran notado la uruguayísima impronta que tuvo el 1º de marzo, le metimos el carrito cargado de botellas y banderas del Frente que «desfiló» en la parada militar.
– Algunos se enojaron con García Pintos porque no aplaudió el discurso de Tabaré en la Asamblea General y tampoco lo saludó. Creo que fue el único sincero.
Las caras de los ex presidentes, Julio María y el Cuqui, eran más falsas que las de los actores de los teleteatros.
Hasta acomodaban los gestos cuando de reojo veían que la cámara los estaba enfocando.
Hablando de gestos, el que estaba desacatado era el ex vicepresidente intergaláctico Gonzalo Aguirre. Vaya saber lo que estaba pasando por dentro de esa cabecita.
– Resultaba un tanto patético ver los esfuerzos de algunos blancos y colorados por restarle importancia a este cambio de mando y tratar de asimilarlo a cualquiera de los anteriores.
Cientos de miles de personas en todo el país, adueñándose de plazas y calles, agitando banderas y alegría los dejaban en ridículo.
– Alguien en el colmo de la euforia comentó : «Â¡Qué lo parió con Tabaré! No había empezado a gobernar y ya nos trajo un Oscar».
– Bien por Jorge Drexler. Súper bien.
Y a la uruguaya, de querusa y modestamente. Se las cantó y con un «chau» se llevó el preciado pelao dorado.
En la propia cuna de la frivolización globalizada, en el mismísimo ombligo de la industrialización del arte como si fuera una hamburguesa, en el centro mismo del «hay que hacerlo así porque así se vende», Jorge Drexler les ganó el Oscar a hollywoodenses compositores con una canción hecha desde las ganas y el corazón, sin pensar en premio alguno. Y ese es su mayor triunfo, un triunfo de él y de una concepción del arte y la creación.
Festejemos, uruguayos, festejemos, pero no olvidemos que Jorge llegó allí porque su carrera la realizó fuera de nuestro país, si no seguiría aquí tratando de sobrevivir con sus canciones.
Esperemos que esto también cambie en los próximos años. *
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